Últimas lecturas
Hace ya varias semanas que no ponía aquí las reseñas de los libros leídos, por lo que tengo acumulados varios: una pequeña decepción, una novelita deliciosa y un clásico impresionante.
Beatus ille de
Muñoz Molina, ha sido la decepción. En mi tarea de recuperar sus primeros libros, y tras el magnífico sabor de boca de
El jinete polaco, he vuelto a viajar literariamente a Mágina mediante la segunda novela del autor de Úbeda.
Pero no ha terminado de gustarme, o al menos no tanto como esperaba; no se si debido a que la leí en condiciones poco favorables (distribuida en varios viajes en tren, cuando yo necesito mucha concentración para leer) o a que su prosa no estaba aún lo suficientemente pulida, siendo enrevesada de más sin motivo aparente, pero el caso es que no llegué a conectar. No por ello deja de tener sus cosas buenas: el original plateamiento por el cual desde la primera página el lector se está preguntando quién es el narrador y un final más que interesante y, al menos en mi caso, inesperado que te hacen cerrar la novela con una buena sensación.
La novelita deliciosa, según la clasificación del principio de este mensaje, es
El hombre que fue jueves de
G. K. Chesterton.
Comprada por casualidad (acompañaba a
El País en una de sus promociones; la quiosquera me la ofreció y pese a decir que no en un primer momento, luego lo repensé y me dije que por 1 euro siempre merecería la pena; y ha estado esperando varios meses hasta que le ha tocado su turno), es un relato de muy rápida lectura y que se disfruta con enorme intensidad desde el principio al final.
Una alocada historia de conspiraciones anarquistas, poetas y policías ambientada en el Londres de principios de siglo XX, que lo mismo te hace reir a mandíbula batiente, que te hace reflexionar acerca de la identidad, realidad y apariencia, bien y mal, religión y moral, pero siempre con la sonrisa en la boca.
Por cierto, la novela se encuentra disponible integramente para lectura
on-line, en inglés,
aquí.
Y el clásico es
Moby Dick de
Herman Melville. De nuevo aquí debo entonar un
mea culpa, pues hasta ahora había dejado pasar esta imprescindible obra, tal vez bajo el prejuicio de novela de aventuras, como género menor, juvenil, de evasión y tal vez bajo una imagen equivocada de un libro un tanto antiguo y rancio.
Sin embargo, una vez leída, no puedo por menos que darme cuenta de mi error y calificarla como una de las mejores novelas que han pasado por mis manos, de lectura inexcusable.
Una fantástica narración, plena de ritmo, amena de la primera a la última página (y son muchas), fantásticamente escrita y mejor esctructurada, alternando capítulos descriptivos, reflexivos y de acción. Y siempre, de fondo, la presencia intuida, amenzante e inquietante de la gigantesca ballena blanca (que no aparecerá hasta las últimas páginas), el alma torturada de Ahab y la certeza de que el destino los llevará a encontrarse, de forma trágica pero ineludible.