La ascensión del gran mal, 4

Aunque tal vez me haya gustado algo menos que el
anterior volumen, el cuarto tomo de
"La ascensión del gran mal" es un gran tebeo, como lo es toda la serie (desde mi punto de vista, de lo mejor, si no lo mejor, en viñetas de los últimos años).
El
"gran mal" es ya aceptado por toda la familia, incluida la rendición del propio Jean-Cristophe ante su enfermedad.
Así, la narración se centra más y más en el mundo interior de David B. Un mundo que, realmente, entre lecturas fantásticas e historicas, medicinas alternativas y esoterismos varios, debió de ser muy rico e influyente para el niño/joven que era por aquel entonces el narrador. Un mundo que dejó un poso de imágenes que ahora son vomitadas con maestría sobre el papel (
"...de pronto, todo me resulta evidente: sólo los libros fantásticos pueden transmitir la realidad desfasada en que vivo...").
No hay apenas viñetas cómodas para el autor, sino que en todas ellas realiza un trabajo enorme de síntesis narrativa-visual, logrando una expresividad máxima. No es, evidentemente el único camino, pero David B. nos demuestra que el
comic es un medio de expresión autónomo, con sus propias reglas y que puede llegar (aunque casi nunca se consigue) a altas cotas de calidad.