Quiero una entrenadora personal

Curioso
software el que acabo de encontrar:
Yourself!Fitness. Es un programa que implementa una entrenadora personal virtual, de nombre Maya.
Al comienzo del mismo recopila información sobre el usuario (edad, peso, estado físico, etc...) y los objetivos del programa que se pretende comenzar. A partir de aquí, el sistema propone un conjunto de ejercicios (fitness, meditación, aerobic, etc...) así como una dieta. A lo largo del programa se irán evaluando la consecución de los objetivos.
Todo esto irá acompañado por la presencia de nuestra entrenadora virtual, de nombre Maya, que hará los ejercicios con nosotros o nos explicará con más detalle su realización.
Dejando aparte la idoneidad de dejarse en manos de un
software en vez de acudir a un especialista, lo que está claro es que los personajes virtuales ya no son los
tamagochi de hace unos años ;-) (Enlace vía
elmundosalud.com).
Sobreprecios electrónicos
Siempre me ha parecido curiosa la comparación de las estrategias comerciales entre
Amazon y las librerías
on-line españolas. Además de muchas otras diferencias, la primera se caracteriza por unos descuentos jugosísimos mientras que las tiendas patrias son más bien onerosas para el cliente.
Es cierto que todas (o casi todas) ofrecen el máximo descuento permitido por ley en materia de libros, el 5% debido al precio fijo, pero luego cargan los gastos de envío, con lo que el producto sale más caro que en cualquier librería física (en la que, además, también es probable que hagan dicho descuento).
En teoría, las características de un negocio
on-line eliminan determinados costes (aunque crea otros, normalmente menores) que deben permitir ofrecer el producto más barato. ¿Tan pequeño es el negocio de las librerías electrónicas en España que no alcanzan las economías de escala que le permitan ofrecer un precio competitivo (mediante eliminación de gastos de envío u otras promociones)? [Me respondo: supongo que sí; pero es normal, sale más caro que comprarlo en una librería y además hay que esperar a que lo envíen; sólo es aceptable en la situación actual si no se puede adquirir directamente.]
No se si es que realmente el mercado
on-line no da para más, que las empresas viven todavía con el susto de las
.com o que siguen con estrategias de cuando la penetración de
internet en España estaba todavía en niveles mucho menores que los actuales, pero creo que alguien se podría atrever a lanzar una apuesta valiente de comercio electrónico (no las simples excusas, para salir al paso, que nos encontramos actualmente), atractiva para el usuario y rentable a medio/largo plazo para la empresa. Aunque claro, con el precedente de
diversia.com es normal que nadie se lance; pero es que aquello fue un suicido anunciado...
Nota: El origen de esta reflexión viene de la lectura del artículo
"Las empresas deberían compartir los ahorros que Internet les supone con sus clientes" de Miguel García-Gosálvez (aunque dejo el enlace, los contenidos del sitio
web son de pago; no podrás acceder si no eres suscriptor). Aunque en dicho texto no se habla de las librerías
on-line y su política de precios, me ha servido para sacar un tema sobre el que he pensado alguna vez.
Los principes y Semprún
El sábado por la mañana, con objeto de huir de la retransmisión televisiva más seguida de la historia de España y también, por qué no decirlo, de eliminar cualquier posibilidad de terminar cayendo en la tentación, salí temprano de casa con la sana intención de disfrutar de la ciudad absolutamente vacia, salvo algunos pocos turistas extranjeros y un grupo de Infantes de Marina disfrutando de algún tipo de permiso, tomar un café, visitar librerías y leer la prensa frente al mar.
Debo decir que todo lo anterior fue muy satisfactorio: el día acompañaba (tras una noche lluviosa, la mañana era soleada, pero suavizada por una ligera brisa) y la sensación de tranquilidad y sosiego era irrepetible, justo lo que necesitaba trás dos semanas de trabajo continuado. Buscaba tranquilidad, pero realmente me encontré más de la esperada; incluso cuando cerca de las 3 de las tarde regresaba a casa, y pasé junto a un quiosco me encontré grandes pilas de periódicos sin vender: la gente ni había bajado a comprar la prensa.
Bueno, a lo que iba, que me despisto y no comento lo que quería. Primera cuestión, me encuentro en la librería que Tusquets acaba de sacar una nueva edición de la primera novela de Semprún,
El largo viaje (
Le long voyage, 1963), que recomiendo como cualquiera de sus obras. Copio y pego la sinópsis (en el enlace, también se puede leer un fragmento):
Corre el año 1943. En un angosto vagón de mercancías precintado, ciento veinte deportados cruzan las tierras francesas camino del campo de concentración. Es un viaje claustrofóbico, vejatorio: los cuerpos hacinados caen de agotamiento, uno pierde la cuenta de los días que lleva allí, y ni siquiera sabe dónde ni cuándo acabará. Y, no obstante, a veces, una simple palabra que pronuncia un compañero despierta toda clase de recuerdos, apenas lo único que queda en esos momentos. Así, mediante saltos al pasado, pero también al futuro, Semprún traza con magistral prosa los itinerarios de esas vidas atrapadas (algunas truncas para siempre, otras milagrosamente preservadas) por el torbellino fatal de la historia.
Por cierto, es una novela; cuando yo la leí, creí que era una obra completamente autobiográfica, pero no, incluye algunos elementos de ficción con objeto narrativo. La segunda cuestión que quería comentar me la encontré esa misma mañana leyendo la prensa: se estrenó en Sevilla la primera obra teatral de Semprún,
Gurs. La reseña en El País no es muy positiva; copio el principio del artículo
"Gurs" de Semprún decepciona en Sevilla de Margot Molina:
La obra, que el público valoró como texto, es una coproducción de tres teatros europeos.
Documental, lectura dramatizada o "una interesante página de la historia" fueron las palabras que más se repitieron la noche del pasado jueves, tras el estreno en el teatro Central de Sevilla de "Gurs. Una Tragedia Europea", de Jorge Semprún. Si en algo estuvo de acuerdo el público que asistió al estreno del primer texto dramático del escritor y ex ministro de cultura fue en que lo que habían visto sobre el escenario, aunque bello en algunos momentos, no era teatro.
Más información
aquí.
Cerrando la ventana
Es ya el tercer
post que escribo sobre
Ventanas de Manhattan de Muñoz Molina; en el
primero, hace unos meses, cuando ni lo había comprado, ponía en relación las palabras del autor con las sensaciones que me produjo el visionado de
Lost in translation; en el
segundo, hace unos días, en pleno proceso de lectura, no me pude resistir a la tentación de copiar un fragmento que me había gustado especialmente, sin añadir nada más, pues no hacía falta.
El tercero, y creo que último, lo escribo una vez pasadas unas horas de leída su última página. Última página de un libro que me ha producido un gozo inmenso, como hacía tiempo que no me generaba un libro de Muñoz Molina. Pequeñas pinceladas de sus fragmentos de vida pasados en Nueva York, libreta en mano, sensaciones de felicidad, descubrimiento, asombro y, por qué no, tristeza que tan hábilmente consigue transmitir.
Hasta ahora, probablemente, mi libro preferido de Muñoz Molina era
Ardor guerrero, en que describía su Servicio Militar. Mi primera lectura de este libro la hice en mi última semana de
mili, cuando ya dicho periodo comenzaba a evaporarse de mi vida, y lo he releído dos veces más posteriormente. Y, aunque su
mili fue mucho más dura que la mía, sus descripciones (la rugosidad del petate y las mantas, los olores de la cocina, el lenguaje cuartelario, la cuenta atrás continua, ...) parecían que eran idénticas a mis propios recuerdos y sensaciones. Y, de nuevo, en un libro más o menos biográfico (aunque si no recuerdo mal, en ninguna línea aparece su nombre, ni de el de su mujer, ni ningún título de su obra,...), en primera persona, he vuelto a encontrar experiencias y vivencias propias, distintas pero iguales, escritas en un papel y salidas de la mano de Muñoz Molina.
Y, mientras lo leía, me asaltó varias veces el pensamiento de que, por la estructura (pequeños textos de 3 ó 4 pags.) y el tono (intimista, en primera persona), el libro muy bien podría ser una bitácora; en el fondo no deja de ser un diario, pero en papel, no en el
web. Y, claro, esto en cierta forma me producía una cierta desazón, viendo la calidad de la prosa del libro y mis penosos intentos que perpetro varias veces por semana. En fin...

Y, al igual que hice en el primer
post que escribí sobre el libro, lo ilustro de un cuadro de Hopper,
Room in New York. Un cuadro con ventana en Nueva York, que tanto gustan a Muñoz Molina y que tanto me gustan a mí. Que a él le traen recuerdos y asociaciones, y a mí sensaciones y evocaciones.
La "marca"
No cabe duda de que
google se ha convertido en una de las marcas más internacionales, reconocibles y admiradas (yo mismo le he dedicado multitud de artículos debido a la atracción que me genera, y las noticias relacionadas con dicha empresa en medios tecnológicos, económicos y/o generalistas están a la orden del día).
Pero lo que he me he encontrado hoy desborda lo esperable; ya había leído noticias informando de que en
eBay se subastaban cuentas del futuro servicio de correo de
google, actualmente en pruebas,
Gmail, con el doble objetivo de ser de los primeros en probarlo y quedarse con las mejores direcciones (
juan_ignacio@gmail.com en vez de
juan_ignacio36@gmail.com, por ejemplo). Pero hoy he descubierto (vía el artículo
My Left Arm for a Gmail Account de Daniel Terdiman, en
Wired) que se ha desarrollado un
web,
gmailswap, para facilitar la venta de cuentas de
Gmail: si dispones de una cuenta y estás dispuesto a deshacerte de ella por algo que deseas o, al contrario, dispones de algo que ofreces por una cuenta, este es tu sitio.
Si ya de por sí la idea del sitio
web es extremadamente
freak, el listado de ofertas/demandas que se encuentran constituye una feria de la extrañeza humana.

En cualquier caso, y por ahí empezaba mi reflexión, es curioso como
google ha dejado de ser sólo un buscador para convertirse en una marca deseada,
chic, que da estilo, como pueden serlo las de ropa, colonias o material deportivo.
Algo en teoría tan frio como un buscador (una caja de texto, un botón para lanzar la consulta y un listado de resultados) y, además, con un diseño tan sobrio (donde la única nota de color la pone el logo) se ha convertido en un "mito". Supongo que la idea de éxito y la imagen amable y
"enrollada" de sus creadores han colaborado.
Esta idea de marca que va acompañada por fidelidad es un activo muy importante para la empresa. En estos días, en que se habla de la futura y cercana salida a bolsa, se contraponen dos ideas: ahora mismo
google es una máquina de hacer dinero pero, sin embargo, el futuro es una incógnita, pues las barreras de salida para que un usuario cambie de buscador son casi inexistentes. Tal vez habrá que valorar el prestigio de la marca como una barrera importante.
Un fragmento
[...] Qué gusto, qué codicia de libros, rotundos como panes de corteza dorada, y yo paseando entre ellos, tentado por casi todos, feliz de su cercanía, no agobiado por la proliferación. Cada libro es una excitante invitación y también un principio anticipado de remordimiento, una promesa de sensaciones, palabras, saberes y mundos, y una advertencia de que no se pueden leer todos los libros que uno quisiera. Siempre faltará tiempo, y el que se dedique a uno se le estará negando a otro, y uno no podrá dar nunca por satisfecha esta apetencia de lectura, este vicio impune, según Valery Larbaud. Por azar encuentro un libro que venía buscando sin éxito hace tiempo, que me ilusiona como cuando encontraba una novela aún no leída de Julio Verne en la papelería de mi ciudad natal [...] Si hubiera más luz en la calle empezaría a leerlo ahora mismo, sonámbulo por la ciudad con mi libro en las manos.
Ventanas de Manhattan, Antonio Muñoz Molina
Un mensaje distinto
Llevo prácticamente una semana sin escribir (el
post anterior no lo cuento, no es escritura, es apenas una reseña de un enlace). Este lapso temporal coincide con el tiempo que llevo fuera de Murcia; estoy desde el sábado por la tarde en Barcelona, por cuestiones laborales, relacionadas con el
Forum 2004, pero aproveché las circunstancias y me dí un paseo por el
Saló del Còmic.
De esta forma, me está saliendo un mensaje un tanto distinto a lo habitual, que suelen estar dedicados a un tema específico y categorizados dentro de la taxonomía que establecí el día que comencé la bitácora. Esta semana, un poco distinta, caracterizada por el hecho de la estancia en la ciudad condal, y la circunstancia de no haber escrito en estos días, da lugar a una especie de fusión de los recuerdos en mi memoria que implican un mensaje continuo, de suave transición entre un aspecto y otro, más dados por el propio discurrir del tiempo y mis sensaciones y experiencias que por la propia naturaleza de los hechos sobre los que voy a escribir.

Hacía 5 años que no pasaba por el
Saló del còmic; y ninguna de las veces que había estado allí había aguantado más de unas pocas horas. Este año, tal vez fui incluso más rápido; en poco más de una hora ya había visto todo lo que tenía que ver, un ratillo más para echar un segundo vistazo a los
stands y decidir las compras (que se limitaron a
El negociador de Sacco y al primer volumen recopilatorio de Fantagraphics del clásico de Herriman,
Krazy Kat, al que algún día le dedicaré un artículo, pero ya puedo adelantar que me está deslumbrando), una pequeña cola para que me dedicara el primero de estos su autor con un dibujito y unos minutos en la sala de actos esperando a Berberian, que finalmente no apareció por una migraña.
A poco más que eso se limitó mi tercera experiencia
salonera.

También, aprovechando el viaje en tren, me he leído
Ensayo sobre la lucidez de Saramago, del que ya comenté algo hace unos días. Precisamente a Saramago pensaba verlo hoy en el Forum, pero finalmente no ha podido acudir (lo mismo me pasó hace un par de días con Semprún; posiblemente a los dos que más ganas tenía de oir, aunque a este último es probable que lo pueda ver el lunes en otro de los Diálogos,
El valor de la palabra).
Saramago, en general, me gusta bastante. Además, en este caso me ha quedado cierta sensación de
deja vú que le añade valor a la obra como reflexión socio-política (se puede leer una interesante entrevista con el autor
aquí), aunque te deja un poco turbado. Una narración con su habitual estilo, en cierta forma recordando a la tradición oral, en cierta forma una fábula, pero siempre con un mensaje, en este caso nada oculto.

Para terminar, el
Forum 2004. La verdad es que mi experiencia del Forum se limita, por cuestiones laborales, a los llamados
Diálogos (charlas y debates) no habiendo visto ninguna exposición, espectáculo o el recinto en sí (salvo el edificio Forum y el Centro de Congresos, que están junto a la entrada). Básicamente, en estos días, he asistido a dos,
El papel de Europa en el mundo (entre otros, participaban el Rey, Maragall, Joan Clos, Felipe González, Duisenberg, Giscard d'Estaing y Romano Prodi) y
La memoria compartida (con participación de, entre otros, Gilberto Gil, Adolfo Pérez Esquivel, Rigoberta Menchú y Federico Mayor Zaragoza).
Independientemente del interés de uno y otro, de los asistentes respectivos o el tema, creo sacar un idea clara: el cómo la política (y los políticos), sólo desde un punto de vista de gestión o partidista, sin un soporte moral y/o intelectual se queda coja. En el primero de los dos diálogos citados, la mayoría de las intervenciones no dejaron de ser vacías, un conjunto de lugares comunes, expresados de forma políticamente correcta y completamente previsibles. En el segundo de los casos, aún siendo también ideas no sorpresivas, la forma de expresarlas, el sentimiento era muy distinto, consiguiendo emocionar e inducir cierta esperanza.
Gugelblog
La gente de
google acaba de comenzar un
blog:
Insight into the news, technology, and culture of Google.
Get the latest word direct from the Googleplex about new technology, hot issues, and the wide world of search.
La dirección es
http://www.google.com/googleblog/.
Y la sindicación está en
http://www.google.com/googleblog/atom.xml.
Podemos dar gracias (hasta el momento)
Me levanto esta mañana con la noticia de que la policía alemana ha detenido al supuesto autor del virus
Sasser. Con las precaucaciones debidas (no deja de ser supuesto), lo que sorprende y destacan los distintos medios en que he visto la noticia es que la persona en cuestión es un estudiante de 18 años.
Varias reflexiones rápidas:
La vida diaria en las sociedades occidentales está apoyada en gran medida en el uso de ordenadores. Sin embargo, estos son cualquier cosa menos seguros, ya sea por fallos del software que ejecutan o por la falta de conocimiento de los usuarios. Así, incluso un chaval de 18 años puede ocasionar un problema a nivel mundial, causando un incalculable coste económico.
La existencia de errores y/o agujeros de seguridad en el software es un tema contra el que hay que luchar, pero tiene difícil solución debido a la complejidad de los sistemas operativos y aplicaciones (millones de líneas de código fuente, dependencias entre módulos, aplicaciones y sistemas operativos).
El desconocimiento de los usuarios es otro tema peliagudo; cuando compramos un coche, no es necesario que sepamos de mecánica, pero si usamos un ordenador (¿y quién no lo hace hoy en día?) sin determinados conocimientos mínimos ponemos en peligro nuestro propio trabajo y el de los demás (nos podemos convertir en una puerta para difusión de virus a otros sistemas cercanos). ¿Es asumible el riesgo de que los sistemas personales sean un peligro si el usuario no sabe lo que es un firewall, no configure la seguridad del tcp/ip o no esté al tanto de la lista de vulnerabilidades del s.o.? De momento, no hay más remedio que asumirlo, pero es impensable que el usuario tenga que conocer tales cosas; tal vez habría que repensarse los sistemas.
Y dice el título del mensaje que, al menos hasta el momento, podemos dar gracias, porque la mayoría de los virus más difundidos en los últimos meses (entre ellos el Sasser) aún habiendo creado grandísimos problemas, podrian haber sido infinitamente peores si hubieran (ya que podían), por ejemplo, formateado el disco duro de los equipos. ¿Qué pasará cuando el virus no lo escriba un chaval de 18 años por divertirse, sino alguna empresa/grupo con peores intenciones? Algún día ocurrirá algo realmente grave (y no sólo pensando desde el punto de vista económico), y ya será demasiado tarde...
A new kind of science

Anoche me terminé
"A new kind of science" de
Stephan Wolfram, y casi puedo decir que terminé con la pesadilla, porque este libro, no es que me haya decepcionado, es que me ha parecido extremadamente malo.
Más adelante matizaré y fundamentaré este simplista comentario, pero antes creo que es necesario establecer unos antecedentes previos para ponerte en situación, lector:
En primer lugar, para quien no lo sepa, Stephan Wolfram es un científico famoso, sobre todo, por ser el creador del extendido software Mathematica (se puede leer su biografía aquí). Con la tranquilidad económica que le ha proporcionado esto, se ha podido permitir el dedicar 10 años de su vida a la titánica tarea de desarrollar las teorías que expone en este voluminoso libro.
Es decir, que el autor debe de ser indudablemente muy inteligente; es por esto que me entran dudas acerca de mi valoración sobre el libro (¿no seré yo el equivocado?) aunque, como veremos, mi opinión es compartida por mucha gente.
En segundo lugar, nunca había visto un libro con tan mala valoración por parte de los lectores en Amazon. Aunque hay comentarios positivos, con 4 ó 5 estrellas (sobre 5), la mayoría son negativos, con 1 ó 2 estrellas (y con unas valoraciones que, una vez leído el libro, comparto en gran parte).
Es decir, como mínimo, parece que no soy el único que tiene opinión negativa del libro.
Aún así, por lo visto, se vende bastante bien dentro de su categoría (a pesar de su precio) y ha creado bastante polémica (Nota: se puede leer on-line en la dirección puesta arriba).
Por último, a pesar de las críticas que le precedían, me decidí finalmente a leerlo una vez que lo ojeé, pues visualmente es muy atractivo gracias a sus más de 1000 imágenes.
Una vez expuestas estas premisas que detallan las circunstancias en las que me acerqué al libro, ya puedo pasar al comentario del mismo.
¿De qué va
A new kind of science? Pues su titulo dice exactamente lo que nos encontramos dentro (bueno, realmente, "querría decir" porque no creo que lo consiga). Su autor pretende desterrar, al menos en parte, todo el paradigma científico que actualmente se utiliza, fuertemente apoyado en el uso intensivo de las matemáticas, fórmulas y expresiones aritméticas.
¿Por qué, según el autor, no es válido dicho paradigma? Pues porque, en su opinión, sólo es válido para sistemas muy sencillos, no pudiendo dar respuesta a escenarios complejos.
Pero, como el título del libro incluye la palabra
"new", el grueso del volumen se dedica a exponer la nueva
"ciencia" que dice haber
"desarrollado" S. Wolfram y a intentar convencernos de sus bondades al tiempo que a intentar establecer todo nuestro modo de ver del universo (desde la física a la metafísica, pasando por la biología, las matemáticas o la computación; todo tendrá respuesta gracias a sus
"descubrimientos"). [Comillas y cursivas, evidentemente mías].
Y, ¿en qué se basa dicho paradigma científico? Pues, una vez eliminadas las matemáticas, la ciencia se sustenta en la utilización de programas informáticos; los cálculos aritméticos se ven sustituidos por computaciones. Y, en particular, gran parte de dichos programas son autómatas celulares, cuya salida gráfica ilustra abundantemente el libro.
A partir de aquí la tesis del autor se centra en varios puntos:
Programas muy simples pueden generar comportamientos muy complejos.
Dichos comportamientos complejos de los programas explican múltiples situaciones de la naturaleza que la ciencia actual no ha sido capaz de explicar/modelizar.
Al final, todo lo que existe en la naturaleza (incluyendo el ser humano) no deja de ser equivalente a uno de estos programas (y todos de una complejidad equivalente).
Y, por último, mis comentarios que establecen mi valoración:
Primero, es evidente que fueran como fueran las teorías expuestas, fuera como fuera el estilo del libro, unos objetivos tan ambiciosos y una ruptura tan radical con la ciencia actual iba a ser muy discutible, generando una fuerte polémica.
Segundo, como hechos positivos, no cabe duda que el libro tiene algunas ideas interesantes y que dan que pensar (en especial, la idea de irreductibilidad) aunque luego no se esté de acuerdo en su desarrollo y/o alcance. Otro aspecto positivo, es que a pesar de lo voluminoso (unas 1.200 páginas, de las cuales 850 son el texto en sí y 350 notas) el libro se deja leer fácilmente e incluso con soltura (las abundantes ilustraciones y la repitición machacona de ideas ayudan).
El primer aspecto crítico tal vez sea el más discutible, pues depende en cierta manera de creencias y opiniones. No estoy de acuerdo en esa visión del mundo tan atomista y determinista; o tal vez, detallando un poco más, no estoy de acuerdo en la radicalidad con que extiende sus consecuencias.
En cuanto al estilo, es muy repetitivo. La frase "como hemos demostrado en este libro, leyes simples pueden generar comportamientos complejos" (o alguna equivalente) se dice centenares de veces a lo largo del volumen (y no exagero, rara es la página en la que no aparece). El autor intenta convencernos de sus ideas a base de repetirlas una y otra vez, formuladas de forma equivalente. Además, peca de un egocentrismo poco adecuado para un libro científico: "yo, mi libro, he demostrado, he desarrollado, he descubierto,..." son expresiones que se repiten ad infinitum.
Y, las dos críticas en mi opinión mas graves. La primera es el carácter poco científico del libro. Infinidad de veces se hace referencia a cuestiones que se han demostrado a lo largo del libro, que en mi opinión, no lo han sido en absoluto (y no me refiero a una prueba formal, en sentido matemático, sino a un sentido más amplio de la palabra). Multitud de ocasiones, dada una característica de un sistema, lo que se hace es buscar un autómata/programa que muestre un comportamiento simplemente parecido y se dice que su teoría resuelve dicha problemática. A veces, creo que no queda clara la diferencia entre simulación y modelización.
Y la otra crítica importante se refiere a la novedad de lo presentado. Muchos de los "importantes y trascendentales hechos descubiertos y demostrados en el libro" no son tan nuevos, y el autor parece obviar todo lo que hay por detrás. Resultados clásicos de la ciencia/matemática/informática teórica son a veces ignorados completamente y a veces escondidos en las notas finales sin darle la importancia debida (fractales, tesis de Church-Turing, tesis de que P es distinto de NP en teoría de la complejidad, puerta NAND como regla sencilla que permite construir cualquier computador). Es decir, en gran parte, estamos ante un refrito de resultados anteriores a los que, eso sí, se les ha dado una interpretación mucho más radical.
Nota: como compensación y desquite, leyendo en
Babelía el pasado sábado una reseña de J.M. Sánchez Ron he encontrado el que posiblemente sea mi próximo libro de divulgación científica, y que me devolverá a la ciencia basada en las matemáticas:
Fórmulas elegantes. Grandes ecuaciones de la ciencia (VVAA., dirigido por Graham Farmelo, Tusquets).
Alejandro, el psicomago

Durante sus dos últimas emisiones el programa literario de
La 2,
Negro sobre blanco, ha estado ocupado por una extensa entrevista al chileno
Alejandro Jodorowsky, aprovechando el lanzamiento en España de su libro
Psicomagia (Ediciones Siruela).
De Jodorowsky sólo he leído hasta el momento un libro,
La danza de la realidad, pero multitud de
comics. Después de leerlo en ambos medios, verlo y oirlo en TV, creo que el personaje es más interesante en su lado más místico, de psicomago, que como guionista de tebeos, en los que no deja de repetir recurrentemente las ideas centrales de su pensamiento, semi-ocultas por alguna capa de fantasía y/o ficción científica (ojo, no quiero decir que sus comics sean malos, hay de todo, buenos y malos, habiendo colaborado con inmensos dibujantes).
Sin embargo, el verlo hablar es distinto, suelta las amarras, pone una sonrisa en la boca y comienza su disertación desordenada, plagada de experiencias personales y citas, del torrente de ideas que conforman su universo. A mí, una persona altamente racional y de mente cuadriculada, sorprendentemente me atrae el oir hablar a Jodorowsky, a pesar de que su narración se mueva en un ámbito espiritual y místico.
No cabe duda que la idolatración que le profesa Dragó puede aumentar el poder empático en las entrevistas comentadas, pero también es indudable que es una persona altamente inteligente, que ha decidido no restringir su vida a unos cauces habituales. De esta forma, lo que de otra forma para mí no dejaría de ser un charlatán se convierte en una persona muy interesante.
Arrancad las semillas, fusilad a los niños
Arrancad las semillas, fusilad a los niños de
Kenzaburo Oé es el último libro que he leído.
Libro duro, muy duro, cuya lectura te deja con mal cuerpo.
Continuas exclusiones salpican esta novela, donde los excluidos, además del propio estigma de serlo, son vejados, golpeados, abandonados a su suerte: los campesinos frente a los niños, los japoneses frente a los coreanos, los libres de culpa frente a los condenados, los que huyen frente a los que quedan, los habitantes frente a los extraños, los que sucumben frente a los que resisten, los leales frente a los desertores, los perseguidos frente a los perseguidores, los sanos frente a los enfermos y, finalmente, los vivos frente a los muertos.
Triste, muy triste todo, y lo peor la sensación de verosimilitud: todo lo que ocurre no sería extraño que ocurriera; y menos en tiempos de guerra, donde un pueblo, el japonés, espera la ya inevitable derrota. Pero siempre quedarán víctimas, un escalón por debajo, en los que descargar la rabia contenida.
Pese a todo, su dureza y tristeza, buena novela que merece la pena leer.
La semana del Saló

Aprovechando que entramos en la semana del
22º Saló Internacional del Còmic de Barcelona, el más importante evento nacional relacionado con las viñetas, voy a hacer unas pequeñas reflexiones sobre el
comic en España. Estas no dejan de ser una serie de pensamientos inconexos, que pueden ser escritos y después leídos por obra y gracia de tener un
blog, impresiones y opiniones personales, basadas en mis creencias y no en datos medibles. Vamos, que no intento sentar cátedra ni crear polémica.
En cuanto a las obras publicadas en España, creo que hemos llegado a un punto óptimo dada la posición socio-cultural del comic en nuestro país. Se publica bastante, de todos los géneros, estilos y procedencias. Naturalmente, a todos nos gustaría ser como Francia o que se públicara tal obra o a tal autor, pero dado lo que es el mercado/industria en España, creo que podemos estar más que satisfechos de las novedades que aparecen a lo largo del año (de hecho, incluso pienso que dado el mercado existente, se publican de más).
Eso sí, lo anterior tiene tres peros: uno, la debilidad de la producción nacional, siendo invadidos por obras de otros países; dos, la mayoría de las editoriales se basan más en el esfuerzo y empeño de sus responsables (de admirar, eso sí) que en una estructura financiera, personal y de medios técnicos que la sustente; y tres, los elevados precios de la mayoría de las obras (pero eso es consecuencia de lo escaso de las tiradas y del tamaño de las editoriales; por contra, la calidad de las ediciones suele ser bastante elevada).
¿La calidad artística de los comics publicados? Creo que, al menos en foros y bitácoras, hay una tendencia excesiva a encumbrar determinadas obras (a mí mismo se me escapan demasiados elogios cuando reseño algo que me gusta). Pero pocas, muy pocas obras, creo que tienen un nivel excelente. Eso sí, también es verdad que se publican una cantidad aceptable de las que se podría calificar como buenas (o, al menos, esa es mi impresión; aunque puede ser que esté distorsionada por lo mucho que selecciono actualmente mis compras, lo que me lleva a aciertos casí seguros).
Además, mantengo la esperanza de que dada la juventud del medio y su connotación social como medio menor, orientado al público infantil/juvenil, este no haya alcanzado ni de lejos los niveles artísticos/expresivos que puede llegar a ofrecer: aún estamos por ver la "gran obra", aquella que se convierta en referente, como pueden serlo, salvando las distancias, el Ciudadano Kane o el Quijote...
Y, por último, me preocupa la constatación de que se están reproduciendo en el pequeño ámbito del comic algunos de los males del sector editorial generalista: una carrera de las editoriales por ver quién saca más novedades al mercado cada mes, intentando copar la mesa de novedades de las librerías, y un altísimo grado de rotación, dejando en un segundo plano el fondo (por no citar la casi inexistencia de ediciones de "clásicos" [otra tema sería determinar qué significa esto y a qué obras se le puede poner tal etiqueta, dada la juventud del medio]). Claro que, aquí, parte de la culpa la tiene el comportamiento de parte de los aficionados, que incluye un grado importante de "coleccionismo" que le lleva a adaptar sus compras más al flujo de lanzamientos que a sus intereses y gustos.