The smartest cartoonist on Earth

Primera visita a una librería especializada en
comics después del
saló y, pese a los varios cientos de novedades publicadas (muchas de ellas más que apetecibles), la compra que se encuentra en la bolsa con la que salgo de allí no es un comic, sino un libro teórico (bueno, más bien un librito, de los de la colección
Sinpalabras):
"Chris Ware (La secuencia circular)" de Ana Merino.
No es lo más normal está elección, esta meta-lectura, pero el poder de atracción de Chris Ware es grande, aunque no sea mediante una obra suya sino mediante un estudio sobre la misma. Además, aquí el pequeño formato de los libros de
sins entido encaja perfectamente con el exquisito y casi enfermizo diseño del autor afincado en Chicago, y hace aumentar el atractivo.
Y sí, he disfrutado muchísimo la lectura del libro de Ana Merino. Parte, no cabe duda, lo puedo atribuir al simple hecho de leer sobre Ware, y más cuando la autora lo conoce personalmente, pero tampoco puedo obviar que me ha gustado mucho el libro en sí, por la selección de lo contado, por la forma de hacerlo.
La obra de Chris Ware está llena de instantes múltiples que crecen en cada viñeta. La viñeta es como la llave que abría mil puertas en los versos del poeta chileno Vicente Huidobro. Sin saberlo, Ware sigue las pautas creativas del Arte Poética de Huidobro que en 1916 nos recordaba que todo poeta era un pequeño dios. Ware crea todo lo que ven sus ojos y los lectores que descubren sus viñetas quedan con el alma temblando. Al igual que Huidobro sugería, Ware inventa mundos nuevos y cuida sus palabras, que son trazos de lápiz y de tinta, que son letras diminutas, líneas paralelas o pequeños círculos. El adjetivo que a veces mata en un verso, también puede quebrar una línea, una viñeta, deshacer el ritmo de la página.
He visto florecer la tristeza en las viñetas de Chris como si fuese la rosa que debería florecerle a los poetas. Ware se hermana con los poetas y se convierte en el dios de todos los instantes que habitan en su mesa de dibujo, y desde ese abismo, se compromete a hacer florecer todo lo que anida en su cabeza.
Nota: El título de este mensaje es el título de una de los artículos citados en la bibliografía, de Daniel K. Raeburn (que, por cierto, tiene también publicado un
libro sobre C. Ware).