À la recherche du Kalo perdu

Archivado en Comics | Enlace permanente | 08.05.05 / 22:17:31


La biografía de Seth que aparece en la página de la editorial que le publica, Drawn and Quaterly, comienza con una frase suya con la que ya deja mucho dicho: "I’m known as that nostalgia guy".

Y su obra "La vida es buena si no te rindes" es clara muestra de ello: una nostalgia por una época no vivida, los años 50, de la que el autor echa de menos una mayor sencillez, aunque en el fondo sabe que sólo es una estética lo que añora, y que probablemente las cosas no sería más fáciles.
Me cito a mí mismo, que escribía hace unos años esto:
Seth, de caracter meláncolico y reservado, no se encuentra cómodo en la ajetreada vida de finales de siglo XX. Es de los que opina que cualquier tiempo pasado fue mejor; en particular, es un enamorado de la estética gráfica de mediados de siglo. Esto le lleva a buscar ejemplares antiguos de revistas de dicha época, tales como el New Yorker, donde descubre el trabajo del poco prolífico Kalo.
A partir de dicho momento, comienza a obsesionarse con dicho autor, tratando de encontrar todo su trabajo e incluso viaja a la ciudad donde éste vivió. Esta búsqueda se entrelaza con la vida normal de Seth, sus reflexiones personales, sus relaciones con familia, amigos e incluso su gato, sus relaciones amorosas, etc...

Una obra que he releído este fin de semana, por fin en la edición de "sins entido", disfrutando del bitono (después de cerrado el tomo, se me ha ocurrido rebuscar los cuardenillos en blanco y negro de la primera edición en España y casi me producen sonrojo) y de la nueva traducción (aunque, aquí, no tengo criterio para compararla con la anterior). Pero me ha producido tanto placer estético como la primera vez (tal vez más, por la lectura continuada y la mejor edición), terminando irremisiblemente por acompañar al Seth narrador en esa amargura vital que recorre toda la obra, pero que no permite esconder una cierta alegría de estar vivo, una búsqueda de ese momento de emoción, difícil, sí, pero que vale la pena...

Y, a pesar de la broma del título, son, evidentemente, muy distintos Proust y Seth. La memoria, la nostalgia, la voz del narrador, la reconstrucción del presente a través del pasado, son comunes, pero frente a la verborrea incontenible del primero (dicho esto sin ningún ánimo negativo), el segundo nos guía a traves de silencio, de viñetas mudas mostrando edificios, de paseos por la nieve o de ligeros monólogos interiores.