Caligrafía

Archivado en Libros | Enlace permanente | 19.02.05 / 00:17:39


En una vieja calle del pueblo, delante de un pequeño bazar, ha instalado los dos tableros de su puesto de caligrafía. Cuelgan de ellos unas sentencias paralelas de la buena fortuna trazadas sobre un papel de parafina rojo. "Dragones y fénix conducen a la felicidad, un casamiento llama a la puerta", "Encontrar la felicidad fuera, recoger el dinero del suelo", "Un comercio floreciente en los cuatro mares, una riqueza próspera en los tres ríos" [...] No sé si es él quien las ha compuesto o las ha heredado de sus antepasados. Escribe en un estilo florido: el trazo de los caracteres está bastante logrado, se dirían poco menos que talismanes taoístas [...] Me acerco para entablar conversación.

- ¿Marcha el negocio?
- Marcha.
- ¿Cuánto cuesta un juego de dos sentencias?
- Los hay de dos o tres yuanes, eso depende del número de caracteres.
- ¿Y concretamente por el carácter "felicidad"?
- Un yuan.
- ¿Por un sólo carácter?
- Sí, pero se lo haré delante mismo de usted.
- ¿Y por un talismán que ahuyente catástrofes e infortunios?
- Eso no es fácil de escribir -dice alzando la cabeza hacia mí [...]

"La montaña del alma"
Gao Xingjian

Frente a esto, la tristeza por la constatación diaria de la perdida de las habilidades caligráficas propias. El boligrafo, pluma o lápiz es ya un instrumento extraño, que no encuentra su lugar entre los dedos, donde se agarrota y no sabe deslizarse sobre el papel con la soltura acostumbrada.
Parece que los dedos ya sólo saben curvarse sobre las teclas, con los pulgares un poco retrasados, acariciando el pad.
Los dedos como émbolos, realizando un trabajo mecánico, casi violento, percutiendo el teclado, una simplificación en dos estados (arriba/abajo) frente a los dedos con toda su libertad de movimientos, girando y desplazándose, en un baile con la pluma como pareja y el papel como pista...