Portadas (dos): J. A. Hampton

Archivado en Otros | Enlace permanente | 25.01.05 / 00:52:43


A la izquierda aparece la portada del libro del que hablaba ayer, "El maestro de Petersburgo" de J.M. Coetzee, en la edición de "DeBols!llo".

Es una fotografia de J.A. Hampton, del que no he podido encontrar ninguna reseña biográfica. Si he hallado, sin embargo, cerca de millar y medio de fotografías salidas de su cámara, que se pueden observar aquí. Tras un rápido vistazo a su obra podría aventurarme a proponer unas pinceladas vitales que, aun sin ninguna base factual y surgidas de mi imaginación, bien podrían ser ciertas: así no sería descabellado decir que el personaje en cuestión es británico, habiendo vivido gran parte de su vida en Londres (motivo permanente en su obra), que nació a finales del siglo XIX (sus fotografías van desde 1.920 a 1.961), que fue reportero gráfico (el objetivo principal es informativo, no artístico) y estaba especializado en el área deportiva.
Es interesante el visionado cronológico de las imagenes: de pronto, en 1.939, aparece una falla, un cambio de objeto. De actividades lúdicas, deportivas y sociales, pasamos a soldados, armamentos y cráteres consecuencia de los bombardeos alemanes sobre las islas. En 1.945 se cierra este intervalo, borrado como si no hubiera ocurrido (aunque no se consigue, para eso están las fotografías, para perdurar y dar testimonio), y el tenis y el fútbol vuelven a ser centrales.

Pasando a la fotografía, cuyo título también ignoro, que sirve de portada al libro, dudo que se trate de San Petersburgo, apostaría a que es un parque londinense, nevado, sí, pero no ruso.
En cualquier caso, la nieve no es sino el escenario, lo importante es el personaje que se aleja y las huellas que van quedando, que dejan testimonio de este movimiento.
Pero, ¿el personaje se aleja de nosotros, el observador, el punto de referencia de la fotografía, o se acerca al parque, al interior del libro, al envés de la fotografía, a ese otro posible punto de referencia?
En un caso (ver sinopsis del libro en mensaje de ayer) podríamos identificar al personaje con Pavel Isaev, con la muerte alejándolo de nosotros, del mundo de los vivos; en el otro, con Dostoievski, en ese viaje introspectivo en el que trata de encontrar a su hijastro fallecido. O, quien sabe, si no ambos al mismo tiempo.
Aunque claro, también es posible que esto no sean sino divagaciones que se me permiten, y la elección de esta foto sea más peregrina: la persona encargada del diseño del volumen simplemente buscó la palabra "nieve" en un banco de imágenes y le apareció esta imagen entre otras, siendo finalmente la elegida.

Actualización (25 de enero): Gracias a un comentario al mensaje, descubro el título de la fotografía ("Snowy footsteps") y otra información sobre la misma.
Y gracias a un correo electrónico, algún dato biográfico real: "[...] Lt J. A. Hampton, 1908-1994, Official Naval and London Newspaper ('Fleet Street') Photographer pre and post war [...]".

El maestro de Petersburgo. Un mensaje en 3 actos

Archivado en Libros | Enlace permanente | 24.01.05 / 00:17:17


Acto I, planteamiento.
Sergei Nechaiev, revolucionario y terrorista, anarquista y nihilista, fue el responsable de la muerte en Moscú, en 1.869, a causa de sus diferencias ideológicas, de Ivanov, estudiante y compañero en la célula revolucionaria a la que ambos pertenecían.
Fiodor Dostoievski, impresionado por la noticia, escribiría años más tarde una novela, "Los demonios", basada en estos hechos. El escritor ruso había sido anteriormente condenado a muerte por el zar debido a su participación pacífica en círculos de discusión social y política, pena que fue conmutada por su deportación a Siberia, siendo finalmente liberado.
Estas peripecias le hicieron renegar de cualquier atisbo revolucionario e influyeron de forma evidente en su producción literaria donde la reflexión sobre el bien y el mal es un elemento central.

Acto II, nudo.
Tomando como base estos hechos, "El maestro de Petersburgo", de J.M. Coetzee, narra en clave de ficción la llegada del autor soviético a San Petersburgo, donde acaba de fallecer su hijastro adolescente, Pavel Isaev (alter ego de Ivanov).
La búsqueda del recuerdo del hijastro, principal motivación de su desplazamiento a la ciudad imperial, se convierte en un viaje interior, en parte autodestructuvo, con objeto de mantener viva en su alma la llama del espíritu de Pavel. La culpa, el sexo, la escritura, serán medios por los que trata de acercarse al hijo ausente, un acercamiento que no existió en vida.
En medio de este proceso introspectivo aparecen el descubrimiento de los círculos revolucionarios en que se movía su hijo, ampliamente despreciados por él, la responsabilidad de Nechaiev en su muerte, y los encuentros y discusiones con éste sobre la validez de los medios y los fines que pretende seguir/conseguir.
Este retrato psicológico de un Dostoievski en un momento de crisis vital no es una novela fácil, pero cuando se consigue entrar en ella (o, mejor dicho, en los meandros de la mente autotorturada del novelista ruso) produce una lectura de lo más satisfactoria, de lo mejor de los últimos meses.

Acto III, desenlace.
Dando por cerrada la parte del mensaje dedicada al libro del Nóbel surafricano, comentar que hay, como mínimo, otra novela en que el personaje de Nechaev tiene vital importancia y que leí hace, calculo, dos o tres años.
"Netchaiev ha vuelto" de Jorge Semprún (que, por cierto, publica hoy en EPS un largo artículo sobre los campos de exterminio) es una de sus obras más ficticias (en el sentido de que la mayoría son biográficas o, aun siendo de ficción, contienen muchos hechos basados en su biografía).
Aquí Netchaiev es el seudónimo de uno de los miembros de Vanguardia Proletaria, un grupo terrorista de extrema izquierda francés de los años sesenta del siglo pasado. El libro es un thriller, pero el intelectual hispano-francés no puede dejar escapar la ocasión de incluir múltiples reflexiones político/morales sobre los fanatismos, el terrorismo y la violencia, en las que aparece la figura e ideología del terrorista ruso que da nombre al personaje del libro.
Aunque la trama la tengo un poco olvidada (el recuerdo de los libros dura poco en mi mente, pero tiene la ventaja de que permite continuas relecturas sin perdida de interés), me pareció en su momento excelente, al tiempo que me sorprendió la lectura de algo que podríamos calificar de un thriller, acostumbrando como estaba a los relatos biográficos de Semprún, narrando su estancia en el campo de concentración de Buchenwald, su tiempo de clandestinidad en el PCE o su época de Ministro de Cultura en un gobierno de F. González.

Por último, cuando estaba a punto de proceder a la publicación de este mensaje, ojeando la novela, me encuentro estos párrafos:
A continuación Marroux se puso a hablar, mientras apagaba su primer cigarrillo del día.
- Hace un rato, le aconsejé a Silberberg que escribiese una novela antes que un ensayo sobre Netchaiev... ¡A él también le interesa el tema!
- ¡Ya era hora! -exclamó Sonsoles-. ¡Es sorprendente que Netchaiev todavía no haya inspirado a ningún novelista!
Marroux tuvo un sobresalto.
- ¿Cómo que no? ¿Y Dostoievski? ¿Olvida usted "Los demonios"?
En absoluto, Sonsoles no se olvidaba de Dostoievski. Su novela, por otra parte, era inolvidable. Su gravedad, su tensión interna, su pletórica vitalidad eran inolvidables. ¿Pero se había inspirado Dostoievski realmente en Netchaiev? Quiero decir, seguía Sonsoles, que lo anecdótico, sin duda, el asesinato de Ivanov, el proceso, el suceso, en resumen, eso sí debió de inspirarle. Inspirarle directamente. ¡Dostoievski reaccionó ante la actualidad con una vivacidad de la que al parecer carecen los novelistas de hoy en día! Pero en su novela introdujo, y es normal, el estigma de su genio como escritor, introdujo sus obsesiones, todo lo que provenía del otro proyecto que albergaba en esa época, del libro en el cual llevaba años trabajando, "La vida de un gran pecador"... Metió su propia ansiedad, su tendencia a la expiación, su preocupación metafísica frente al mal que devora las almas.

Novelas hablando de novelas, que hablan de hechos históricos, la imagen que me viene a la mente es la de unas muñecas rusas, imagen claramente adecuada por razones geográficas evidentes.

El Roto en Munich

Archivado en Comics | Enlace permanente | 18.01.05 / 20:04:20



- ¿Por qué colocas aquí una viñeta de "El Roto" hoy?
- Es que he oido en la radio que hay una exposición suya en Munich estos días.
- Ya, pero no creo que tengas lectores en Munich, para los que esa información pueda ser de utilidad.
- Cierto, yo tampoco lo creo; aunque nunca se sabe.
- ¿Entonces?
- Pues realmente, sólo es una excusa para colocar aquí una viñeta suya.
- Visto desde ese punto de vista, una razón tan buena como cualquier otra.

Nota: Debate con Andrés Rabago ("El Roto") hoy en el Instituto Cervantes de Munich y exposición, hasta el 25 de marzo.

Lugares comunes

Archivado en Noticias | Enlace permanente | 18.01.05 / 00:28:44


Pregunta retórica: ¿es posible leer/escuchar/ver una noticia sobre la entrega de los Globos de Oro sin que aparezca la palabra "antesala"?
Respuesta: aquí (aunque puedo adelantar a los impacientes que la respuesta tiene dos letras, la primera es una "n" y la última una "o").

Triste destino el ser valorado sólo en función de otros, no por los propios méritos.

Globalización, déficit e iPods

Archivado en Noticias | Enlace permanente | 18.01.05 / 00:28:24


[...] Un buen ejemplo es lo ocurrido con el iPod, un aparatito portátil de genial diseño para almacenar y escuchar música a raudales. El problema es que aunque el diseño, el programa y el chip sean americanos, la producción del aparato se hace principalmente en China, con lo que los millares de personas que lo han comprado en EEUU (y en otros lugares) en estos meses han desembolsado a los chinos más de 1.500 millones de dólares. El déficit comercial de EEUU es, así, en parte de su éxito tecnológico y del consumismo de sus ciudadanos [...]

"Globalización china", Andrés Ortega, "El país", 17 de enero de 2.005.

No descubre nada nuevo este párrafo, todos sabemos de quien es el futuro (y, ya casi, el presente), pero me ha chocado al verlo escrito, oponiendo las cifras desnudas contra el glamour del principal objeto de deseo actual, el "gadget" más "chic" del momento. A veces un pequeño cambio de perspectiva basta para que la visión sea distinta (más clara, más amplio el angular, más visual, en este caso).

¿Un kiosco o unos grandes almacenes?

Archivado en Otros | Enlace permanente | 16.01.05 / 22:33:54


Hoy en los kioscos se dirimía una feroz batalla entre los principales periódicos (excluyendo los deportivos), buscando ofrecer a sus lectores y a sus no-lectores la promoción más atractiva.
"El país" incluía "La celestina" y, opcionalmente, dos volúmenes de su "Historia Universal", "El mundo" inauguraba su serie "Los grandes genios del arte" con el tomo dedicado a Velázquez, mientras que el "ABC" regalaba la última biografía escrita por Paul Preston (eso sin citar los dos principales diarios locales de Murcia que llevaban respectivamente el primer tomo de una enciclopedia y la enésima edición del Quijote que aparece estos últimos meses).
Todo esto el día en que se distribuye con todos los periódicos la Constitución Europea.

Así, acercarse hoy a un kiosco era una tarea casi heroica, tras la cual y semi-oculto tras pilas inmensas de papel en inestable equilibrio y que amenazaban con colapsarse aparecía el acobardado quiosquero, abatido ante la hercúlea tarea a la que se ha visto abocado casi sin querer: el de principal agente para la distribución de libros, DVDs y CDs en este país.

Un punto de venta universal, una distribución asegurada, unos costes reducidos (la inclusión en diarios con sus grandes tiradas facilita los acuerdos con editores y economías de escala, además de otras ventajas como la casi nula gestión de stock), el dárselo todo mascado al cliente (que no tiene que elegir qué comprar, qué es bueno y qué es malo, sino que quien diseña la colección ya decide cuales son las 50 mejores novelas del siglo XX, los clásicos de la literatura española, los genios de la pintura universal o los personajes más destacados; y el comprador no piensa, no discrimina, no selecciona, no se forma un gusto, sólo, siendo fiel a su nombre, compra) y el afán por el coleccionismo, por tener todos los libritos/CDs/DVDs iguales y alineados en la estantería (porque, ¿que porcentaje de los compradores se lee 3 libros a la semana?) aseguran el éxito de estas iniciativas.

Y sólo he hablado de los productos distribuidos con la prensa, porque otro tema serían los múltiples productos que salen directamente a la venta en kiosco y las colecciones (que a veces llegan a una segmentación de temática difícil de comprender: ¿alguien quiere leer múltiples versiones casi idénticas de una misma historia, cortada por el mismo patrón?).
Se podría hablar largo y tendido de ventajas (básicamente, accesibilidad, comodidad y precio) e inconvenientes (no parece el lugar de venta más adecuado para determinados productos), pero simplemente quería constatar un hecho: lo que no está en el kiosco no existe.

Actualización (17/01/2.005): casualmente, al comprar hoy la prensa, el quiosquero se me quejaba amargamente de las cantidades inmensas de tiempo que le hace perder el recortar los cupones de los periódicos que justifican la compra del mismo junto a la promoción (y que si no entregan, deben pagar ellos).
Es más, ayer con las inmensas colas que se formaron debido a las múltiples promociones algún "listo" aprovechó para llevarse una pila con 50 periódicos.
Y, todo ello, por una mínima comisión que se lleva...

Virginia perdida y encontrada

Archivado en Libros | Enlace permanente | 13.01.05 / 19:03:14


Mañana (tomando como referencia temporal el momento en que esto se escribe, que puede ser distinto del momento en que se lee) sale a la venta en España, publicado por Lumen, "Londres" de Virginia Woolf.
Librito corto, ilustrado con fotografías, recopila varios artículos sobre la capital británica, siendo uno de sus principales alicientes el que uno de ellos se creía perdido hasta hace poco. La nota editorial dice:
Pocas escritoras están tan asociadas a Londres como Virginia Woolf, que supo convertir la ciudad del Támesis en uno más de sus personajes. En este libro se reúnen seis piezas que la autora de La Sra. Dalloway escribió en 1931 para la revista Good Housekeeping sobre distintos aspectos de la vida, la arquitectura, las gentes y la historia de Londres. El primer artículo, titulado «Retrato de una londinense», se creía perdido hasta hace poco tiempo. Finalmente se encontró en una biblioteca y ahora la serie se publica completa por primera vez.
En esta pequeña joya, Virginia Woolf traza, como si del cuaderno de apuntes de un pintor se tratara, el retrato de su Londres: la bruma de los muelles, la marea humana que fluye por Oxford Street, las casas de grandes escritores, los pináculos góticos de abadías y catedrales o el esplendor de la Cámara de los Comunes. Iluminados con fotografías de la época, estos textos se convierten en deliciosos paseos por una de las grandes capitales de la literatura occidental.

La inclusión de este texto recuperado, además del interés para los estudiosos, supone un interesante elemento de publicidad para la editorial. ¿Habría sido publicado este libro sin la repercusión (limitada dentro de unos márgenes) del hallazgo del artículo hace unos meses? ¿habría tantas notas en prensa reseñándolo como están habiendo estos días? tal vez no...
En cualquier caso, para el lector devoto de Woolf, la aparición de una obra perdida es un hecho agradable a la par que curioso. Es como si un autor vivo, de los preferidos, sacara un nuevo libro, pero en este caso con el acompañamiento de la sorpresa que trae lo inesperado (o de lo esperado ad eternum, sin posibilidad de ser conseguido).

Nota I: en este artículo de "El cultural" puede leerse el comienzo de dos de los textos incluidos en el libro (uno de ellos, el perdido/encontrado).
Nota II: La fotografía no es, evidentemente, de la Woolf sino de una Nicole Kidman pre-botox (guiño mariano) representando el papel de la autora británica en "Las horas".

Portadas (uno): Soul of the rose

Archivado en Otros | Enlace permanente | 11.01.05 / 20:49:59


Un fragmento del cuadro que acompaña este artículo es la portada de "Cuentos de amor victorianos" (VVAA., Alba Editorial). Libro de relatos cortos, del que he leído tres este fin de semana en los momentos en que he podido sustraérselo temporalmente a su propietaria, y que recopila cuentos de autores tan importantes como Mary Shelley, D.H. Lawrence, Dickens, Conrad, Kipling, Stevenson, O. Wilde o Henry James.

Este cuadro ("Soul of the rose", también conocido como "My Sweet Rose", de John William Waterhouse), pintado en 1.908, es ideal para la portada de un libro como el citado. La técnica realista facilita la aprehensión de la escena, la temática apunta a lo que encontraremos dentro: la joven, de belleza clásica, el entorno bucólico con la rosa, la sensualidad del acto de acercarse a esta y aspirar su aroma. Por último, la unidad cromática de la mejilla y la flor dan calidez y equilibrio a la imagen, destacando sólo el azul del vestido.

John William Waterhouse nace en Roma en 1840, donde su padre trabajaba como pintor. Aunque vuelve a Inglaterra un año después, realizaría, ya de joven, varios viajes por Italia. Las influencias de las costumbres de dicho país, primero, y del mundo clásico (en especial las literarias) de Grecia y Roma, después, son claras en toda su obra. Su estilo y temática se situa entre el movimiento Pre-Rafaelita (plasmación de la belleza femenina, realismo) y el Romanticismo Victoriano. Murió en Londres en 1917.
Hay, al menos, tres magníficos sitios web dedicados a la vida y obra de este pintor, donde se puede navegar con detalle por sus cuadros: John William Waterhouse en Español, The art of John William Waterhouse y jwwaterhouse.com.

Series: portadas

Archivado en Otros | Enlace permanente | 11.01.05 / 20:49:11


Está claro que me encuentro cómodo con el formato y estructura de las bitácoras, ya he hablado sobre el mismo varias veces, pero a veces me disgusta que los mensajes vayan cayendo por la tiranía del tiempo pasado: sí, siempre se pueden recuperar acudiendo al archivo, pero está claro que la importancia la tiene el último, los demás son secundarios, ya tuvieron su momento de gloria.
Llevo unas semanas en que me apetece apoyarme no sólo en la estructura meramente temporal, acaricio la posibilidad de crear series de artículos, que luego, a lo mejor, merezca la pena ver como un todo, tengan alguna coherencia...

Y, ¿por qué no dedicar una serie de mensajes a portadas de libros?, esas imágenes que aparecen en el cartoncillo que envuelve y recoge a las páginas y que, en teoría, deben fomentar la compra del mismo. Imágenes, en su mayoría, no controladas por el autor del volumen, sino por una persona en la editorial, pero que se convierten en su carta de presentación para el lector en la mesa o estantería de la librería. Esa imagen que, de nuevo en teoría, debería contener parte del espíritu del volumen.
Así que, si no cambio de idea, voy a dedicar de vez en cuando artículos a portadas, ya sea de libros que caigan en mi mano o que vaya recuperando de los ya leídos. Posiblemente, en muchos casos, los mensajes no serán sino un medio de descubrimiento para mí, una forma de buscar información de cuadros y pintores que me han gustado una vez encontrada una obra suya en la tapa de la obra de otro.

Para mí, el visitar una librería, a veces tiene algo como de visitar una galería o un museo, se convierte no sólo en la búsqueda de un libro sino en la observación de sus portadas. No es raro verme buscando en en las primeras páginas de un libro recien vislumbrado el nombre del autor de la obra que aparece en la cubierta, ya sea para descubrir a un desconocido o para incrementar el ego al comprobar que era quien pensaba.

Que resuman otros

Archivado en Noticias | Enlace permanente | 07.01.05 / 12:38:26


Hace unas semanas leí un artículo donde se mostraba preocupación entre los círculos universitarios estadounidenses por la constatación de que internet (comenzando por consultas lanzadas en google) se estaba convirtiendo en casi la única fuente de información y búsqueda de conocimientos para la realización de trabajos por parte de los estudiantes, perdiendo estos poco a poco la pericia y habilidades necesarias para la realización de investigaciones bibliográficas.

Pues bien, en la misma línea, llevo observando durante varios meses en las estadísticas de noveno-arte.com que la palabra (quitados artículos, preposiciones y similares) que más aparece en las búsquedas que terminan en mi página es "resumen".
En los dos últimos meses de 2.004 más de 600 búsquedas incluyendo dicha palabra (por ejemplo, "resumen por capí­tulos del jinete polaco de antonio muñoz molina", "resumen de la tercera parte del libro de mr vertigo", "resumen de ulises de james joyce para descargar", "resumen de la obra odisea de homero con personajes escenarios y dibujos") terminaron aquí.
Por las consultas anteriores es claro que vienen de personas con la necesidad de realizar algún trabajo escolar y prefieren el resultado directo al esfuerzo personal y al proceso.

Sería muy fácil criticar esta actitud, que es indudablemente criticable, por parte de los ¿estudiantes?, pero posiblemente sea la actitud más coherente con la sociedad en la que se encuentran. Y estos actos casi la mejor forma de prepararse para el futuro en el que se moverán, donde sólo se le exigirán resultados. Por tanto, ¿dónde está el problema?
En fin, adaptando la frase de Unamuno, "que resuman otros".

Posters Chinos de Propaganda

Archivado en Otros | Enlace permanente | 06.01.05 / 01:05:11



Una vez proclamada la República Popular China, el nuevo regimen se encontraba ante la tarea de difundir sus ideas, muchas de ellas de alto contenido abstracto, a la extensa población del país, siendo gran parte de la misma analfabeta.
Uno de los pilares en los que se asentó este adoctrinamiento fue la creación y difusión de carteles propagandísticos. Sus tiradas fueron enormes, convirtiendo su presencia en omnipresente. No sólo eso, sino que creados por artistas provinientes en su mayoría de la realización de calendarios, eran atractivos al público, sabían capturar el interés, llegando a decorar muchos de ellos las casas de millones de ciudadanos: de una forma silenciosa y subliminal, los mensajes que el poder comunista quería transmitir se difundían.
Con una estética subordinada a la ídea fuerza, nos encontramos ante una plasmación realista. O tal vez más, intentando ir un paso por delante de la realidad, hacia el deseo, en busca del objetivo de la utopía que se presenta. Individuos jovenes y sanos, bien alimentados, casi obesos, muchas veces heróicos, hombres y mujeres casi idénticos, asexuados, con amplios ropajes de sobrios colores, casi sin individualidad, perdidos entre la masa, convertidos en una pieza del engranaje de la máquina de producción, cosechas abundantes, mecanización de la industria y el campo y, sobre todo, la exaltación de la nueva religión, el comunismo, y su profeta, el omnipresente Mao.


Esteticamente, a día de hoy y obviando las cuestiones socio-políticas, se miran dichos carteles con una cierta admiración artística, pues cumplen ampliamente su objetivo de atraer visualmente, aplaudiendo su aparente ingenuidad y sencillez, todo ello mezclado con una cierta visión "pop" de los mismos, algo "kitsch".
Y si no se obvian las cuestiones socio-políticas, la verdad es que la mayoría de los mensajes causan bastante sonrojo. Es muy fácil hacer estas reflexiones con la perspectiva que da el tiempo pero, de la misma forma, las élites de las que surgieron los mensajes que se reflejan conocían la poca verdad que contenían, sustituida por el mero objetivo manipulador.

Todo esto viene a colación de que por fin me he comprado el, ya largamente, deseado por mí "Chinese Propaganda Posters" (Ed. Taschen). Un gigantesco volumen que reproduce centenares de carteles de la colección de Michael Wolf.
El libro, como casi siempre en la editorial alemana, excelente. Pero en este caso se comete un error, aunque puntual, incomprensible y casi imperdonable: la burda y chapucera alteración de unos de los posters (pags. 256-257) con el único objetivo de promoción editorial, destruyendo así su valor estético e histórico.

Otros mensajes relacionados: "Pósters Polacos de Propaganda Política" (3 de septiembre de 2.004), "50 años de propaganda en China" (24 de marzo de 2.004) y "Carteles de la Guerra, 1936-1939" (8 de febrero de 2.004)

El grito: muertos (y vivos) de tercera... y de cuarta

Archivado en Noticias | Enlace permanente | 03.01.05 / 21:16:04


Este mensaje (que espero que se me entienda; voy a andarme con pies de plomo, dado lo delicado del tema; quiero evitar el dar a entender ideas distintas a las que me propongo expresar) surge de una conversación mantenida hace unos días y continuada, ya por correo electrónico, ante la lectura de varias noticias/artículos en prensa.
El primero es "Muertos de tercera" de Eduardo Haro Tecglen, que me permito, dada su reducida extensión, copiar entero aquí:
En esta profesión mía se cuenta una anécdota: un periódico de ricos tituló un grave accidente de ferrocarril con la frase: “Afortunadamente, todos los muertos eran de tercera”. La recuerdo todos los días a medida que aumentan las cifras de la desgracia del golfo de Bengala: los muertos de ínfima clase no lo son por casualidad, sino porque sus chozas son inverosímilmente frágiles y no existen defensas contra la naturaleza.
Cuando los tifones y los maremotos atacan las costas de Estados Unidos o de Japón, la desgracia tiene un límite mucho mayor, porque hay una parte de previsión. Puede que las epidemias subsiguientes sean más mortíferas en seres con escasa resistencia física, con mala alimentación y ninguna medicina. Los muertos son de tercera, o de ínfima clase, y eso es un hecho normal de la organización de la sociedad del mundo.
El siglo XX ha sido el del último esfuerzo para la igualdad; y fue derrotado, incluso por su misma corrupción. Pero conviene saber que esto pasa así, y no por casualidad, sino como fruto del orden económico global.

La puntilla venía con la noticia "La ONU quiere que antes de 2006 funcione en el sureste asiático una red de alerta de maremotos", donde se puede leer la siguiente "perla":
El ministro de Asuntos Exteriores tailandés, Surakiart Sathirathai, ha dicho que una red de alerta de este tipo podría ayudar a que los turistas "vuelvan a visitar sus playas", porque "les devolvería la confianza".

"Perla" que se ve ilustrada con las fotografías que han aparecido estos dos últimos días en los periódicos españoles: turistas volviendo a las playas al tiempo que continua la recogida de cadáveres.
Claro, leído esto lo más fácil sería rasgarse las vestiduras y decir que cómo es posible que la red de alerta se cree con vistas a aumentar la sensación de seguridad de los turistas y no con el objeto de aumentar la seguridad real de los ciudadanos nacionales de estos países. Efectivamente, son muertos de tercera.
Pero, y aquí empieza mi reflexión (ufff..., cuanta introducción para poner en antecedentes), el rasgarnos las vestiduras y poner el grito en el cielo aquí no deja de tener algo de cinismo. Vuelvo a mi vieja idea ya desarrollada en "Ojos que no ven, corazón que no siente". No es que en estos países los muertos sean de tercera y parezca despreciable decir que se va a construir un sistema de detección para aumentar la sensación de seguridad de los turistas, es que han sido, son y serán (al menos durante un tiempo no pequeño), "vivos de tercera". Allí había grandes complejos turísticos, donde los visitantes serían bien alimentados y servidos con toda clase de lujos, y a pocos metros (eso sí, bien oculta y fuera de los circuitos de los veraneantes, no fueran a estropearles con su visión los días de asueto) estaría la realidad de estos países, pobreza y hambre. Parece un poco cínico, sólo ahora, ante la catástrofe, comparar entre vivos y muertos de primera y de tercera: las comparaciones sangrantes se podrían haber realizado antes, e igualmente se podrían realizar ahora, entre los turistas en Cuba y los cubanos, los trabajadores de las fábricas textiles y de calzado en países asiáticos, produciendo productos que se venden a precio de oro, al tiempo que se les retribuye a precio irrisorio, la opulencia el rally Dakar y las condiciones de vida en los territorios por los que pasa.
Y tampoco deberíamos sólo centrarnos en estos casos en que el lujo se toca espalda con espalda con la pobreza, la distancia no nos exime de nada. Basta comparar nuestra situación, tan ricamente, poniendo mensajes en nuestras bitácoras con la mayoría de la población global.
Los ordenes y la (falta de) equidad se dan tanto en los vivos como en los muertos, y no creo que las desgracias de estos días nos descubran nada, sólo nos quitan la venda (pero eso sí, sólo por unos días, que no nos apetece seguir con estas noticias muchos días). Son, como dice Eduardo Haro, consecuencias de la organización socio-geo-política, y son continuas en el tiempo y el espacio: así que no nos sorprendamos y hagamos uso del titular fácil.

Y, volviendo al tema del maremoto asiático, (a partir de aquí, hasta la interrogación, leáse con cierto tonillo enfático y grandilocuente, con un punto de ironía) que orgullosos nos sentimos todos, qué bien han respondido los países ricos (lástima que, sobre el terreno, no haya forma de distribuir la ayuda), pero, ¿por qué ahora sí y en otros casos no? ¿por la espectacularidad del tema? ¿por una simple cuestión cuantitativa? ¿por la presencia de millares de turistas occidentales? ¿por la presión de los medios? Y en los casos en que no ocurre nada de esto... a ver si estos son "muertos de tercera", pero existen "muertos de cuarta" (y de quinta...)
En una carta que está distribuyendo estos días "Médicos sin fronteras" (aparentemente redactada antes del tsunami, pero muy adecuada a las circunstancias) se puede leer:
Los diccionarios dicen que "olvido" es sinónimo de "descuido" o "distracción". Seguro que a tí, como a mí, "olvido" te parece una palabra demasiado suave para definir la actitud de la comunidad internacional y los medios de comunicación frente a ciertas enfermedades y conflictos.
Deja que me explique: si pides a alguno de tus familiares o amigos que nombre a tres países en guerra, no es probable que recuerde a Somalia; y difícilmente habrá oído hablar de la enfermedad de Chagas, a pesar de que está muriendo casi un tercio de los infectados [...]
No se trata de simples descuidos o distracciones. Estamos ante algo muchísimo más grave: las enfermedades y conflictos olvidados causan 15 millones de muertes al año.

¿Y estos? ¿Dónde están los medios? ¿Dónde las ayudas gubernamentales y las conferencias de donantes? ¿Dónde la solidaridad de los ciudadanos? Países en los que la palabra "catástrofe" no depende de un evento geológico sino que es continua. Tal vez estos son tan pobres que ni se tienen en cuenta; tal vez si tuvieran algo, playas, petroleo... Pues eso, "muertos de cuarta"...

Nota 1: cuando decidí ilustrar este mensaje se me vino a la cabeza inmediatamente usar "El grito" de Edvard Munch. Tan adecuado lo he visto, que he incluso lo he incorporado al título.
Nota 2: en relación a la libertad de copiar completa, no citar, la columna (radiofónica, en este caso) de Eduardo Haro, él mismo hace unos días reflexionaba sobre esto en "Los alegales", del que incluyo (esta vez sí) un fragmento,
Mientras tanto va proliferando lo alegal. En Internet se reproducen artículos, comentarios, titulares de los diarios sin pago y sin autorización [...] Por una parte, me gustaría ser alegal. Ajeno a la Administración del Estado. Algo de eso tengo ya: estoy tolerado, que es una parte sustancial de lo alegal: vivo en unos márgenes, trabajo en ellos. Pero tengo miedo.