Autoría
Se trata de la que tal vez es la cuestión de fondo más relevante de toda la modernidad: ¿quién soy yo para escribir? ¿Y quiénes son lo otros para leerme?
Por una vez, y sin que sirva de precedente, no voy a indicar la procedencia de la cita. Para separarla del autor real de la misma, y apropiarme de ella, hacerla más mía.
Pero ese "mía", ¿a quién se refiere? ¿es el
narrador de este
blog el propio
autor, o es un
personaje creado por él, una
máscara, una
impostura, una
construcción con rasgos y personalidad propia, que no tienen por qué identificarse, aunque compartan características reales junto con otras ficticias?
Y, en caso de ser una semi-ficción, un personaje, un ser independiente del autor, ¿habrá el periodo vacacional, con sus inactividades y sus momentos contemplativos, alejado el carácter del personaje del carácter del autor, dificultando la identificación y la empatía, dando como resultado un largo plazo sin escritura?
Nota: ya de paso, si alguien se anima, os reto a que localiceis la procedencia de la frase (los comentarios están abiertos).
Oda al trabajo
[...] Ya se ha aludido más arriba a la tan grandilocuente como sospechosa apología del trabajo, al género literario "Oda al trabajo", indecente tachunda que, especialmente a partir de la llamada "Revolución industrial" del siglo XIX, han acabado por entonar a voz en cuello y a tres voces, pero sinérgicamente concertadas, liberales, marxistas y cristianos. A las que, dicho sea de paso, no podía dejar de sumarse el sumo pedagogo de la infancia y máximo corruptor de menores, por boca de sus repugnantes, subhumanos y obscenos enanitos, cantada con la sana y auténtica alegría del trabajador honrado y diligente, con sus picos y palas al hombro, camino de la mina, que, para mayor ejemplaridad, premio y escarnio, no era, ciertamente de carbón, sino de piedras preciosas, en aquella tan celebrada superproducción de dibujos animados "Blancanieves y los siete enanitos". Esta versión disneyana, expresamente dirigida a los niños, no hace sino completar y confirmar la naturaleza de las apologías del trabajo como expresión e instrumento pedagógico e ideológico, común a las tres doctrinas, para glorificar, bañándolo en la almibarada moralina, el carácter opresor y represor del principio de Producción que denuncia Baudrillard.
Nuevamente, un desatado Rafael Sánchez Ferlosio en
"Non olet".
Nota: aunque aquí copie únicamente los párrafos más
"sonoros", aquellos que se prestan al juego de la selección sin contexto, es un libro más que interesante (y posiblemente, aunque eso ya dependerá de opiniones, lúcido).
Mil grullas (o tal vez, sólo una en la taza de té)

Leo (de forma absorbente, casi sin parar)
"Mil grullas" de Yasunari Kawabata. Termino fascinado; eso sí, con la duda de si la fascinación proviene del libro en sí o de la descripción de la cultura japonesa, en especial la ceremonia del té, que articula toda la novela.
Dice Amalia Sato en la introducción del libro:
La trama de "Mil grullas" (Sembazuru) gira alrededor de uno de los ritos consagrados de la cultura japonesa, la ceremonia del té, encuentro que desde el siglo XIII pacificaba a los guerreros. Para imaginar las escenas con los objetos apropiados se justificaría la consulta de una enciclopedia de arte: las grullas del pañuelo son un auspicioso símbolo de longevidad; los tazones ceremoniales de cerámicas renombradas: el Oribe oscuro con toques de blanco y diseño de helechos de la primera ceremonia; la jarra Shino de esmalte blanco y tenue rojo para la ofrenda floral fúnebre; el par de Raku, negro y rojo, tazones marido-esposa; el terrible Shino cilíndrico con la huella imborrable de un lápiz de labios, que será lanzado en una suerte de exorcismo pero cuyos pedazos habrá que enterrar con respeto; el Karatsu verduzco con toques de azafrán y carmesí, de asimétrica factura coreana que conformará con el anterior otra bella pareja de objetos-fantasma. Las acuarelas de Sotatsu y las caligrafías del poeta Muneyuki que decoran el altar estético. Es el refinado mundo de la ciudad de Kamakura, son los entornos del templo zen Engakuji.
[...] Al recibir en 1968 el Premio Nobel, para el que mucho colaboraron las espléndidas traducciones al inglés de Edward Seidensticker, Kawabata incocó el bello Japón, el Japón estético que desde el siglo XIX intriga a Occidente. Un Japón tradicional, "que se ha ido", pero que él encontraba en espacios naturales alejados de lo urbano o en los lugares donde se cumplían los viejos ritos: "el otro mundo", ajeno a la cotidianidad, donde hay una regresión a lo maternal al dejarse dorminar el hombre por el sentimiento de amae (sacar provecho de la benignidad de otro, mostrarse como un niño consentido). Aquí, la casita del jardín, donde se practica la ceremonia del té, espacio reservado donde los tazones se cargan de una emotividad que desafía el tiempo y en el cual el rito convoca a un eros que se vierte en cada gesto, contaminando a sucesivas generaciones de amantes [...]
Amor, sexo, manipulación, muerte y celos no faltan en la trama. Sin embargo todo se presenta al lector (o al menos, a mí) de forma suave, natural, no violenta, fluye como el té, hasta caer a su recipiente final, esos tazones con nombre, heredados de padres a hijos, regalados de amante a amante, que terminan identificando a cada uno de los personajes.
Ese fluir de la narración, esa finalidad estética, me recuerdan a este fragmento de Asai Ryoi que utilicé en mi primera
entrada dedicada al
ukiyo-e:
Sólo vivimos para el instante en que admiramos el esplendor del claro de luna, la nieve, la flor del cerezo y las hojas multicolores del arce. Gozamos de día excitados por el vino, sin que nos desilusione la probreza mirándonos fijamente a los ojos. Nos dejamos llevar -como una calabaza arrastrada por la corriente del río- sin perder el ánimo ni por un instante. Esto es lo que se llama el mundo que fluye, el mundo pasajero.
Y, cuando ya estoy acabando la lectura, descubro que este libro ha estado desde siempre a mi alcance, en casa de mis padres, en una edición de Circulo de Lectores de 1969, con el título de
"Una grulla en la taza de té" en la portada.
Pero no sólo cambia la traducción del título, sino que el texto castellano de ambas versiones es muy diferente. Por poner un ejemplo, copiaré el comienzo de ambas versiones.
La traducción de María Martoccia para Emecé editores comienza así:
Aun cuando había alcanzado a llegar a Kamakura y al templo Engakuji, Kikuji no sabía si acudiría a la ceremonía del té. Ya llegaba tarde.
Siempre que Kurimoto Chikako oficiaba la cermonia del té en la morada interior del Engakuji, él recibía una nota. Sin embargo, no había asistido ni siquiera una vez desde la muerte de su padre. Consideraba las notas tan sólo como gestos formales en memoria de su padre.
Esta vez había una posdata: ella quería que él conociera a una joven a quien estaba dándole clases para la ceremonia del té.
Y la versión de Luis Salvador para Circulo comienza:
Kikuji había entrado ya en el recinto del templo Engakuji, en Kamakura, pero estaba aún indeciso. ¿Asistiría o no a esa reunión del té a la que había sido invitado? Y, por otra parte, ¿no iba a llegar demasiado tarde?
La señorita Kurimoto Chikako, profesora en el arte del té, no olvidaba nunca invitarle cada vez que organizaba una de sus reuniones en un pabellón del jardín del templo; pero Kikuji jamás había asistido a ellas desde la muerte de su padre, por condierar que tales invitaciones respondían solamente a un rasgo de cortesía en atención a su difunto padre. Así, pues, no les concedía la menor importancia.
Pero en la actual invitación la anfitriona había insistido con mucho interés, añadiendo en ella algunas líneas escritas de su propia mano, diciéndole que tenía sumo empeño en presentarle a una de sus jóvenes alumnas.
Publicitarios
Los únicos a los que aún cabría atribuir notables dotes de listeza parece que serían precisamente los publicitarios, siquiera haya de ser a costa de haberse degradado hasta el extremo más abyecto de envilecimiento, degeneración y corrupción intelectual. Y ellos son el conducto principal y el paradigma del inmenso poder de influencia que ha llegado a tener la Economía sobre la cultura y sobre las propias formas de la vida. Todos los anuncios, amén de la mera existencia de la publicidad, son un agravio al hombre y cualquier vida plausiblemente humana, pero ningunos llegan a ser tan ultrajantes como los específicamente dirigidos al consumo de las mujeres, por no hablar ya del grado literalmente perverso y canallesco de los que se dirigen a los niños; ni la meliflua bruja de "Hänsel y Gretel", con su casita de bizcocho y caramelo, supo llegar a tanto.
Rafael Sánchez Ferlosio, sin pelos en la lengua, explayándose y generalizando en
"Non olet".
Dos añitos
uno
Hoy hace dos años que comencé con la bitácora.
Mi idea era que hubiera coincidido la fecha con la escritura el mensaje número 365, lo que dejaría una media de una entrada cada dos días, pero todos estos últimos días sin escribir nada lo han impedido: este hace el número 361.
No tiene mayor importancia el aniversario; de hecho, acabo de comprobar que en 2.004 no escribí en esta fecha, no hubo ninguna referencia al primer año.
dos
Parte de la falta de escritura aquí puede venir dada, entre otras, porque ultimamente ando con la cabeza más centrada en la Wikipedia que en la bitácora. Además de la entrada dedicada a
Enki Bilal (que ya cité), en los últimos días he ampliado la ya existente dedicada a
Javier Marías y he escrito la de
Jorge Semprún.
Tengo otras, también biografías, en espera. Ya las comentaré en todo caso.
tres
El día de la
inaguración de la bitácora, allá por 2.003, dediqué un par de mensajes a mi lista de compras veraniega en libros y tebeos. A falta de otra cosa mejor que contar, voy a repetir esto (no sé si lo convertiré en tradición); tal vez a alguién le interese.
No todo son compras, algunos son préstamos bibliotecarios, pero lo pondré todo en la misma lista, al igual que los tebeos y los libros, que los ensayos y las novelas, que las lecturas y las relecturas. Lo podemos dejar en "lecturas veraniegas":
- "Billie Holliday" de José Muñoz y Carlos Sampayo.
- "Los cínicos no sirven para este oficio" de Ryszard Kapuscinksi.
- "Contacto" de Carl Sagan.
- "La escritura o la vida" de Jorge Semprún.
- "Isaac el pirata (III)" de Christophe Blain.
- "Non olet" de Rafael Sánchez Ferlosio.
- "Mil grullas" de Yasunario Kawabata.
- "Modotti. Una mujer del siglo veinte (II)" de Ángel de la Calle.
- "El proceso" de Kafka.
- "La rebelión de Hop-frog" de David B. y Christophe Blain.
cuatro
Por cierto, y aunque en principio no tenga nada que ver, ayer me regalaron (gracias de nuevo,
P. y
J.) un cartel de Wieslaw Walkuski, del que escribí una
entrada hace unos días.
Yo simplemente, a través de la bitácora, sólo os puedo regalar, a vosotros lectores, por aguantarme durante dos años, con una imagen del mismo: