El grito: muertos (y vivos) de tercera... y de cuarta

Este mensaje (que espero que se me entienda; voy a andarme con pies de plomo, dado lo delicado del tema; quiero evitar el dar a entender ideas distintas a las que me propongo expresar) surge de una conversación mantenida hace unos días y continuada, ya por correo electrónico, ante la lectura de varias noticias/artículos en prensa.
El primero es
"Muertos de tercera" de Eduardo Haro Tecglen, que me permito, dada su reducida extensión, copiar entero aquí:
En esta profesión mía se cuenta una anécdota: un periódico de ricos tituló un grave accidente de ferrocarril con la frase: “Afortunadamente, todos los muertos eran de tercera”. La recuerdo todos los días a medida que aumentan las cifras de la desgracia del golfo de Bengala: los muertos de ínfima clase no lo son por casualidad, sino porque sus chozas son inverosímilmente frágiles y no existen defensas contra la naturaleza.
Cuando los tifones y los maremotos atacan las costas de Estados Unidos o de Japón, la desgracia tiene un límite mucho mayor, porque hay una parte de previsión. Puede que las epidemias subsiguientes sean más mortíferas en seres con escasa resistencia física, con mala alimentación y ninguna medicina. Los muertos son de tercera, o de ínfima clase, y eso es un hecho normal de la organización de la sociedad del mundo.
El siglo XX ha sido el del último esfuerzo para la igualdad; y fue derrotado, incluso por su misma corrupción. Pero conviene saber que esto pasa así, y no por casualidad, sino como fruto del orden económico global.
La puntilla venía con la noticia
"La ONU quiere que antes de 2006 funcione en el sureste asiático una red de alerta de maremotos", donde se puede leer la siguiente "perla":
El ministro de Asuntos Exteriores tailandés, Surakiart Sathirathai, ha dicho que una red de alerta de este tipo podría ayudar a que los turistas "vuelvan a visitar sus playas", porque "les devolvería la confianza".
"Perla" que se ve ilustrada con las fotografías que han aparecido estos dos últimos días en los periódicos españoles: turistas volviendo a las playas al tiempo que continua la recogida de cadáveres.
Claro, leído esto lo más fácil sería rasgarse las vestiduras y decir que cómo es posible que la red de alerta se cree con vistas a aumentar la sensación de seguridad de los turistas y no con el objeto de aumentar la seguridad real de los ciudadanos nacionales de estos países. Efectivamente, son muertos de tercera.
Pero, y aquí empieza mi reflexión (ufff..., cuanta introducción para poner en antecedentes), el rasgarnos las vestiduras y poner el grito en el cielo aquí no deja de tener algo de cinismo. Vuelvo a mi vieja idea ya desarrollada en
"Ojos que no ven, corazón que no siente". No es que en estos países los muertos sean de tercera y parezca despreciable decir que se va a construir un sistema de detección para aumentar la sensación de seguridad de los turistas, es que han sido, son y serán (al menos durante un tiempo no pequeño),
"vivos de tercera". Allí había grandes complejos turísticos, donde los visitantes serían bien alimentados y servidos con toda clase de lujos, y a pocos metros (eso sí, bien oculta y fuera de los circuitos de los veraneantes, no fueran a estropearles con su visión los días de asueto) estaría la realidad de estos países, pobreza y hambre. Parece un poco cínico, sólo ahora, ante la catástrofe, comparar entre vivos y muertos de primera y de tercera: las comparaciones sangrantes se podrían haber realizado antes, e igualmente se podrían realizar ahora, entre los turistas en Cuba y los cubanos, los trabajadores de las fábricas textiles y de calzado en países asiáticos, produciendo productos que se venden a precio de oro, al tiempo que se les retribuye a precio irrisorio, la opulencia el rally Dakar y las condiciones de vida en los territorios por los que pasa.
Y tampoco deberíamos sólo centrarnos en estos casos en que el lujo se toca espalda con espalda con la pobreza, la distancia no nos exime de nada. Basta comparar nuestra situación, tan ricamente, poniendo mensajes en nuestras bitácoras con la mayoría de la población global.
Los ordenes y la (falta de) equidad se dan tanto en los vivos como en los muertos, y no creo que las desgracias de estos días nos descubran nada, sólo nos quitan la venda (pero eso sí, sólo por unos días, que no nos apetece seguir con estas noticias muchos días). Son, como dice Eduardo Haro, consecuencias de la organización socio-geo-política, y son continuas en el tiempo y el espacio: así que no nos sorprendamos y hagamos uso del titular fácil.
Y, volviendo al tema del maremoto asiático, (a partir de aquí, hasta la interrogación, leáse con cierto tonillo enfático y grandilocuente, con un punto de ironía) que orgullosos nos sentimos todos, qué bien han respondido los países ricos (lástima que, sobre el terreno, no haya forma de distribuir la ayuda), pero, ¿por qué ahora sí y en otros casos no? ¿por la espectacularidad del tema? ¿por una simple cuestión cuantitativa? ¿por la presencia de millares de turistas occidentales? ¿por la presión de los medios? Y en los casos en que no ocurre nada de esto... a ver si estos son
"muertos de tercera", pero existen
"muertos de cuarta" (y de quinta...)
En una carta que está distribuyendo estos días
"Médicos sin fronteras" (aparentemente redactada antes del
tsunami, pero muy adecuada a las circunstancias) se puede leer:
Los diccionarios dicen que "olvido" es sinónimo de "descuido" o "distracción". Seguro que a tí, como a mí, "olvido" te parece una palabra demasiado suave para definir la actitud de la comunidad internacional y los medios de comunicación frente a ciertas enfermedades y conflictos.
Deja que me explique: si pides a alguno de tus familiares o amigos que nombre a tres países en guerra, no es probable que recuerde a Somalia; y difícilmente habrá oído hablar de la enfermedad de Chagas, a pesar de que está muriendo casi un tercio de los infectados [...]
No se trata de simples descuidos o distracciones. Estamos ante algo muchísimo más grave: las enfermedades y conflictos olvidados causan 15 millones de muertes al año.
¿Y estos? ¿Dónde están los medios? ¿Dónde las ayudas gubernamentales y las conferencias de donantes? ¿Dónde la solidaridad de los ciudadanos? Países en los que la palabra "catástrofe" no depende de un evento geológico sino que es continua. Tal vez estos son tan pobres que ni se tienen en cuenta; tal vez si tuvieran algo, playas, petroleo... Pues eso, "muertos de cuarta"...
Nota 1: cuando decidí ilustrar este mensaje se me vino a la cabeza inmediatamente usar
"El grito" de Edvard Munch. Tan adecuado lo he visto, que he incluso lo he incorporado al título.
Nota 2: en relación a la libertad de copiar completa, no citar, la columna (radiofónica, en este caso) de Eduardo Haro, él mismo hace unos días reflexionaba sobre esto en
"Los alegales", del que incluyo (esta vez sí) un fragmento,
Mientras tanto va proliferando lo alegal. En Internet se reproducen artículos, comentarios, titulares de los diarios sin pago y sin autorización [...] Por una parte, me gustaría ser alegal. Ajeno a la Administración del Estado. Algo de eso tengo ya: estoy tolerado, que es una parte sustancial de lo alegal: vivo en unos márgenes, trabajo en ellos. Pero tengo miedo.