El grito: muertos (y vivos) de tercera... y de cuarta (2)
Leo hoy en el
editorial del diario
"La verdad" lo siguiente:
El azote de las fuerzas de la naturaleza se ha abatido simultáneamente sobre dos regiones del planeta [...] Hace escasas semanas, la tragedia causada por el huracán Katrina en varios Estados del Deep South norteamericano, y especialmente en la legendaria ciudad de Nueva Orleáns, atrajo poderosamente la atención de los medios de todo el mundo, que retransmitieron casi en directo la catástrofe, que apenas provocó sin embargo unos pocos centenares de víctimas. [...] Contrasta, una vez más, la intensidad mediática que mereció el desastre natural en el Primer Mundo, la atención que suscitó, el movimiento solidario que generó, con el tratamiento que reciben esas otras tragedias remotas, que parecen formar parte del paisaje exótico del Tercer Mundo, y que, aunque también merecen respuestas generosas de los países más desarrollados, con frecuencia se olvidan absolutamente antes de que se hayan materializado incluso las ayudas prometidas.
Pues sí, hay noticias y noticias. Y son los medios los que determinan el interés de la sociedad. Y es la sociedad la que determina el foco de los medios.
Y todo esto (de lo que he hablado
otras veces) me lleva a reflexionar acerca de todas las noticias aparecidas estos días en relación con la inmigración.
Problema que existe todos los días, y por el que no nos preocupamos, hasta que no aparece lo suficientemente focalizado (unos pocos kilómetros de frontera) para permitir tener cámaras allí de forma permanente. Y no sólo eso, sino que las imágenes que nos ofrecen son suficientemente
"espectaculares" para abrir telediarios y ser portada de la prensa.
La reacción de sociedad, medios y políticos es inmediata: hay que tomar medidas, aumentar las vallas, reclamar la actuación del vecino. Lo que sea, con tal de que el problema no pase de nuestra frontera. Ya hemos tenido nuestra dosis de noticias, no queremos más, ocultemos el problema tras un muro de espino.
Pues bien, parece que, momentaneamente, eso ya ha pasado en parte: el problema ahora está ahora al otro lado de la verja. Pero, vaya, ahora también hay allí cámaras, y tampoco nos gusta lo que vemos. De nuevo hay que reaccionar: exijimos un trato humanitario, queremos observadores internacionales.
Vaya, parece que algo se consigue: las siguientes imágenes son subsaharianos en aviones en dirección a sus paises de origen. Esta ya nos gusta más, ¡al fin la civilización!.
Pero, ¿y ahora? las imágenes ya se han alejado de nuestras pantallas... ¿O se trasladarán los reporteros y cámaras a recorrer África y a narrarnos la pobreza y hambruna perpetua y global? Me temo que no, la noticia acabó. Eso ya no nos afecta, queda demasiado lejos. Además, no es tan noticiable, no es lo mismo la imagen del caso individual del inmigrante frustrado, esposado, mirando atemorizado a través de la ventanilla de una autobús, que una masa indeferenciada de individuos condenados, algo tan abstracto como un continente completo.
Nota 1: antes de que alguien lo diga, lo hago yo, sí puede que todo lo anterior sea excesivamente demagógico, fácil de decir.
Nota 2: lean a Kapuscinksi.