La semana del Saló

Aprovechando que entramos en la semana del
22º Saló Internacional del Còmic de Barcelona, el más importante evento nacional relacionado con las viñetas, voy a hacer unas pequeñas reflexiones sobre el
comic en España. Estas no dejan de ser una serie de pensamientos inconexos, que pueden ser escritos y después leídos por obra y gracia de tener un
blog, impresiones y opiniones personales, basadas en mis creencias y no en datos medibles. Vamos, que no intento sentar cátedra ni crear polémica.
En cuanto a las obras publicadas en España, creo que hemos llegado a un punto óptimo dada la posición socio-cultural del comic en nuestro país. Se publica bastante, de todos los géneros, estilos y procedencias. Naturalmente, a todos nos gustaría ser como Francia o que se públicara tal obra o a tal autor, pero dado lo que es el mercado/industria en España, creo que podemos estar más que satisfechos de las novedades que aparecen a lo largo del año (de hecho, incluso pienso que dado el mercado existente, se publican de más).
Eso sí, lo anterior tiene tres peros: uno, la debilidad de la producción nacional, siendo invadidos por obras de otros países; dos, la mayoría de las editoriales se basan más en el esfuerzo y empeño de sus responsables (de admirar, eso sí) que en una estructura financiera, personal y de medios técnicos que la sustente; y tres, los elevados precios de la mayoría de las obras (pero eso es consecuencia de lo escaso de las tiradas y del tamaño de las editoriales; por contra, la calidad de las ediciones suele ser bastante elevada).
¿La calidad artística de los comics publicados? Creo que, al menos en foros y bitácoras, hay una tendencia excesiva a encumbrar determinadas obras (a mí mismo se me escapan demasiados elogios cuando reseño algo que me gusta). Pero pocas, muy pocas obras, creo que tienen un nivel excelente. Eso sí, también es verdad que se publican una cantidad aceptable de las que se podría calificar como buenas (o, al menos, esa es mi impresión; aunque puede ser que esté distorsionada por lo mucho que selecciono actualmente mis compras, lo que me lleva a aciertos casí seguros).
Además, mantengo la esperanza de que dada la juventud del medio y su connotación social como medio menor, orientado al público infantil/juvenil, este no haya alcanzado ni de lejos los niveles artísticos/expresivos que puede llegar a ofrecer: aún estamos por ver la "gran obra", aquella que se convierta en referente, como pueden serlo, salvando las distancias, el Ciudadano Kane o el Quijote...
Y, por último, me preocupa la constatación de que se están reproduciendo en el pequeño ámbito del comic algunos de los males del sector editorial generalista: una carrera de las editoriales por ver quién saca más novedades al mercado cada mes, intentando copar la mesa de novedades de las librerías, y un altísimo grado de rotación, dejando en un segundo plano el fondo (por no citar la casi inexistencia de ediciones de "clásicos" [otra tema sería determinar qué significa esto y a qué obras se le puede poner tal etiqueta, dada la juventud del medio]). Claro que, aquí, parte de la culpa la tiene el comportamiento de parte de los aficionados, que incluye un grado importante de "coleccionismo" que le lleva a adaptar sus compras más al flujo de lanzamientos que a sus intereses y gustos.