Ukiyo-e
Sólo vivimos para el instante en que admiramos el esplendor del claro de luna, la nieve, la flor del cerezo y las hojas multicolores del arce. Gozamos de día excitados por el vino, sin que nos desilusione la probreza mirándonos fijamente a los ojos. Nos dejamos llevar -como una calabaza arrastrada por la corriente del río- sin perder el ánimo ni por un instante. Esto es lo que se llama el mundo que fluye, el mundo pasajero.

Estas palabras, de Asai Ryoi (
"Narraciones sobre el mundo efímero de las diversiones"), me sirven de punto de entrada para hablar de los
"ukiyo-e", cuya traducción sería "estampas del mundo que fluye", los grabados japoneses realizados entre los siglos XVII a XIX.
La sociedad japonesa de la época, su cultura, el teatro
kabuki y los "barrios del placer" tuvieron en las técnicas xilográficas que se fueron desarrollando en este periodo un vehículo ideal para conseguir una difusión lo más amplia posible del trabajo de unos artistas que supieron combinar las tradiciones milenarias con la burguesía emergente, que reivindicaba su estilo de vida y de divertirse.
Pequeñas obras de arte, capaces de sugerir mucho con apenas una líneas cinceladas en un trozo de madera y luego transferidas al papel, y que yo he podido disfrutar gracias al libro
Grabados Japoneses (Ed. Taschen) que recopila parte de los fondos del museo
Riccar Art Museum en Tokyo, donde se encuentra la mayor colección de
ukiyo-e.

[Ilustraciones:
"Tres bellezas famososas" de Kitagawa Utamaro,
"Hinagata wakana no hatsumoyo: Shirayu" de Isoda Koryusai y
"53 estaciones del Tokaido: Nevada nocturna en Kambara" de Utagawa Hiroshige]