Nabokov en DVD

Leo en
"EL PAÍS" que se publica en DVD, entre otras, pero esta es la que me interesa a mí, la entrevista que le hizo Bernard Pivot a Nabokov en 1975 en el programa de la televisión
"Apostrophes".
La posibilidad de ver una entrevista al novelista ruso me hace la boca agua (aquellos que hayan leído
"Opiniones contundentes" pueden imaginar por qué). Y el primer párrafo del artículo citado aumentan, si cabe, las ganas:
Vladímir Nabokov, que odiaba ser entrevistado, aceptó conversar con Bernard Pivot en 1975, en los inicios de su prestigioso programa cultural Apostrophes, de la televisión pública francesa Antenne 2, si bien le puso al periodista dos condiciones. La primera: conocer de antemano, por escrito, las preguntas, para escribir él, a su vez, las respuestas y poder leerlas disimuladamente durante la emisión. Y la segunda, dada la larga duración de la charla -en torno a una hora-, tener la posibilidad de tomar algún que otro sorbo de whisky sin que los telespectadores se apercibieran de ello. Pivot no lo dudó. Y, aunque el primer requisito contravenía el espíritu periodístico de Apostrophes, pesó más en él la oportunidad de compartir mesa y micrófono con el autor de Lolita. Sobre lo de la copa, el propio Nabokov halló la solución. "Usted", le dijo a Pivot, "pone el whisky en una tetera, y, durante el programa, me va preguntando: '¿Le sirvo un poco más de té, señor Nabokov?".
Precisamente, la semana pasada leí
"Pnin". El poder de sorpresa de la obra de Nabokov no tiene límites para mí; novela tras novela, consigue dejarme con la boca abierta. Jugando con las palabras como sólo él sabe hacer, construye esta vez una obra donde la ironía y el humor toman el mando. Pero, pese al tono jocoso, aparecen párrafos tan bellos, al tiempo que aterradores (o tan aterradores, al tiempo que bellos), como el siguiente:
Lo que la parlanchina Madam Shpolyanski mencionó había hecho aparecer como por arte de magia una visión extraordinariamente intensa de Mira. Esto era molesto. Sólo desde la fría objetividad de una enfermedad incurable, en la cordura de la proximidad de la muerte, cabía pensar en la posibilidad de hacer frente durante un momento a semejante impresión. Para poder llevar una existencia racional, Pnin se había enseñado a sí mismo, a lo largo de los diez últimos años, a no acordarse nunca de Mira Belochkin; y no porque, en sí misma, la evocación de un enamoramiento juvenil, trivial y breve, constituyese una amenaza contra la paz de su espíritu (los recuerdos, ay, de su matrimonio con Liza eran tan imperiosos que se bastaban y sobraban para alejar con su ubicua presencia cualquier amorío anterior), sino porque, para alguien que deseara ser sincero consigo mismo, no era posible que subsistiera ninguna clase de conciencia, ni tampoco por tanto consciencia, en un mundo donde cupieran cosas como la muerte de Mira. Había que olvidar; porque no se podía vivir con la idea que esta gentil, frágil y tierna joven con aquellos ojos, aquella sonrisa, aquellos jardines y nieves en el fondo, había sido conducida en un vagón de ganado a un campo de exterminación, para ser asesinada allí por medio de una inyección de fenol en el corazón, en el amable corazón que él mismo había escuchado latir bajo sus propios labios en la penumbra del pasado. Y como la forma exacta de su muerte no había quedado registrada, Mira moría una y otra vez un gran número de muertes en la imaginación de Pnin, y experimentaba un gran número de resurrecciones, aunque sólo para morir de nuevo, repetidamente, conducida por una enfermera especialmente adiestrada al lugar dónde le sería inoculada quién sabe qué porquería, bacilos del tétanos, cristales rotos, o para ser sometida a un simulacro de duchas de gases, de ácido prúsico, o quemada viva en un pozo sobre un montón de leña de haya empapada de gasolina. Según el investigador con el que Pnin conversó casualmente en Washington, lo único seguro era que como se encontraba demasiado débil para trabajar (aunque seguía sonriendo, aunque seguía ayudando a otras mujeres judías), fue elegida para la muerte e incinerada a los pocos días de su llegada a Buchenwald, en el bello y boscoso Grosser Ettesberg, que es el resonante nombre con el que se conoce a aquella región. Se encuentra a una hora de camino de Weimar, la ciudad por la que pasearon Goethe, Herder, Schiller, Wieland y el inimitable Kotzebue entre otros.
Nota: más información sobre el DVD con la entrevista
aquí.
Portadas (cuatro): Al morir don Quijote

Aún no sé si será el siguiente, pero
"Al morir don Quijote" de Andrés Trapiello está en la cima de la pila de libros pendientes de lectura (bueno, realmente no es así, la pila ya es tan alta que está organizada en tres columnas, aprovechando el ancho de la mesita; este es la cima de la columna de la izquierda).
Y desde esta ubicación privilegiada, sin ningún otro volumen que le estorbe su visión, la chica de la portada me mira con picaruela sonrisa, asomada a su ventana, espectadora desde dentro, dejando de forma despreocupada pasar el tiempo (un tiempo detenido para siempre para ella, ya sea en el instante puntual de la pintura, ya sea en el intervalo limitado de la novela), segura en su posición.
Atraido por su sonrisa, busco en las solapas hasta dar con el origen de la imagen:
"Dos mujeres en la ventana" de Murillo.
"¡Vaya! ¡Aquí falta una!", me digo, y me lanzo a su búsqueda, en pos de la segunda mujer.
La encuentro. También sonrie pero, evidentemente, la atracción no es la misma. Oculta parcialmente su rostro, y la lozanía de su acompañante hace ya tiempo que la abandonó.
Algo similar debió de pensar el diseñador del volumen al dejarla fuera.
50 años de Humbert Humbert
Tendría ahora 62 años, y quizá una nieta de 12, a la que habrían puesto otro nombre para alejar de ella el morbo famoso.
Eduardo Haro, hablando de
Lolita, ese personaje de ficción cuyo nombre se ha incorporado al lenguaje (
"Mujer adolescente, atractiva y seductora", dice la RAE).
La presencia en los medios estos días de la novela es continua (ilustrada por imágenes de la película de Kubrick), debido la celebración de los 50 años de su primera edición, fechada para el jueves (al menos eso dice
"El país", aunque en otros medios no lo dejan tan claro).
Se me hace un poco extraño la conmemoración del aniversario de una novela. Primero, por el propio hecho del aniversario en sí (aunque si se hace con el
Quijote, por qué no con
Lolita). Pero, además, ¿por qué fechar dicha celebración el día exacto de su publicación? ¿no es darle excesiva prioridad al aspecto comercial de la escritura (y más en un caso como este, en que a Nabokov le costó bastante verla publicada)? Puestos a marcar un día en el calendario, ¿por qué no el de la primera idea del autor, el fin de la escritura de la primera versión, el fin de la correción o el envío al editor? Aunque, bien visto, puede que no sea una mala fecha, pues marca el momento desde el que está a disposición del lector.
Supongo que parecerá tópico, dada la cantidad de información en los medios y mensajes en bitácoras aparecidos estos días, pero aquí está el mio. Supongo que también parecerá muy tópico el incluir las primeras líneas del libro, e incluso hacerlo tanto en la versión original como en la traducida. E, incluso, se me podrá achacar que ya lo hice unos
meses atrás, cuando terminé la última relectura. Pero también están aquí ambos fragmentos:
Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Mi pecado, mi alma. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita
Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul. Lo-lee-ta: the tip of the tongue taking a trip of three steps down the palate to tap, at three, on the teeth. Lo. Lee. Ta.
She was Lo, plain Lo, in the morning, standing four feet ten in one sock. She was Lola in slacks. She was Dolly at school. She was Dolores on the dotted line. But in my arms she was always Lolita.
Decía que todo es excesivamente tópico (para salir un poco de la norma, en el título del mensaje he evitado el omnipresente
Lolita, dando el cambiazo por
Humbert Humbert), pero es difícil resistirse a hablar de una de mis novelas preferidas. De la que me espera, desde hace unos meses, el original inglés (en una versión anotada) entre la pila de libros pendientes; aunque impone bastante el acercarse a los juegos linguísticos del autor ruso sin la ayuda de la traducción.
Y, tras todo este ruido mediático, ¿cuantos de los lectores de periódicos o de espectadores de
telediarios conocen la novela? ¿cuantos la han leído o cuantos la leerán?
Supongo que pocos, pero sean los que sean, ¡bienvenidos al club!
Oda al trabajo
[...] Ya se ha aludido más arriba a la tan grandilocuente como sospechosa apología del trabajo, al género literario "Oda al trabajo", indecente tachunda que, especialmente a partir de la llamada "Revolución industrial" del siglo XIX, han acabado por entonar a voz en cuello y a tres voces, pero sinérgicamente concertadas, liberales, marxistas y cristianos. A las que, dicho sea de paso, no podía dejar de sumarse el sumo pedagogo de la infancia y máximo corruptor de menores, por boca de sus repugnantes, subhumanos y obscenos enanitos, cantada con la sana y auténtica alegría del trabajador honrado y diligente, con sus picos y palas al hombro, camino de la mina, que, para mayor ejemplaridad, premio y escarnio, no era, ciertamente de carbón, sino de piedras preciosas, en aquella tan celebrada superproducción de dibujos animados "Blancanieves y los siete enanitos". Esta versión disneyana, expresamente dirigida a los niños, no hace sino completar y confirmar la naturaleza de las apologías del trabajo como expresión e instrumento pedagógico e ideológico, común a las tres doctrinas, para glorificar, bañándolo en la almibarada moralina, el carácter opresor y represor del principio de Producción que denuncia Baudrillard.
Nuevamente, un desatado Rafael Sánchez Ferlosio en
"Non olet".
Nota: aunque aquí copie únicamente los párrafos más
"sonoros", aquellos que se prestan al juego de la selección sin contexto, es un libro más que interesante (y posiblemente, aunque eso ya dependerá de opiniones, lúcido).
Mil grullas (o tal vez, sólo una en la taza de té)

Leo (de forma absorbente, casi sin parar)
"Mil grullas" de Yasunari Kawabata. Termino fascinado; eso sí, con la duda de si la fascinación proviene del libro en sí o de la descripción de la cultura japonesa, en especial la ceremonia del té, que articula toda la novela.
Dice Amalia Sato en la introducción del libro:
La trama de "Mil grullas" (Sembazuru) gira alrededor de uno de los ritos consagrados de la cultura japonesa, la ceremonia del té, encuentro que desde el siglo XIII pacificaba a los guerreros. Para imaginar las escenas con los objetos apropiados se justificaría la consulta de una enciclopedia de arte: las grullas del pañuelo son un auspicioso símbolo de longevidad; los tazones ceremoniales de cerámicas renombradas: el Oribe oscuro con toques de blanco y diseño de helechos de la primera ceremonia; la jarra Shino de esmalte blanco y tenue rojo para la ofrenda floral fúnebre; el par de Raku, negro y rojo, tazones marido-esposa; el terrible Shino cilíndrico con la huella imborrable de un lápiz de labios, que será lanzado en una suerte de exorcismo pero cuyos pedazos habrá que enterrar con respeto; el Karatsu verduzco con toques de azafrán y carmesí, de asimétrica factura coreana que conformará con el anterior otra bella pareja de objetos-fantasma. Las acuarelas de Sotatsu y las caligrafías del poeta Muneyuki que decoran el altar estético. Es el refinado mundo de la ciudad de Kamakura, son los entornos del templo zen Engakuji.
[...] Al recibir en 1968 el Premio Nobel, para el que mucho colaboraron las espléndidas traducciones al inglés de Edward Seidensticker, Kawabata incocó el bello Japón, el Japón estético que desde el siglo XIX intriga a Occidente. Un Japón tradicional, "que se ha ido", pero que él encontraba en espacios naturales alejados de lo urbano o en los lugares donde se cumplían los viejos ritos: "el otro mundo", ajeno a la cotidianidad, donde hay una regresión a lo maternal al dejarse dorminar el hombre por el sentimiento de amae (sacar provecho de la benignidad de otro, mostrarse como un niño consentido). Aquí, la casita del jardín, donde se practica la ceremonia del té, espacio reservado donde los tazones se cargan de una emotividad que desafía el tiempo y en el cual el rito convoca a un eros que se vierte en cada gesto, contaminando a sucesivas generaciones de amantes [...]
Amor, sexo, manipulación, muerte y celos no faltan en la trama. Sin embargo todo se presenta al lector (o al menos, a mí) de forma suave, natural, no violenta, fluye como el té, hasta caer a su recipiente final, esos tazones con nombre, heredados de padres a hijos, regalados de amante a amante, que terminan identificando a cada uno de los personajes.
Ese fluir de la narración, esa finalidad estética, me recuerdan a este fragmento de Asai Ryoi que utilicé en mi primera
entrada dedicada al
ukiyo-e:
Sólo vivimos para el instante en que admiramos el esplendor del claro de luna, la nieve, la flor del cerezo y las hojas multicolores del arce. Gozamos de día excitados por el vino, sin que nos desilusione la probreza mirándonos fijamente a los ojos. Nos dejamos llevar -como una calabaza arrastrada por la corriente del río- sin perder el ánimo ni por un instante. Esto es lo que se llama el mundo que fluye, el mundo pasajero.
Y, cuando ya estoy acabando la lectura, descubro que este libro ha estado desde siempre a mi alcance, en casa de mis padres, en una edición de Circulo de Lectores de 1969, con el título de
"Una grulla en la taza de té" en la portada.
Pero no sólo cambia la traducción del título, sino que el texto castellano de ambas versiones es muy diferente. Por poner un ejemplo, copiaré el comienzo de ambas versiones.
La traducción de María Martoccia para Emecé editores comienza así:
Aun cuando había alcanzado a llegar a Kamakura y al templo Engakuji, Kikuji no sabía si acudiría a la ceremonía del té. Ya llegaba tarde.
Siempre que Kurimoto Chikako oficiaba la cermonia del té en la morada interior del Engakuji, él recibía una nota. Sin embargo, no había asistido ni siquiera una vez desde la muerte de su padre. Consideraba las notas tan sólo como gestos formales en memoria de su padre.
Esta vez había una posdata: ella quería que él conociera a una joven a quien estaba dándole clases para la ceremonia del té.
Y la versión de Luis Salvador para Circulo comienza:
Kikuji había entrado ya en el recinto del templo Engakuji, en Kamakura, pero estaba aún indeciso. ¿Asistiría o no a esa reunión del té a la que había sido invitado? Y, por otra parte, ¿no iba a llegar demasiado tarde?
La señorita Kurimoto Chikako, profesora en el arte del té, no olvidaba nunca invitarle cada vez que organizaba una de sus reuniones en un pabellón del jardín del templo; pero Kikuji jamás había asistido a ellas desde la muerte de su padre, por condierar que tales invitaciones respondían solamente a un rasgo de cortesía en atención a su difunto padre. Así, pues, no les concedía la menor importancia.
Pero en la actual invitación la anfitriona había insistido con mucho interés, añadiendo en ella algunas líneas escritas de su propia mano, diciéndole que tenía sumo empeño en presentarle a una de sus jóvenes alumnas.
Publicitarios
Los únicos a los que aún cabría atribuir notables dotes de listeza parece que serían precisamente los publicitarios, siquiera haya de ser a costa de haberse degradado hasta el extremo más abyecto de envilecimiento, degeneración y corrupción intelectual. Y ellos son el conducto principal y el paradigma del inmenso poder de influencia que ha llegado a tener la Economía sobre la cultura y sobre las propias formas de la vida. Todos los anuncios, amén de la mera existencia de la publicidad, son un agravio al hombre y cualquier vida plausiblemente humana, pero ningunos llegan a ser tan ultrajantes como los específicamente dirigidos al consumo de las mujeres, por no hablar ya del grado literalmente perverso y canallesco de los que se dirigen a los niños; ni la meliflua bruja de "Hänsel y Gretel", con su casita de bizcocho y caramelo, supo llegar a tanto.
Rafael Sánchez Ferlosio, sin pelos en la lengua, explayándose y generalizando en
"Non olet".
Más simplificación numérica
Siguiendo con el tema de la simplificación númerica, ya tratado en
otra anotación, dos fragmentos de
"Sefarad" de Muñoz Molina:
[...] no es un fantasma, ni un personaje de ficción, es alguien que pertenecía a la vida real tanto como yo, que tuvo un destino tan único como el mío aunque inimaginablemente más atroz, una biografía que no puede ser suplantada por la sombra bella y mentirosa de la literatura ni reducida a un dato aritmético, una cifra ínfima en el número inmenso de los muertos.
Otros muertos para los que tampoco hubo tumbas ni inscripciones perduran en la multitud alfabética de sus nombres: en una página de Internet he encontrado, en letras blancas sobre fondo negro, la lista de los sefardíes de la isla de Rodas deportados a Auschwitz por los alemanes. Habría que ir leyéndolos uno por uno en voz alta, como recitando una severa e imposible oración, y entender que ni uno solo de esos nombres de desconocidos puede reducirse a un número en una estadística atroz. Cada uno tuvo una vida que no se pareció a la de nadie, igual que su cara y su voz fueron únicas, y que el horror de su muerte fue irrepetible, aunque sucediera entre tantos millones de muertes semejantes. Cómo atreverse a la vana frivolidad de inventar, habiendo tantas vidas que merecieron ser contadas, cada una de ellas una novela, una malla de ramificaciones que conducen a otras novelas y otras vidas.
Y,
esta anotación de
"La decadencia del ingenio", titulada
"La cifra", y escrita el siete de julio, cuando parecía que había necesidad de noticias, lo deja todo claro:
"14:49. Las autoridades británicas aseguran que comunicarán el número de muertos en las próximas dos horas."
Lo peor no será el número, sino los nombres.
Interludios

Insertos entre relecturas o lecturas aplazadas de volúmenes más gruesos, han caído en las últimas semanas tres libritos, por tamaño, que no por calidad.
Los dos primeros a citar (pero los últimos, si me atengo al orden cronológico de lectura) han sido dos relatos de Henry James,
"El mentiroso" y
"Diario de un hombre de cincuenta años". En ambos, los respectivos protagonistas, solteros (¿
alter ego del autor?) se enfrentan, años después, con antiguos amores: el reencuentro con la amada, en el primero de los casos, o el recuerdo de la misma, reflejado en la hija, en el segundo. Enfrentamiento con el rival, el actual esposo, por un lado, y apadrinamiento del pretendiente de la hija, en que se ve reflejado, una generación después, el narrador.
Triángulo y cuadrado amoroso, que no son sino un excelente vehículo para el lucimiento de James; desde mi punto de vista, muchísimo más agudo y divertido
"Diario de un hombre de cincuenta años" con, además, unas estupendas líneas finales.
Y si, en este, Florencia y su belleza se convierten en escenario necesario para la acción y el estado de ánimo del narrador, Venecia es la protagonista absoluta de
"Marca de agua" de Joseph Brodksy. No hay diferencia entre la ciudad y el estado de ánimo, sino que esta todo lo engulle (al menos, en invierno, un poco más a salvo de las masas turísticas). Su belleza da lugar, no podía ser de otra forma, a un bello libro:
El encaje alzado de las fachadas venecianas es el mejor rastro que el tiempo, alias agua, haya dejado nunca sobre tierra firme. [...] Es como si el espacio, más consciente aquí que en ningún otro lugar de su inferioridad frente al tiempo, le respondiera con la única propiedad que éste no posee, con la belleza. Y es por esta razón por lo que el agua toma esta respuesta, la retuerce, la golpea y la rompe en pedazos, aunque al final la recoja y la lleve consigo hasta depositarla, intacta, en el Adriático.
Portadas (tres): Alba Editorial
Hace ya unos cuantos meses comencé lo que pretendía de ser una serie de anotaciones centradas alrededor de un tema, las portadas de libros. Sin embargo, el intento no llegó muy lejos, un par de ellas (y alguna que ya había escrito antes de empezar la serie como tal).
Hoy, al pasar por la librería, me encuentro con una pila de libritos de regalo. Bajo el título de
"10 años de clásicos. 1995-2005", se esconde el catálogo del fondo editorial de clásicos de
Alba, que celebra su décimo aniversario.
Como se indica en el breve texto que aparece antes de listado de obras, se han centrado en la recuperación de clásicos de los siglos XVIII-XX, dando lugar a un catálogo coherente y más que interesante. Y (esto ya lo digo yo) al hojear el catálogo, y fijarse en las portadas, además del gran valor estético de las mismas, no se puede obviar la coherencia en la selección de los lienzos (aunque se cuela alguna ilustración y alguna fotografía) que aparecen en ellas, manteniendo un estilo (pese a que se mezcla impresionistas con prerrafaelitas) congruente y acorde con el espíritu de sus libros.
No son, aquí, secundarias las portadas. Forman una serie, un
fondo; seguro que la elección no ha sido caprichosa, sino que se ha hecho con cuidado, con un sentido comunicativo y estético.
Complementan, son parte de hecho, el proceso de edición y, por qué no, cumplen su labor: atraen visualmente al potencial comprador, al tiempo que refuerzan el sentido de colección.
Por cierto, ya en casa, veo que uno de los libros de Alba,
"Rudin" de Turgéniev, tiene en portada el mismo lienzo, un fragmento de
"Les Roses" de Peder Severin Kroyer, que el libro que he comprado hoy,
"El mentiroso" de Henry James, en edición de
Funambulista.
En unos días hablaré de este último, así como de otro librito del mismo autor que leí ayer (sí, es que más que una novela corta es, aunque publicado en un volumen, un relato corto),
"Diario de un hombre de cincuenta años" y de
"Marca de agua" de Joseph Brodsky, relacionado (aunque sólo sea geográfica y estéticamente, y sólo para mí) con este último.
La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy
Durante las últimas semanas no he comentado por aquí ninguna de mis lecturas; bien es verdad, que se podría pensar a que apenas si he escrito en la bitácora en este periodo. Pero en cualquier caso, mis últimas semanas han estado ocupadas casi en su totalidad en un único volumen, en la relectura de
"La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy" de Laurence Sterne.
He encontrado el siguiente texto de Dietrich Schwanitz (extraido de
"La cultura") que se ajusta bastante bien a lo que podría decir yo de esta alocada, al tiempo que genial, novela:
[...] una de esas novelas que constituye por sí misma un cosmos y un compendio de la cultura de su época, pero que sólo puede leerse en vacaciones, cuando uno tiene la sensación de disponer de muchísimo tiempo para la lectura y le apetece interrumpirla en cualquier momento con una comida o un baño: "Tristram Shandy" (1760-1767) de Laurence Sterne (1713-1768). El tema de esta novela es precisamente la interrupción. Su mismo protagonista es fruto de un coitus interruptus. En ella cada historia queda interrumpida por la narración de la historia y cada acción por la planificación de la acción. Lo mismo le ocurre a la propia novela, que relata la vida de su narrador, Tristram Shandy, y por lo tanto es una autobiografía ficticia. Para explicar cada uno de los episodios, el narrador se ve obligado a remontarse a una historia anterior, con lo que la narración, en vez de avanzar, acaba siempre retrocediento. En todo un año, el narrador sólo consigue llegar hasta el día de su nacimiento.
[...] El libro esta lleno de una erudicción estrafalaria y rebosa de alusiones obscenas, que ilustran la convicción de Sterne de que no puede haber una comunicación absolutamente libre de ambigüedad.
[...] En resumen, "Tristram Shandy" es una de las novelas más extrañas, inteligentes e ingeniosas que jamás se hayan escrito. Para leerla, hace falta tener una sola cosa: tiempo.
Yo, ni la he leído en vacaciones ni he dispuesto de mucho tiempo, por lo que me ha llevado como mes y medio; eso sí, mes y medio de sonrisa continua.
Día del libro (y III)
Por último, la obligada visita a la librería, aprovechando los descuentos especiales del día.
Además de un volumen para regalo (y que, por razones obvias, no puedo identificar aquí) me he comprado dos libros:
- "Foe" de J. M. Coetzee. Creo que no lo llegué a comentar en la bitácora, pero hace unas semanas me leí "Elizabeth Costello", también del Nobel sudafricano, y quedé deslumbrado. A cada novela de este autor, voy quedando más y más atrapado, incitándome a seguir consiguiendo el resto de obras.
- "Alemania: Jekyll y Hyde" de Sebastian Haffner. Segun el texto de contraportada:
Londres, 1939. El periodista alemán Sebastian Haffner, que ha huido de las atrocidades del nazismo, escribe desde la precariedad del exilio un certero retrato de la Alemania hitleriana. Con una prosa afilada y combativa, indaga en las luces y las sombras del pensamiento político alemán, denuncia las imposturas ideológicas del régimen nazi y desenmascara sus engaños, para demostrar que no se puede identificar a Alemania con el nazismo y que los ciudadanos alemanes fueron los primeros en ser sometidos por el yugo de Hitler.
[...] Escrito en pleno apogeo de la pesadilla hitleriana y publicado por primera vez en Inglaterra en 1940, este libro de desbordante lucidez es un alegato contra la barbarie nazi y una sagaz indagación en las raíces del mal y de la locura elevados a categoría política.
Pero, no me he limitado a ir a la librería, sino que antes he pasado por la biblioteca y me he agenciado otros dos volúmenes:
"Muerte de un viajante" de Arthur Miller, y
"La hija de la guerra y la madre de la patria" de Rafael Sánchez Ferlosio.
Veremos a ver de dónde saco el tiempo.
Día del libro (II)
El segundo mensaje del día del libro, parte de una lista de distribución a la que estoy suscrito, en la que es costumbre de los miembros enviar sus recomendaciones.
Mis elecciones han sido las siguientes:
- "Lolita" de Vladimir Nabokov, en ficción (un texto mio anterior aquí).
- Y "Mientras no cambien los dioses nada habrá cambiado" de Rafael Sánchez Ferlosio, como ensayo (un texto mío anterior aquí).
Nada nuevo para el que lea la bitácora, pero siempre está bien volver a recomendar estas cosas, aún a riesgo de ser repetitivo.
Día del libro (I)
Voy a repetir la tradición comenzada el
año pasado en mi bitácora de escribir, en el día del libro, tres mensajes: el primero con un fragmento del Quijote (he dudado mucho en incluir o no este primer mensaje, pues parece demasiado tópico este año, aunque al final he optado por hacerlo), el segundo con unas recomendaciones que hago en otro sitio y que aprovecho para copiar aquí, y el tercero con el resultado de la visita a la librería.
Empecemos, pues, con el Quijote:

De allí a dos días se levantó don Quijote, y lo primero que hizo fue ir a ver sus libros; y, como no hallaba el aposento donde le había dejado, andaba de una en otra parte buscándole. Llegaba adonde solía tener la puerta, y tentábala con las manos, y volvía y revolvía los ojos por todo, sin decir palabra; pero, al cabo de una buena pieza, preguntó a su ama que hacia qué parte estaba el aposento de sus libros. El ama, que ya estaba bien advertida de lo que había de responder, le dijo:
-¿Qué aposento, o qué nada, busca vuestra merced? Ya no hay aposento ni libros en esta casa, porque todo se lo llevó el mesmo diablo.
-No era diablo -replicó la sobrina-, sino un encantador que vino sobre una nube una noche, después del día que vuestra merced de aquí se partió, y, apeándose de una sierpe en que venía caballero, entró en el aposento, y no sé lo que se hizo dentro, que a cabo de poca pieza salió volando por el tejado, y dejó la casa llena de humo; y, cuando acordamos a mirar lo que dejaba hecho, no vimos libro ni aposento alguno; sólo se nos acuerda muy bien a mí y al ama que, al tiempo del partirse aquel mal viejo, dijo en altas voces que, por enemistad secreta que tenía al dueño de aquellos libros y aposento, dejaba hecho el daño en aquella casa que después se vería. Dijo también que se llamaba el sabio Muñatón.
-Frestón diría -dijo don Quijote.
-No sé -respondió el ama- si se llamaba Frestón o Fritón; sólo sé que acabó en tón su nombre.
-Así es -dijo don Quijote-; que ése es un sabio encantador, grande enemigo mío, que me tiene ojeriza, porque sabe por sus artes y letras que tengo de venir, andando los tiempos, a pelear en singular batalla con un caballero a quien él favorece, y le tengo de vencer, sin que él lo pueda estorbar, y por esto procura hacerme todos los sinsabores que puede; y mándole yo que mal podrá él contradecir ni evitar lo que por el cielo está ordenado.
-¿Quién duda de eso? -dijo la sobrina-. Pero ¿quién le mete a vuestra merced, señor tío, en esas pendencias? ¿No será mejor estarse pacífico en su casa y no irse por el mundo a buscar pan de trastrigo, sin considerar que muchos van por lana y vuelven tresquilados?
-¡Oh sobrina mía -respondió don Quijote-, y cuán mal que estás en la cuenta! Primero que a mí me tresquilen, tendré peladas y quitadas las barbas a cuantos imaginaren tocarme en la punta de un solo cabello.
No quisieron las dos replicarle más, porque vieron que se le encendía la cólera.
Ilustración de Mingote.
Es una verdad reconocida por todo el mundo que un hombre soltero...

A
C. le gustan mucho ("con locura" me pide el cuerpo escribir aquí) las novelas de Jane Austen, que relee una y otra vez, incansablemente; y, por extensión, le suelen gustar también bastante las películas y series (de la BBC) basadas en las mismas (con especial predilección por
"Orgullo y prejuicio" y la aparición estelar de Colin Firth en el papel de
Mr. Darcy; aunque esto último no parece ser exclusivo de
C., sino que la experiencia muestra que está bastante extendido entre el género femenino).
C. intenta contagiarme su pasión por Jane Austen. Ya consiguió que me leyera
"Orgullo y prejuicio" hace un tiempo, y ahora no para hasta que acepto
"Persuasión". Me lo entrega con una medio amenaza flotando en el aire:
"... y cuando termines de leerlo, lo comentas en el blog, y dices lo mucho que te ha gustado...". ¿Tengo yo prejuicios hacia una novela que se podría considerar romántica, tal vez fuera de la imagen que (quiera o no quiera, consciente o inconscientemente) transmito en la bitácora, y es necesario que me reten, o los tiene realmente
C., pese a su adoración?
Bueno, obediente que soy, termino leyendo
"Persuasión". Ciertamente, me parece muy divertida, bien escrita y construida, aunque con un final un tanto apresurado. No voy a ser yo, desde luego, quien venga a discutirle méritos a un clásico. Igualmente me gustaron
"Orgullo y prejuicio" y la adaptación televisiva de esta.
Le devuelvo el volumen a su propietaria, pero me dice
que no, que me lo quede, que lo tengo que utilizar para escribir la reseña en el blog.
Perfecto, le digo,
pero saldrás tú en un papel estelar,... junto a Colin Firth, agrego. Y en eso estoy, escribiendo la historia de como terminé leyendo
"Persuasión" (por cierto,
C. también me acusa de haber empezado a leer a la Austen a partir de descubrir que esta era admirada por V. Woolf).
Evidentemente, todo lo anterior, medio en broma, medio en serio, con el mayor de los cariños para
C., en particular, y los lectores de Austen, en general.
Libros de editor

Tres libros escritos por editores había leído, hasta ahora, en el último año:
"Editar Guerra y Paz" y
"Lo peor no son los autores" de Mario Muchnik y
"Editing" de, su padre, Jacobo Muchnik.
No es difícil, tal vez todo lo contrario, para un lector habitual el sentir empatía con los autores cuando uno se enfrenta a una autobiografía editorial, y más en estos casos de editores independientes, casi contracorriente; la sóla sucesión de anécdotas en su trato con los autores, traductores, distrubidores y otros editores ya merece la pena. La barrera de entrada es muy pequeña, casi no importa el estilo (normalmente sencillo y directo), basta con meterse un poco en el mundillo.
Esta semana ha salido otro libro escrito por un editor, editora en este caso:
"Confesiones de una editora poco mentirosa" de Esther Tusquets, hasta hace muy poco la directora de Lumen.
En este caso, además, se añade la circunstancia de que a la Tusquets la había seguido en su tarea como novelista (hace unos años, tres o cuatro, me leí, una detrás de otra, todas sus novelas, excepto una que no llegué a encontrar; evidentemente, esta lectura compulsiva fue porque me gustaron; la verdad es que, a día de hoy, recuerdo poco de ellas, pero en su momento me engancharon mucho; tal vez deba ponerlas en la pila de relecturas pendientes).
Así, las ganas por leer este libro eran grandes y, en contra de lo habitual, he comprado una novedad calentita en la librería, recién salida de la imprenta, y la he devorado en apenas un día (esta semana he podido leer mucho más de lo habitual; posiblemente, si consigo sacar tiempo, en próximos días, más comentarios de libros).
Y, no, no decepciona. Y, sí, sí se simpatiza facilmente con la autora (incluida la típica carga de autocomplacencia habitual en cualquier autobiografía), y con los amigos de la autora, y los autores publicados por ella, y sus colecciones y libros.
Como pueden ver, efectivamente, estaba ganado antes de abrirle las tapas al libro (y, por cierto, bonita edición, a cargo de la editorial de su hija, Milena:
RqueR).
Londres

Sí, siento debilidad por Virgina Woolf.
Y este librito,
"Londres", que recopila seis artículos periodísticos escritos por la británica en 1.931 acerca de su ciudad, me ha parecido una joyita (dos diminutivos en la misma frase, aquí es aplicable aquello de que las buenas esencias van en frascos pequeños).
6 textos (uno de los cuales hasta hace poco se creía perdido) sobre una capital inglesa, en la que las prisas y la industrialización ya no tienen vuelta atrás, en que todo se vuelve un poco más impersonal y mecanizado, pero todo ello no es obstaculo para que la Woolf siga mostrando un amor nada oculta por su ciudad.
Nota: Por cierto, la edición de Lumen es magnífica. Posiblemente junto con "Historia de la belleza", de la misma editorial, los dos libros mejor editados de los que he comprado en lo que va de año.
Más deporte (o "Clasificaciones, 2a. parte")
Hablaba en mi
anterior mensaje de la lógica deportiva utilizada frecuentemente al escribir sobre la calidad de la educación, donde no parecen importar los conocimientos en sí, sino sólo la posición relativa de un país frente a los de su entorno.
Anoche empecé la lectura de
"Mientras no cambien los dioses nada habrá cambiado" de Rafael Sánchez Ferlosio. Se puede leer lo siguiente:
Pero la figura del sabio distraído [...] se ha quedado anticuada en la misma medida en que la actitud científica se ha deportivizado. Y en lo que se refiere a la relación sujeto objeto, no hay dos cosas más diametralmente contrapuestas que la ciencia y el deporte. Cuanto más prevalece el interés del sujeto por sí mismo, por su propio logro, por su propio mérito, sobre el interés por el objeto, tanto más nos acercamos a la que es evidentemente la actitud más propia del deporte, que es el culto a la pura hazaña inminente, sin objeto, o carente de otro objeto que no sea el reflejo de la hazaña sobre el sujeto mismo, como un trofeo -medalla en su pechera o copa en su anaquel-, como un autocumplimiento [...]
La creciente deportivización de las motivaciones que hoy dominan en todo empeño humano, o sea la reversión sobre el interés por el sujeto de muchas cosas en que antaño pudo predominar el interés por el objeto, se manifiesta en el habla cotidiana con el auge que han tomado en los últimos decenios las palabras "reto" o "desafío".[...]
La execrable jerga pedagógica moderna ha introducido recientemente la horrísona palabra "motivar". Al chico -ya pasaba en mis tiempos, aunque tal vez no hasta el extremo de hoy- no se consigue que le interese el contenido de las asignaturas por sí mismas, o sea el objeto que se le quiere dar a conocer [...] Entonces, no para crear en él un interés autentico por el objeto en sí [...] sino para remediar esa falta de interés con un sustitutivo que lo estimule a aplicarse, a despecho de su fobia, en el estudio de la asignatura, para obtener a la postre un resultado de conocimiento que solamente una pedagogía ignara o francamente falaz y deshonesta podría pretender equivalente al resultado de conocimiento obtenido a partir de un verdadero interés por el objeto, entonces, digo, se lo somete a la terapia sintomático-behaviourista de crearle o aplicarle, como de costado, alicientes exteriores capaces de "motivarlo" para que abra algún libro de una vez. Estas motivaciones o incentivos son siempre, indefectiblemente, de naturaleza deportiva, ya en el sentido lato que he usado más arriba de interés del sujeto por sí mismo, por su propio logro en cuanto suyo, en cuanto autoafirmación, ya en el sentido estricto [...]
No es mi intención, evidentemente, establecer ninguna comparación entre mis reflexiones de hace unos días y estas de Sánchez Ferlosio, pero la coincidencia de la dualidad deporte/conocimiento me da pie para decir algo de la obra del último premio Cervantes.
No habiendo leído nada suyo, cogí, casi al azar, este libro de entre los ejemplares de sus ensayos disponibles para préstamo en la estantería de la biblioteca. Y me he quedado deslumbrado. Sólo llevo la mitad de este interesantísimo alegato contra la idea de "progreso", de "avance de la historia universal", o de "la marcha de la humanidad hacia el futuro", que siguen siendo los mismos dioses pero con distintos nombres, ante los que presentamos nuestra ración de sacrificio, la sangre que los calme o, no sólo eso, sino dando una vuelta de tuerca más, el sacrificio no como pago necesario sino como elemento fundacional y creador de los dioses, la patria, la ideología o la historia (
"Ahora las Falkland son nuestras, porque las hemos pagado con vidas de jóvenes británicos, y todo intento de cuestionar este hecho es, sin más una ofensa a los muertos", general Jeremy Moore, tras la victoria en la Guerra de las Malvinas).
Decía, pues, que sólo llevo leído medio, pero ya puedo afirmar que la tesis y el desarrollo del ensayo me parecen muy acertadas (aunque siempre queda la duda metódica, sobre todo al tratar ciertos temas, de estar dejándose atrapar por los poderes dialécticos del autor, superior intelectualmente a uno mismo). Pero lo que me ha atrapado es, sin duda, la escritura de Sánchez Ferlosio. Lo expresa muy bien
Pedro Jorge:
"Ferlosio tiene una rara habilidad para la fluidez. Usa un lenguaje muy preciso y que en ocasiones suena arcaizante, pero jamás parece forzado, todo lo contrario: la palabra desconocida u olvidada suena perfecta".
"Deslumbrado" es el adjetivo que utilizaba anteriormente para describir mi reacción ante el primer acercamiento a la obra de Sánchez Ferlosio. Y añadiría
"excitado", ante la posibilidad de todos sus libros anteriores, que se me presentan ahora dispuestos a ser leídos, sólo esperando su momento.
Nota 1: peco aquí de alabar en exceso, a veces llegando al panegírico. Pero es que da pereza ponerse a escribir sobre algo que no ha gustado. Y entre esto, mi anterior lectura,
"Viaje al Japón" de Kipling. Simplemente queda esto aquí, como muestra de que también hay lecturas que me disgustan (por si alguien lo dudaba).
Nota 2: decía que el ejemplar del libro de Ferlosio proviene de una biblioteca, concretamente de la Regional de Murcia, a donde fui, entre otras cosas, a escuchar la charla de Carlos Sampayo dentro del ciclo
"Hojeando cómics". Debo decir que me pareció un tanto irregular, con cosas interesantes, claro (como no puede ser de otra forma, cuando el ponente tiene a sus espaldas una obra de calidad altísima), pero poco ordenada, a veces excesivamente improvisada (en el sentido negativo del término).
Nota 3: y sí, como anunciaba hace unos días, también me hice allí con un volumen de Benoit Mandelbrot. Ya caerá.
Eco... eco...

Cuando en estos días de lo que se habla en relación a Umberto Eco es de
"La misteriosa llama de la reina Loana" (a la que también le tengo unas ganas importantes) yo voy y me compro
"Historia de la belleza" (ambas en Lumen).
Si, por las reseñas que he podido leer y el vistazo que le echado en la librería (es ilustrada), la cultura popular, en general, y los tebeos, en particular, son parte importante de la novela, la cultura y el arte en su acepción más clásica son el centro del ensayo (así, por ejemplo, tras unos primeros vistazos sólo encuentro una viñeta, de
"Flash Gordon" en el capítulo
"La belleza de los media"). La dicotomía apocalípticos/integrados.
El libro sobre la belleza es una gozada como objeto; muy bien editado, con un amplísimo apoyo gráfico, el viaje temporal y estilístico por las distintas visiones de la belleza en, sobre todo, la pintura es apabullante. ¿Los textos?, gran parte de la información escrita corresponde a fragmentos de obras de autores clásicos (escritores, filósofos, científicos, teólogos) en relación a la belleza, más los ensayos que constituyen el eje del volumen.
Ah!, por cierto, ya que hablé de fractales hace un par de mensajes, en el capítulo
"De las formas abstractas a la profundidad de la materia" aparece una reproducción a doble página de un fragmento del conjunto de Mandelbrot.
Son también agradables sorpresas los capítulos
"La belleza como proporción y armonía", con una visión matemática e ingenieril (tal vez, hecho de menos aquí un Escher), y
"La belleza de las máquinas" (¿por qué no un diseño de Jonathan Ive?).
Una de las cosas que noté al ojear el volumen con tranquilidad en casa, una vez comprado, es que el título debería ser algo así como
"Historia de la Belleza en Occidente". Esta mañana me encuentro en una de las páginas de créditos el siguiente texto:
Este libro procede, con adaptaciones y añadidos, del CD-ROM "Bellezza, Storia di un'idea dell'occidente" a cargo de Umberto de Eco, producido por Motta on Line en 2002.
Y, sí, el "a cargo de" que aparece tanto en este texto como en la portada quiere decir que Umberto Eco es el responsable del proyecto y autor de algo más de la mitad de los textos que conforman los capítulos. Pero, hay otro co-autor que los editores deben pensar que, por no ensombrecer la figura mediática de Eco, no se merece ser citado, sino apenas en letra muy pequeña en una página semi-escondida; hagámoslo aquí: Girolamo de Michele.
Caligrafía
En una vieja calle del pueblo, delante de un pequeño bazar, ha instalado los dos tableros de su puesto de caligrafía. Cuelgan de ellos unas sentencias paralelas de la buena fortuna trazadas sobre un papel de parafina rojo. "Dragones y fénix conducen a la felicidad, un casamiento llama a la puerta", "Encontrar la felicidad fuera, recoger el dinero del suelo", "Un comercio floreciente en los cuatro mares, una riqueza próspera en los tres ríos" [...] No sé si es él quien las ha compuesto o las ha heredado de sus antepasados. Escribe en un estilo florido: el trazo de los caracteres está bastante logrado, se dirían poco menos que talismanes taoístas [...] Me acerco para entablar conversación.
- ¿Marcha el negocio?
- Marcha.
- ¿Cuánto cuesta un juego de dos sentencias?
- Los hay de dos o tres yuanes, eso depende del número de caracteres.
- ¿Y concretamente por el carácter "felicidad"?
- Un yuan.
- ¿Por un sólo carácter?
- Sí, pero se lo haré delante mismo de usted.
- ¿Y por un talismán que ahuyente catástrofes e infortunios?
- Eso no es fácil de escribir -dice alzando la cabeza hacia mí [...]
"La montaña del alma"
Gao Xingjian
Frente a esto, la tristeza por la constatación diaria de la perdida de las habilidades caligráficas propias. El boligrafo, pluma o lápiz es ya un instrumento extraño, que no encuentra su lugar entre los dedos, donde se agarrota y no sabe deslizarse sobre el papel con la soltura acostumbrada.
Parece que los dedos ya sólo saben curvarse sobre las teclas, con los pulgares un poco retrasados, acariciando el
pad.
Los dedos como émbolos, realizando un trabajo mecánico, casi violento, percutiendo el teclado, una simplificación en dos estados (arriba/abajo) frente a los dedos con toda su libertad de movimientos, girando y desplazándose, en un baile con la pluma como pareja y el papel como pista...
La montaña del alma

Tal vez debería esperar hasta haber terminado de leer un libro para hablar de él, eso sería lo lógico si mi objetivo fuera hacer una reseña, pero en este formato tan libre y personal que es la bitácora sale más natural hablar de lo que uno está leyendo en este momento o, incluso, de lo que aún no ha empezado y está a la espera pero ya ocupa parte del pensamiento, no de lo que ya es pasado (aunque una relectura lo puede volver a convertir en presente).
Así, apenas si llevo unas 120 páginas de las casi 600 de
"La montaña del alma" de
Gao Xingjian. Obra díficil de describir, aunque mejor sería decir díficil de clasificar, esa simplificación con la que queremos reducir a un término de una taxonomía algo que no tiene por qué serlo; el texto de contraportada de la edición que estoy leyendo trata de resolver esto mediante la yuxtaposición de conceptos:
La novela, el dietario, la leyenda, el libro de viajes y la poesía se funden en un todo de exquisita belleza en una obra tan polifónica como el alma de su autor. Solamente a través de la odisea de lo particular, el individuo puede hallar en la literatura el arte necesario para dar voz a los que no la tienen, recordar lo que no debió caer en el olvido o mostrarnos aquel secreto inefable pronunciado sólo por el descuido.
Y, sí, posiblemente la reducción a un término no puede corresponder a un género sino, en todo caso, como se indica en la sinopsis, a algo más etéreo como
"exquisita belleza".
Lectura muy placentera de un libro que no estaba seguro de si leer, la casualidad me llevó hasta él, al encontrarlo en la estantería de una persona a la que no hubiera asociado con dicho volumen, pero que, desde luego, merece la pena.
Y, por último, el lenguaje, la lengua, el ritmo; ahí radica gran parte del mérito del libro. Frases cortas, nunca subordinadas, a lo sumo yuxtuapuestas, un presente de indicativo omnipresente, la poco frecuente narración en segunda persona.
Pero aquí, claro, me entra una duda, ¿con qué ojos estoy leyendo este libro, con que prejuicios (sin querer dar significado negativo a este término) me acerco a él? Los lectores habituales de esta bitácora puede que recuerden el mensaje
"Lengua y pensamiento" en que divagaba tomando como punto de partida la recopilación de ensayos de Gao Xingjian
"En torno a literatura", donde las reflexiones sobre el lenguaje, ejemplificadas en parte en
"La montaña del alma" eran centrales. Así, ¿me ha sorprendido el lenguaje o lo he leído con una especial atención? ¿cuanto tiene de propio el afán estético del autor y cuanto proviene de una tradución fiel de un texto escrito en un chino tradicional?
Bueno, en cualquier caso, da igual, es secundario; lo principal es sentarse, abrirlo y disfrutarlo.
[Ilustración de Gao Xingjian]
El maestro de Petersburgo. Un mensaje en 3 actos
Acto I, planteamiento.
Sergei Nechaiev, revolucionario y terrorista, anarquista y nihilista, fue el responsable de la muerte en Moscú, en 1.869, a causa de sus diferencias ideológicas, de Ivanov, estudiante y compañero en la célula revolucionaria a la que ambos pertenecían.
Fiodor Dostoievski, impresionado por la noticia, escribiría años más tarde una novela,
"Los demonios", basada en estos hechos. El escritor ruso había sido anteriormente condenado a muerte por el zar debido a su participación pacífica en círculos de discusión social y política, pena que fue conmutada por su deportación a Siberia, siendo finalmente liberado.
Estas peripecias le hicieron renegar de cualquier atisbo revolucionario e influyeron de forma evidente en su producción literaria donde la reflexión sobre el bien y el mal es un elemento central.
Acto II, nudo.
Tomando como base estos hechos,
"El maestro de Petersburgo", de J.M. Coetzee, narra en clave de ficción la llegada del autor soviético a San Petersburgo, donde acaba de fallecer su hijastro adolescente, Pavel Isaev (
alter ego de Ivanov).
La búsqueda del recuerdo del hijastro, principal motivación de su desplazamiento a la ciudad imperial, se convierte en un viaje interior, en parte autodestructuvo, con objeto de mantener viva en su alma la llama del espíritu de Pavel. La culpa, el sexo, la escritura, serán medios por los que trata de acercarse al hijo ausente, un acercamiento que no existió en vida.
En medio de este proceso introspectivo aparecen el descubrimiento de los círculos revolucionarios en que se movía su hijo, ampliamente despreciados por él, la responsabilidad de Nechaiev en su muerte, y los encuentros y discusiones con éste sobre la validez de los medios y los fines que pretende seguir/conseguir.
Este retrato psicológico de un Dostoievski en un momento de crisis vital no es una novela fácil, pero cuando se consigue entrar en ella (o, mejor dicho, en los meandros de la mente autotorturada del novelista ruso) produce una lectura de lo más satisfactoria, de lo mejor de los últimos meses.
Acto III, desenlace.
Dando por cerrada la parte del mensaje dedicada al libro del Nóbel surafricano, comentar que hay, como mínimo, otra novela en que el personaje de Nechaev tiene vital importancia y que leí hace, calculo, dos o tres años.
"Netchaiev ha vuelto" de Jorge Semprún (que, por cierto, publica hoy en
EPS un largo artículo sobre los campos de exterminio) es una de sus obras más ficticias (en el sentido de que la mayoría son biográficas o, aun siendo de ficción, contienen muchos hechos basados en su biografía).
Aquí Netchaiev es el seudónimo de uno de los miembros de Vanguardia Proletaria, un grupo terrorista de extrema izquierda francés de los años sesenta del siglo pasado. El libro es un
thriller, pero el intelectual hispano-francés no puede dejar escapar la ocasión de incluir múltiples reflexiones político/morales sobre los fanatismos, el terrorismo y la violencia, en las que aparece la figura e ideología del terrorista ruso que da nombre al personaje del libro.
Aunque la trama la tengo un poco olvidada (el recuerdo de los libros dura poco en mi mente, pero tiene la ventaja de que permite continuas relecturas sin perdida de interés), me pareció en su momento excelente, al tiempo que me sorprendió la lectura de algo que podríamos calificar de un
thriller, acostumbrando como estaba a los relatos biográficos de Semprún, narrando su estancia en el campo de concentración de Buchenwald, su tiempo de clandestinidad en el PCE o su época de Ministro de Cultura en un gobierno de F. González.
Por último, cuando estaba a punto de proceder a la publicación de este mensaje, ojeando la novela, me encuentro estos párrafos:
A continuación Marroux se puso a hablar, mientras apagaba su primer cigarrillo del día.
- Hace un rato, le aconsejé a Silberberg que escribiese una novela antes que un ensayo sobre Netchaiev... ¡A él también le interesa el tema!
- ¡Ya era hora! -exclamó Sonsoles-. ¡Es sorprendente que Netchaiev todavía no haya inspirado a ningún novelista!
Marroux tuvo un sobresalto.
- ¿Cómo que no? ¿Y Dostoievski? ¿Olvida usted "Los demonios"?
En absoluto, Sonsoles no se olvidaba de Dostoievski. Su novela, por otra parte, era inolvidable. Su gravedad, su tensión interna, su pletórica vitalidad eran inolvidables. ¿Pero se había inspirado Dostoievski realmente en Netchaiev? Quiero decir, seguía Sonsoles, que lo anecdótico, sin duda, el asesinato de Ivanov, el proceso, el suceso, en resumen, eso sí debió de inspirarle. Inspirarle directamente. ¡Dostoievski reaccionó ante la actualidad con una vivacidad de la que al parecer carecen los novelistas de hoy en día! Pero en su novela introdujo, y es normal, el estigma de su genio como escritor, introdujo sus obsesiones, todo lo que provenía del otro proyecto que albergaba en esa época, del libro en el cual llevaba años trabajando, "La vida de un gran pecador"... Metió su propia ansiedad, su tendencia a la expiación, su preocupación metafísica frente al mal que devora las almas.
Novelas hablando de novelas, que hablan de hechos históricos, la imagen que me viene a la mente es la de unas muñecas rusas, imagen claramente adecuada por razones geográficas evidentes.
Virginia perdida y encontrada

Mañana (tomando como referencia temporal el momento en que esto se escribe, que puede ser distinto del momento en que se lee) sale a la venta en España, publicado por Lumen,
"Londres" de Virginia Woolf.
Librito corto, ilustrado con fotografías, recopila varios artículos sobre la capital británica, siendo uno de sus principales alicientes el que uno de ellos se creía perdido hasta hace poco. La nota editorial dice:
Pocas escritoras están tan asociadas a Londres como Virginia Woolf, que supo convertir la ciudad del Támesis en uno más de sus personajes. En este libro se reúnen seis piezas que la autora de La Sra. Dalloway escribió en 1931 para la revista Good Housekeeping sobre distintos aspectos de la vida, la arquitectura, las gentes y la historia de Londres. El primer artículo, titulado «Retrato de una londinense», se creía perdido hasta hace poco tiempo. Finalmente se encontró en una biblioteca y ahora la serie se publica completa por primera vez.
En esta pequeña joya, Virginia Woolf traza, como si del cuaderno de apuntes de un pintor se tratara, el retrato de su Londres: la bruma de los muelles, la marea humana que fluye por Oxford Street, las casas de grandes escritores, los pináculos góticos de abadías y catedrales o el esplendor de la Cámara de los Comunes. Iluminados con fotografías de la época, estos textos se convierten en deliciosos paseos por una de las grandes capitales de la literatura occidental.
La inclusión de este texto recuperado, además del interés para los estudiosos, supone un interesante elemento de publicidad para la editorial. ¿Habría sido publicado este libro sin la repercusión (limitada dentro de unos márgenes) del hallazgo del artículo hace unos meses? ¿habría tantas notas en prensa reseñándolo como están habiendo estos días? tal vez no...
En cualquier caso, para el lector devoto de Woolf, la aparición de una obra perdida es un hecho agradable a la par que curioso. Es como si un autor vivo, de los preferidos, sacara un nuevo libro, pero en este caso con el acompañamiento de la sorpresa que trae lo inesperado (o de lo esperado
ad eternum, sin posibilidad de ser conseguido).
Nota I: en
este artículo de
"El cultural" puede leerse el comienzo de dos de los textos incluidos en el libro (uno de ellos, el perdido/encontrado).
Nota II: La fotografía no es, evidentemente, de la Woolf sino de una Nicole Kidman pre-botox (guiño mariano) representando el papel de la autora británica en
"Las horas".
Editing

Casi siempre tiene algo de especial la lectura de un libro en primera persona, y más si este es autobiográfico; la cercanía y empatía hacen al lector implicarse de forma más directa.
Si, además, el autor/narrador/protagonista es un editor (desde fuera, una de las profesiones más bonitas) y el libro una biografía editorial, como en
"Editing", subtitulado como
"Arte de poner los puntos sobre las íes -y difundirlas", de Jacobo Muchnik, los anteriores puntos a favor se ven multiplicados.
Creo que cualquier lector habitual disfrutará con la rápida, amena e interesante lectura de este volumen (publicado por su hijo, Mario Muchnik, otro editor) y que nos muestra otra época en esto de sacar libros a la calle, donde no existía la concentración de grupos dominante ahora y se miraba algo más que la cuenta de resultados.
En todo caso, ya desde mis primeros días de escuela revisaba yo puntillosamente los borradores de mis deberes para asegurarme de que no se me escapaba ni una í sin su acento; mucho después descubrí que por ahí es por donde empieza el "editing". Pero aún antes de aquello ya me dedicaba a difundir como regadera todo lo que me había ocurrido, todo lo que había visto, lo que me habían contado... Ahora no puedo negar que ésas deben de haber sido mis primeras ediciones (orales, claro). [...]
Ya no me cabe duda, Víctor Seix no andaba desacertado. Yo tenía mi hilacha de editor desde mi nacimiento. Pero la verdad es que yo fuí el último en enterarme.
Lo que no ví (ni preví) fue mi destino de editor formal. En 1955 me atreví a presentarme públicamente como Jacobo Muchnik Editor -pero sólo porque no se me ocurría qué otra cosa podía hacer.
Y, sí, también es un punto a favor del libro (al menos para mí) esa musicalidad que subyace (aún en el lenguaje escrito) en el castellano, con sus giros y expresiones, de la Argentina.
La flecha del tiempo
.(libro del contraportada la leyendo ,incluso ,o resumen algún buscando ,internet por ,difícil es no) lector posible del elección a conocimiento el dejar prefiero pero ,disfrutarla a ayudó me que creo y ,iba que lo de idea bastante tenía ya leí la cuando ,verdad la ,yo ;novela la de mucho destripar no de objeto el con ,conciencia a oscuro sido he ,mensaje del texto al cuanto En
.visual coherencia cierta una mantener para (manualmente ,sí estos y) también invertir de debido he los que ,puntuación de signos los sido han problema mayor el :palabras las de orden el invertir de encarga se que programa pequeño un escrito he me ;mano a hecho he lo no ,no Y .efecto el evidente hace que tiempo al legibilidad cierta guarda que ,intermedia solución la por final al decidiéndome ,frase a frase o palabra a palabra ,letra a letra hacerse de debía atrás hacia lectura la si sobre dudado Estuve
.lectores perder de riesgo único el con ,apetezca le que lo poco un hacer ,límites unos de dentro ,puede uno que ,bitácora una tener de ventajas las son estas pero ,chorrada una incluso ,vez Tal .juego un ser de deja no ,mensaje este de escritura de forma la a cuanto En
.¿así realmente fue no? ,pero ;fácil lo hacia ,voz la levantar sin ,llevar dejamos nos como y individual responsabilidad la ,libertad la ,determinismo el sobre preguntarnos hace nos narración la produce se que en forma la ,claro ,Y .maldad/bondad la sobre reflexivo poso un dejar permite que y ,después que antes igual ser puede nada que tal destrucción de acto un ,protagonista del vida la en y humanidad la de Historia la en falla tremenda una con ,(alejamiento/cumbre/acercamiento ,mujeres las con relaciones las como) simétricos menos o más hechos otros a frente ,enfrentarnos hace nos y ,estilo de ejercicio del allá más ir intenta (nada desvelar no de trataré y) que es ,evidentemente ,acierto gran otro El
.novela la de claves las de una es ,independiente totalmente persona tercera una como ni protagonista del figura propia la como no ,narrador del elección la ,vista de punto mi desde ;amena y clara forma una de cabo a llevarlo consigue pero ,complicado realmente algo es autor el hace lo como y tal narración la Desarrollar .estilo de ejercicio fantástico un ,(sorprende y vista la a salta que lo ,lector el encuentra se que primero lo es porque sino ,importante más lo sea porque no) lugar primer en ,es Amis Martin de
"tiempo del flecha La"
En el "Lager"

Ando estos días leyendo
"Si esto es un hombre" de Primo Levi. No es, ni mucho menos, el primer libro que leo sobre los campos de exterminio; antes ya han caído todos los relativos al tema escritos por Semprún y, también valdría como ejemplo, el
"Maus" de Spiegelman.
Sin embargo, creo que ninguno me dejó tan mal cuerpo como la lectura de la obra del italiano; tal vez me equivoque y, en su momento, todos ellos me erizaron por igual; o tal vez no, la capa de reflexión político/filosófica/cultural del español y el dibujo icónico del americano suponen un pequeño muro de contención, un adorno estético, inexistente en la prosa limpia y directa de Levi, que nos pone de frente a lo que la mente trata de rechazar por imposible.
Para los condenados a muerte la tradición prescribe un ceremonial austero, apto para poner en evidencia cómo toda pasión y toda cólera están apaciguadas ya, cómo el acto de justicia no representa sino un triste deber hacia la sociedad, tal que puede ser acompañado por compasión hacia la víctima de parte del mismo ajusticiador. Por ello se le evita al condenado cualquier preocupación exterior, se le concede la soledad y, si lo desea, todo consuelo espiritual; se procura, en resumen, que no sienta a su alrededor odio ni arbitrariedad sino la necesidad y la justicia y, junto con el castigo, el perdón.
Pero a nosotros esto no se nos concedió, porque éramos demasiados, y había poco tiempo, y además ¿de qué teníamos que arrepentirnos y de qué ser perdonados?
[...] Cada uno se despidió de la vida del modo que le era más propio. Unos rezaron, otros bebieron desmesuradamente, otros se embriagaron con su última pasión nefanda. Pero las madres velaron para preparar con amoroso cuidado la comida para el viaje, y lavaron a los niños, e hicieron el equipaje, y al amanecer las alambradas espinosas estaban llenas de ropa interior infantil puesta a secar; y no se olvidaron de los pañales, los juguetes, las almohadas, ni de ninguna de las cien pequeñas cosas que conocen tan bien y de las que los niños tienen siempre necesidad. ¿No haríais igual vosotras? Si fuesen a mataros mañana con vuestro hijo, ¿no le daríais de comer hoy?
Tenía, la semana pasada (o fue la otra, no recuerdo), pensado escribir un artículo sobre las imágenes del soldado norteamericano rematando a un iraquí herido y desarmado, sobre nuestro cinismo que nos hace horrorizarnos sólo cuando vemos, o el absurdo hecho de ocultar el insulto con un pitido, al tiempo que se ve sobrescrito, en forma de texto, a la imagen de la muerte (hace daño oírlo, no leerlo); en fin, una suerte de repetición de mi artículo
"Ojos que no ven, corazón que no siente".
Al final, lo fui dejando y no llegué a escribirlo; sin embargo, tras empezar a leer el libro de Primo Levi, me doy cuenta de que, en mayor o menor medida, uno termina cayendo en el mismo cinismo sobre el que quería hablar: la mente bloquea, lleva a rincones escondidos determinados hechos (supongo, que por suerte), y sólo la narración directa nos enfrenta al horror.
Por otro lado, ¿qué nos lleva a leer libros como este? Dice Muñoz Molina en la faja de la edición que tengo,
"Lo que se puede aprender sobre el ser humano y sobre la Historia de Europa en siglo XX en los tres volúmenes de la gran trilogía memorial de Primo Levi es terrible y también aleccionador, y honradamente no creo que sea posible tener una conciencia política cabal sin haberlos leído, ni una idea de la literatura que no incluya el ejemplo de esa manera de escribir."
Pues sí, supongo que tendrá razón, pero también dudo que uno se dirija a librería a dejarse unos euros en este libro con el fin de aumentar su conciencia política, eso en todo caso será una consecuencia, no un objetivo. ¿Literatura? Pues también podrá ser, pero posiblemente quede en un segundo plano ante los hechos narrados.
Pero, en fin, lo compramos, leemos, sufrimos y no se si aprendemos algo; supongo que
"esto es un hombre".
[Imagen de Erich Hartmann / Magnum]
Fiebre y lanza, baile y sueño

Si hace unos días daba cuenta aquí de la relectura de
"Lolita", sigo por el camino de recuperar obras ya disfrutadas (
"Tristram Shandy" me llama desde hace unos meses desde su ubicación en la estantería), y paso por segunda vez la última página de
"Fiebre y lanza", el primer volumen de la saga
"Tu rostro mañana" de
Javier Marías.
En este caso la relectura de la novela del madrileño ha sido forzada, no porque no me apeteciera, sino porque ha pasado poco tiempo desde la primera vez; sin embargo, la semana que viene, el miercoles 10, sale a la venta el segundo volumen,
"Baile y sueño", por lo que refrescar la memoria era adecuado.
Mi lectura es muy olvidadiza; al poco tiempo de terminar un volumen, sus hechos se van difuminando en mi memoria, lo que no tiene por que ser necesariamente negativo, ya que me permite volver una y otra vez a determinados libros (o
cómics) con las ventajas que ofrece la novedad.
Volviendo a
"Baile y sueño", dice Manuel Rodríguez Rivero en su reseña en
Blanco y Negro Cultural:
[...] Y, sin embargo, su peripecia -que es más bien mental e interior-, entreverada de otros discursos y relatos (en los que tanto “pasa” y se recuerda), vuelve a cautivar al lector, atrapándole en un discurso que se interrumpe inesperadamente para fluir de nuevo a partir de incontables meandros, y que está puntuado por los característicos ritornelli (temáticos y rítmicos) que confieren al texto esa típica cualidad musical que más de uno ha intentado imitar.
[...] A "Tu rostro mañana" habrá que juzgarla finalmente cuando el autor le ponga un punto final. Pero si me permiten que exprese mi humilde impresión de su (hasta ahora) última entrega, hacía tiempo que no lo pasaba tan bien con una novela. Que la disfruten tanto como yo.
Pues eso, que la disfrutaremos a partir del día 10.
Releyendo "Lolita"
Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.
Acabo de terminar la relectura de
"Lolita" de Nabokov.
¡Que delicia de libro! No tengo nada más que decir, pues la novela ya habla por sí misma.
El imperio

Como ya adelantaba en el anterior mensaje, el libro que estaba leyendo, ya acabado, era
"El imperio" de
Ryszard Kapuscinski. Descubrí al
autor polaco hace apenas seis meses y esta es la tercera de sus obras que disfruto (las anteriores fueron
"Ébano" y
"Un día más con vida"). Compartiendo un nivel altísimo de calidad, tras dos libros centrados en el África negra, este me cambia completamente el escenario, saltando el relato a la URSS.
De un calor sofocante, capaz de matarte si permaneces a la interperie, al frio extremo de Siberia, donde el efecto es el mismo. De una falta total de organización política, económica y/o social a un estado que lo controla todo, apenas si dejando espacio a sus ciudadanos (tal vez ni esta palabra sería adecuada) para el pensamiento, pero en ningún caso para la acción o la expresión.
Sin embargo, algo hay común en las narraciones africanas y soviéticas, la desesperación del pueblo, incapaz de conseguir vivir de una manera digna, y el odio sin límite, irracional, entre unos pueblos/nacionalidades/tribus y los vecinos.
Porque, aunque con fragmentos en otros momentos de la historia, la mayor parte de lo narrado se ubica alrededor de la caída de la URSS, cuando ya libres del yugo de un estado completamente opresor y del miedo a los
gulag (aunque es una herida que nunca se curará, y está presente en todas las páginas del libro), las distintas repúblicas que se mantenían unidas a la fuerza, oculta su identidad, vuelven al pasado, se independizan, o tratan de hacerlo, y recuperan los odios ancestrales, donde nacionalidad, lengua y religión son hechos diferenciales que sirven de base para la disputa.
Los mayores destrozos [...] los causó el comunismo en las consciencias de la gente. La gente no quiere trabajar bien y vivir bien. Quiere trabajar mal y vivir mal. A esto se reduce toda la verdad.
Tomemos las universidades. Cuatro años de estudiar el materialismo dialéctico, cuatro años de empollar la historia del PCUS, cuatro años de empollar en el comunismo científico, y ¡todo ha resultado falso!
Después de setenta y tres años de blochequivismo la gente no sabe lo que es la libertad de pensamiento, y en su lugar coloca la libertad de actuación. Y en nuestro país libertad de actuar significa libertad de matar. A esto se reduce toda la perestroika, toda la novedad en la manera de pensar.
Reportajes periodísticos o libros de viajes, da igual, la obra de
Kapuscinski auna una extraordinaria calidad literia con un agudísimo análisis de la situación socio/política de aquellos escenarios a los que se desplaza.
¿Cómo va la vida? Hice la más banal e idiota de las preguntas con el fin de mantener la conversación.
La abuela se irguió, apoyó las manos sobre el palo de la escoba, me miró, sonrió incluso y dijo una cosa que es el meollo mismo de la filosofía rusa de la vida: ¿Qué cómo nos va la vida? repitió pensativa y añadió con una voz que denotaba orgullo y determinación, sufrimiento y alegría: ¡Respiramos!
Invitaciones desde Oriente
En esto de las bitácoras es habitual el colocar noticias o enlaces que hemos conocido a través de otras bitácoras; y, en la etiqueta que hemos adoptado, parece de buena educación citar la fuente con la fórmula
"vía ....".
En este caso lo que ha llegado hasta mí vía, respectivamente,
"pjorge.com" y
"La Hispaniola" han sido sendos libros japoneses:
"Los amantes suicidas de Amijima" de Monzaemon Chikamatsu y
"El Libro de la almohada" de Sei Shonagon.
Atraido últimamente por todo lo oriental, sea chino o japonés, se han colocado rápidamente en mi lista de la compra (y en una posición próxima a la cabeza). Dice así la presentación editorial del primero de los dos libros citados:

Los amantes suicidas de Amijima son marionetas que representan la vida y el amor de Jihei, comerciante de Osaka, y Koharu, su geisha. La obra está ambientada a finales del siglo XVII, momento en que la cultura del pueblo florece con su máximo esplendor en el género del teatro kabuki y joruri.
El recitador hace de narrador y da voz a los personajes. La música de samisen sirve de acompañamiento y los manipuladores mueven unas marionetas casi tan grandes como ellos mismos. El sentido simbólico de los muñecos para el teatro está plenamente potenciado.
Es la tragedia de una pareja con un amor imposible que termina en un doble suicidio presentado en un estilo bello y, al mismo tiempo, escalofriante.
Los amantes suicidas de Amijima, la obra más importante de Chikamatsu, es su primera pieza traducida al español.
Y la del segundo:

Escrito por SEI SHONAGON, dama de la corte de la emperatriz Sadako en el Japón del siglo x, EL LIBRO DE LA ALMOHADA llamado así para describir un libro de notas informal que se guardaba posiblemente en los cajones de las almohadas de madera es, además de una pequeña joya literaria, un vivo y colorido retrato de la vida en la corte imperial. Como explica en su prólogo María Kodama, el libro original está formado, además de por una larga serie de enumeraciones de insectos, de plantas, de cosas agradables o desagradables, de temas poéticos, etc., por anécdotas, anotaciones diarias, y por la descripción de caracteres y de la vida cortesana, con sus costumbres, sus juegos, sus intrigas, y también su crueldad. La presente versión de este libro singular, como la cultura y el tiempo al cual pertenece, ofrece la selección y traducción que del mismo hicieron en su día Jorge Luis Borges quien sintió siempre especial atracción por Japón y su literatura y la propia María Kodama
No contento con todo esto, tras un vistazo a la
web de la editorial Trotta, responsable del primero de los libros, me encuentro con que disponen de una colección titulada
"Pliegos de Oriente" con títulos muy sugestivos.
Sin embargo, ahora estoy vagando por otras tierras, aquellas que describe Ryszard Kapuscinski en
"El imperio" y que alguna vez fueron etiquetadas como repúblicas socialistas y soviéticas.
Leer mucho, leer poco...
Desde que tengo el
blog son ya varias las personas, la última hoy, que en base a la cantidad de libros reseñados, me hacen un comentario del estilo
"tú es que lees mucho...",
"como lees tanto...",
"yo es que no tengo tanto tiempo para leer...", con el que básicamente no estoy de acuerdo.
Y no estoy de acuerdo desde dos puntos de vista. En primer lugar porque no creo que lea mucho, me gustaría poder leer más; en segundo lugar, porque siempre hay tiempo para la lectura, otra cosa es que se quiera buscar dicho tiempo, o se prefiera dar prioridad a otra tarea.
La bitácora me permite echar la vista atrás, enumerar las reseñas (aunque hay libros leídos y no comentados), comprobar en el calendario las semanas que llevamos en el año y, mediante un sencillo cálculo, determinar que estoy leyendo un libro cada semana y media aproximadamente.
Efectivamente, no es mucho, yo lo consigo (y no leo muy rápido) con una hora, o algo más, al día de lectura (cantidad que suele aumentar los fines de semana). La cuestión ya es decidir ocupar esa hora u hora y media en la lectura o en otra actividad, pero la excusa de que
"no tengo tiempo" no es válida en la mayoría de los casos; habría que cambiarla por
"la mayor parte del tiempo, prefiero hacer esto o aquello".
Tenía este mensaje en la nevera, a medio escribir, desde hace bastantes días, pues no terminaba de convencerme (de hecho, sólo las 3 primeras líneas de la versión actual permanecen del primer intento), dudando de que llegara a publicarlo. Hasta que me he topado con las siguientes líneas de Mario Muchnik en una actitud que Eco etiquetaría como apocalíptica, y que me sirve para redondear el mensaje:
Mirar la televisión es un acto vergonzante. La mayor parte del público, y en particular del público culto, intenta minimizar su interés por la televisión o, en todo caso, el tiempo diario transcurrido ante la pantalla. Cuando los promedios nacionales concuerdan en que el europeo pasa tres o cuatro, o cinco, o más horas diarias ante el televisor, y teniendo en cuenta que la vida vegetativa y de trabajo no deja al europeo medio muchas más horas libres, es evidente que son muy pocos los europeos que NO miran la televisión, y poquísimos los que miran -como muchos se jactan- "sólo las noticias". ¿A qué se debe la hipocresía generalizada? A una gustosa pero inconfesable claudicación: cualquier otra actividad, cultural o no, incluso actividades placenteras, incluso actividades biológicas imprescindibles, requiere mayor esfuerzo intelectual que el mirar la televisión. La gente es perezosa.
No es mi objetivo al copiar el fragmento anterior el satanizar la televisión y ensalzar la lectura (aunque podría serlo), sino solo explicitar como el tiempo está ahí y es decisión nuestra en qué utilizarlo. Y, como objetivo secundario, a aquellas personas que me dicen (con un cierto tono de envidia y de queja personal) que no tienen tiempo para lectura, animarlas a que lo busquen.
Nota: el párrafo, al igual que en el mensaje de ayer, está sacado de
"Lo peor no son los autores" (...y lo que me estoy conteniendo por no copiar muchos más párrafos interesantes y que
La lección del maestro
"La lección del maestro" de Henry James es una de esas novelas cortas que terminan siendo deliciosas desde la primera a la última página.
Plantea la disyuntiva entre arte y vida, la necesidad de vivir experiencias para poder expresarlas o, por el contrario, la necesidad de aislarse en busca de la obra perfecta. La trama: un conocido autor británico, ya en declive, trata de convencer a un joven, pero prometedor, escritor de que no se case y se centre en su carrera literaria. Entre ambos, claro, la joven, atractiva e inteligente señorita que sirve de elemento impulsor de la narración.
Muy recomendable, no tanto por la reflexión (que vista a día de hoy parece un poco fuera de lugar), como por la excelente prosa en la que está escrita y el infinito amor por los libros que expresan los tres protagonistas.
Nota: se puede leer
aquí el original inglés de forma libre, gracias al proyecto Gutenberg.
Ilustración: retrato de Henry James por John Singer Sargent.
Un caso práctico

Rizando el rizo, y forzando la situación, puedo enlazar este mensaje con el
post de ayer, diciendo que se trata de un caso prático de lo expuesto por el libro de Lawrence Lessing.
Me hago eco del proyecto de la
British Library, que ha creado un fantástico
microsite donde se puede acceder a versiones digitalizadas en alta calidad de las distintas ediciones de las obras de Shakespeare datadas en la época de éste.
Una forma de difundir cultura y conocimiento, posible gracias a que los derechos de autor no se alargan eternamente, sino que llega un momento en que pasan al dominio público.
Derechos de autor, piratería y cultura

Como muchos otros autores de bitácoras en castellano, estos días he procedido a leer
"Cultura Libre" ("Free culture", en su título original en inglés) de
Lawrence Lessing, gracias a la reciente traducción a nuestro idioma (que se puede descargar de forma libre
aquí).
La obra trata sobre los derechos de autor, la piratería, la legislación, y la influencia de todos los anteriores sobre la difusión de cultura e ideas y la posibilidad de innovación. Debería notar que está muy centrado en la situación legal de los EEUU, aunque no supone ningún problema y las circustancias descritas son fácilmente asimilables (con retoques, en función de la propia legislación y costumbres sociales) a cualquier país occidental.
El libro me ha parecido más que interesante, convirtiéndose en un estudio serio y razonado de la situación de los derechos de autor. Además, en general, estoy más o menos de acuerdo con las distintas ideas que expresa el autor; otra cosa sería que se centra en aquellas que le son más útiles para defender sus tesis y deja un poco de lado algunos aspectos que considero importantes, y en los que creo que discrepamos. Así, su idea principal, "la legislación actual y la actuación de grupos empresariales y de presión (compañías musicales, editoriales, productoras cinematográficas) están coartando la libertad de expresión, de difusión cultural y de innovación/creación" es bastante clara. Coincido aquí (al menos tras una reflexión rápida) con sus propuestas sobre la limitación en la extensión del
copyright.
Sin embargo, y es el mayor pero, creo que no se puede obviar un grave problema, que tiene incluso connotaciones morales: una parte importante de la población ve el "pirateo" (así, con todas las letras, en su sentido más negativo, y no la creación de una obra derivada, ni el aprendizaje, ni nada similar, sino el "pirateo" como un hecho casi asimilable al robo) como algo normal y se dedica a ello de forma continuada. Y bajo esta situación es normal el estado de nervios de autores y editores (aunque a veces sus peticiones no sean ni efectivas, intentando poner puertas al campo, ni las que generen mejor imagen y a veces, también, algo amorales). Y no nos engañemos, a día de hoy, sin una industria saneada la creación también se vería dificultada.
Y las ideas que proporciona el autor para la solución el pirateo basado en redes
p2p (del
"top manta" no habla, no se si existirá un equivalente a dicha situación en los EEUU) son poco más que buenos deseos, a los que yo veo hoy en día pocas posibilidades de éxito.
En resumen, es una situación difícil, en que hay que combinar la defensa de la difusión de la cultura e ideas con los derechos de los creadores; al tiempo, hay que evitar el delito pero tampoco es posible criminalizar a millones de personas.
En otro orden de cosas, tal y como indiqué más arriba, he leído el libro en una versión electrónica (disponible bajo licencia
Creative Commons). No me apetecía nada bajármelo en formato
PDF y leerlo delante de la pantalla del ordenador.
Así que, al final, decidí optar por la versión
Palm Reader y leerlo en la pantalla de mi agenda electrónica. A pesar que dispongo de un modelo de gama baja (Palm Zire 21), lo que implica que las prestaciones de la pantalla son limitadas, me ha resultado muy cómodo este acercamiento a la lectura de un libro electrónico. Muy cómodo de transportar y leer en cualquier lugar y momento.
Supongo, que para un ensayo de estas características puede resultar adecuado, pero para una obra literaria se echaría de menos la sensación táctil, visual y el olor del papel.
Lecturas veraniegas, II: obras breves
Aunque la mayor parte del tiempo dedicado a leer en estas últimas semanas ha estado centrada en las dos extensas novelas comentadas en el
post anterior, he intercalado su lectura con algunos libritos de menor longitud y más ligeros.
- "En torno a la literatura" de Gao Xingjian.
Este libro, del que ya escribí algo, es una recopilación de textos y conferencias del Nobel chino. Algunas ideas muy interesantes, pero a veces peca de repetitivo, debido a la selección de los artículos incluidos. - "El paseo" de Robert Walser.
Este librito, casí más un relato largo que una novela corta, no me ha gustado practicamente nada. No he entrado en ningún caso en el juego del autor, pareciéndome sin interés las reflexiones y andanzas, nunca mejor dicho, del protagonista. - "Cuentos del Arco Largo" de G.K. Chesterton.
Como siempre una lectura satisfactoria, divertida, llena de ironía y mordaz. Tal vez algo irregular (al menos, a mí, algunos cuentos me han gustado bastante más que otros), pero muy recomendable. - "Editar Guerra y Paz" de Mario Muchnik.
Tercera lectura de este mini-librito detallando el proceso de edición de "Guerra y paz" por parte de El taller de Mario Muchnik. Se lee en apenas una hora, y tenía que volver a hacerlo después de disfrutar de la novela de Tolstói.
Y en un viaje que comienzo mañana me acompañará la edición de bolsillo de
"Habla, memoria" de Vladimir Nabokov, donde el genial autor ruso narra sus años de infancia y juventud.
Lecturas veraniegas, I: obras extensas

Me había auto-prometido que, después de la no muy satisfactoria y esforzada lectura del
"Ulises" de Joyce, iba a dedicar el verano a obras breves con el doble objetivo de reducir de forma rápida la lista de libros pendientes de leer y de relajar un poco la mente en esta época estival, que aunque permite lecturas más extensas, parece pedir mayor ligereza.
Sin embargo, finalmente, he incumplido esta propuesta; y no una, sino dos veces. Las últimas semanas de julio las dediqué al cuarto volumen de
"A la busca del tiempo perdido" de Proust,
"Sodoma y Gomorra". Y durantes las tres primeras semanas de agosto he acometido la aún más extensa tarea de la lectura de
"Guerra y Paz" de Liev Tolstói.
De la novela de Proust ya escribí
algo trás la lectura del tercer tomo y, casí, vuelvo a repetir palabra por palabra: no me veo capacitado para hacer un comentario mínimamente interesante del mismo (además, aunque lo intentara, se podrán leer multitud de análisis, todos ellos mejores que el que yo pudiera escribir).
Sí, recomendaría, para todos aquellos que consigan reunir el suficiente ánimo de espíritu para afrontar su lectura que se dediquen a ello, pese al esfuerzo que requiere, pues se ve recompensado con creces.
Y, la segunda de las novelas citadas, la que a priori creía que iba a ser la más trabajosa, aunque sólo fuera por los casi dos millares de páginas, no lo ha sido en absoluto; en todo caso, al contrario, de lectura muy ágil, iba observando con cierta lástima como me aproximaba al final de la apasionante narración.
"Guerra y Paz" ha sido una tremenda sorpresa. No se cuales eran mis espectativas hacia este libro, pero han sido superadas con creces. Es, sin duda, una de las mejores novelas que he leído nunca.
Relato simultáneo del enfrentamiento de la Francia de Napoleon y la Rusia de Alejandro I en general y de la vida de una serie de ciudadanos rusos, en particular; todo ello salpicado con las reflexiones del autor sobre la historia, el poder, los líderes, y la influencia de estos sobre la primera.
Fantastica novela coral (por algo es uno de los grandes clásicos), de lectura imprescindible.
Lengua y pensamiento
Siempre me ha parecido muy interesante el tema de si el lenguaje condiciona o limita el pensamiento, o este es meramente conceptual, basado en símbolos y libre de estructuras lingüísticas.
Gao Xingjian expone su punto de vista de forma muy clara en varios de los artículos y conferencias que se compilan en el libro
"En torno a la literatura":
El pensamiento propio de la filosofía occidental tradicional, y en concreto el de la conocida como metafísica, surge de los propios idiomas occidentales, unos idiomas que podríamos considerar analíticos. Pero la estructura del chino, articulada en torno al orden independiente de las palabras, propicia el surgimiento de una metafísica oriental de otro orden [...]
El hecho de que la cultura china otorgue menos importancia al razonamiento lógico que a lo espiritual y a lo intuitivo está intimamente ligado a la flexibilidad de la lengua china, derivada de la carencia de estructuras morfológicas gramaticales. El pensamiento chino reflejado en la lengua rebasa con facilidad toda definición, análisis, deducción o razonamiento para situarse sin rodeos en el juicio y la conclusión.
Pero es que la lengua china es muy diferente de los idiomas occidentales (o analíticos, como los etiqueta el Nobel chino) como el castellano o el inglés; tanto que me es incluso un poco difícil hacerme una idea:
El sustantivo en chino está formado por caracteres individuales y, a diferencia de los idiomas occidentales, carece de género, número y caso. El sustantivo, el verbo, el adverbio y el adjetivo son, en lo que a su función gramatical concierne, intercambiables. El verbo carece de conjugación y no distingue tiempo ni modo; no existen cambios morfológicos que diferencien pasado, presente y futuro o indicativo, condicional y subjuntivo. El sujeto, el predicado y el objeto se mueven con libertad y no siguen el orden de la frase.
Y me pregunto, ¿que habría sido de la obra de Kant, Freud, Nietzsche o Marx de haber nacido en China (obviando todas las consideraciones sociales y centrándonos en el lenguaje)? ¿habría existido? ¿cómo de distinta sería?
[Como anexo e
"ilustración", incluyo el principio del discurso de Gao Xingjian pronunciado en la Academia Sueca, el 7 de diciembre de 2.000 con motivo de la recogida del Premio Nobel]
Libros on-line
Más de una vez, cuando iba a escribir un comentario sobre un libro recien leído, buscando por
internet una imagen o un texto con el que acompañar el mensaje, me he encontrado el propio libro, completo,
on-line.
Normalmente se trata de clásicos, para los que ya han transcurrido los años establecidos legalmente y pasan a ser de dominio público (y si son traducidos, también debe haber transcurrido el mismo lapso legal para la traducción).
El ejemplo paradigmático en este campo es el
Proyecto Gutemberg que tiene en línea más de 10.000 títulos, la mayoría en inglés. En castellano, cabe destacar la
Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
Ayer encontré
este proyecto de la Biblioteca de la Universidad de Adelaida; de momento más modesto, unos 700 títulos, pero destaca por la maquetación de los libros que hace muy agradable la lectura.
Y, curiosamente, uno de los libros que tenía anotados para lectura este verano,
La taberna errante de G. K. Chesteron, tiene una
edición on-line a cargo de la propia
editorial que acaba de publicarlo en castellano, en formato PDF listo para imprimir.
Siempre es agradable la lectura de un libro bien impreso y editado, pero estas inicitivas son muy de agradecer, si no destinadas a una lectura habitual, sí para consulta de fragmentos, acceso a libros descatalogados, ediciones en el idioma original y como archivo de sabiduría.
Flush
Un día, para complacer a una amiga, entusiasta de Virginia Woolf, decidí preparar para ella el opíparo "boeuf en daube" de la señora Ramsay en Al faro, con la esperanza de que “del gran plato marrón” ascendiera “un exquisito aroma de aceitunas, aceite y jugo”. “Es una receta francesa de mi abuela”, explica la señora Ramsay. “Por supuesto que era francesa. Lo que en Inglaterra pasa por cocina es una abominación... Es poner repollo en agua. Es asar la carne hasta que quede como el cuero. Es pelar las deliciosas pieles de las hortalizas”. Hay muchas recetas para el "boeuf en daube", un estofado de buey que, como tantos platos campesinos, varía según el lugar en que se guisa, de los ingredientes a mano y de la inventiva del cocinero. Cuando lo serví, mi amiga reconoció inmediatamente la referencia literaria y, después del primer bocado, exclamó, como el invitado de la señora Ramsay: “Es el triunfo”. Después, mientras comíamos hablamos de su amor por Virginia Woolf y de la primera vez que leyó Al faro, cuando era una cría, y sintió la conexión íntima que todo adolescente debe sentir con esa conmovedora crónica de esperanzas frustradas y memoria restauradora. Mi amiga habló de visitar los lugares que Virginia Woolf había conocido, y de intentar ver, tocar y oler las cosas que su autora favorita había conocido y que a mi amiga le parecía que había descrito deliberadamente para ella. Y, aunque había probado antes el "boeuf en daube", y pensado en Al faro, nunca se lo habían puesto delante como un monumento conmemorativo a su amor literario, y dijo que las palabras de la página volvieron a ella, línea por línea, mientras cortaba y comía el aromático guiso marrón. Aquel "boeuf en daube" selló nuestra amistad.
El texto anterior es un fragmento de
Cocinar según el libro de Alberto Manguel (
Babelia, 5 de junio de 2.004, vía
La Hispaniola). No lo he copiado porque vaya a comentar
Al faro, ya lo hice hace unos
meses, sino porque lo he encontrado, me ha gustado y me da pie a hablar de mi última lectura,
Flush, también de Virgina Woolf.
Interesante librito, de esos a los que uno se acerca pensando que será una obra menor, un pequeño entretenimiento, pero se encuentra con una de esas gozosas joyas que sólo pueden aparecer en libros de este tamaño y, a priori, tan alejados de grandes pretensiones.
Planteado como una biografía (con la misma semántica que se aplicaría a este termino si el objeto fuera un ser humano) de Flush, el perro de la poetisa Elizabeth Barrett Browning, es una deliciosa narración de los sentimientos del can y su ama, del Londrés victoriano y de Italia; en el fondo, una optimista narración exaltando la amistad y la sensación de estar vivo.
Evidentemente, de más que recomendable tirando a obligatorio.
El candor de G.K. Chesterton

G. K. Chesterton, celebradísimo escritor de ficción, fue también un renombrado autor de ensayos y un acerado polemista [...] Chesterton nos abre una ventana al mundo que le tuvo ocupado como periodista y escritor de panfletos—así es como él quería ser recordado—y con el que raramente mantuvo una convivencia pacífica. Chesterton es el hombre visceral, polémico y apasionado, que no dudaba en proclamar de viva voz su denuncia ante un sistema político corrupto y una moral propagandística cuyo telón de fondo era la guerra de los Bóers (la incursión británica en Sudáfrica que tan popular fue entre la sociedad inglesa) y la Primera Guerra Mundial. Su conversión al catolicismo acabó de situarlo en el papel de personaje excéntrico y contestatario. Hoy, por su extraordinaria agudeza intelectual y su brillante habilidad para esgrimir la paradoja como arma de argumentación, Chesterton sigue siendo el estimulante pensador que consiguió mantener, en vilo y al acecho, a miles de lectores.
No se si el anterior fragmento, extraído de la contraportada de la edición española de su
Autobiografía (El Acantilado), es el más adecuado como entrada para este artículo, en el que no voy a hablar de dicho libro, pero me ha gustado pues muestra claramente el caracter del autor británico.
El libro que me estoy leyendo actualmente es
El candor del padre Brown. Tal vez lo leyera hace ya muchos años, cerca de 20, no lo puedo recordar; lo que es seguro es que leí uno de los múltiples libros protagonizados por el pequeño sacerdote, pero no sé cual, cuando devoraba uno tras otro todos aquellos volúmenes de temática policiaca que llegaban a mis manos.
No llegó a engancharme lo suficiente para continuar con los otros libros; es normal, en aquella época lo que buscaba era el más difícil todavía, la resolución del crimen perfecto, la escapada de la habitación cerrada...
Y, si bien, en los relatos que conforman los libros del Padre Brown hay casos policiacos que éste resuelve, no es el raciocinio solucionando el
"puzzle" el elemento central, sino sólo la anécdota que sirve de hilo conductor de la historia.
La ironía, que lo envuelve todo y te hace mantener una sonrisa en la boca durante casi toda la lectura, es casi más importante que la narración detectivesca; y, de complemento, el autor va soltando poco a poco sus ideas sobre la razón, la religión, y las grandes utopías políticas que aparecieron en el cambio del siglo XIX a XX.
Literatura de género, divertida, pero extremadamente inteligente y muy bien escrita (por algo soporta magnificamente el paso del tiempo). Me parece que este verano va a caer entre mis manos algún libro más de Chesterton.
Y, para los que duden, hay multitud de obras suyas
on-line (ventaja de que los derechos de autor, en este caso, ya hayan cumplido su labor) listas para descarga.
[Ilustración:
As i am, autoretrato de Chesterton.]
Relecturas
Aprovechando que estoy leyendo, como comenté hace unos días, el
Ulises de Joyce me he embarcado en varias relecturas.
No me gusta tener varios libros entre manos, sino que gusto de cogerlos de forma secuencial, centrado en el actual. Sin embargo, ante un caso como este, con una lectura que puede tomar muchas semanas y demasiado compleja para dedicarle una atención continua (la mente requiere descansos) me he dedicado a releer tres libros:
Vidas escritas,
Salvajes y sentimentales, ambos de Javier Marías y
Editar Guerra y Paz de Mario Muchnik. Los dos primeros son libros que recopilan textos muy breves, cuya lectura no lleva más de unos minutos, y se puede intercalar en cualquier momento; el tercero es un libro tan corto, que se lee en una o dos horas. Cualquiera de ellos ideal para ser compaginado con el
Ulises.
Sin embargo, releeo poco, y bien que lo siento. Creo que debería releer mucho más, pero hay tantos libros no disfrutados esperando... Y cada vez que se descubre un autor nuevo, te encuentras, de repente, 5, 10 ó 15 obras agregadas a la lista de pendientes.
Así, que no releeo practicamente nada. Apenas en casos como este, en que me acerco a la estantería buscando una lectura adecuada para intercalar entre otras, o en casos en que me compro libros que en su momento leí vía bibliotecas y me apetece poseer.
¿Seguirá siendo esto así siempre? ¿O, llegará un momento, con la edad en que tenga menos libros/autores por descubrir y me dedique más a volver a leer? El tiempo lo dirá...
Ulises centenario

Hace unas semanas reuní el suficiente valor para lanzarme a la aventura de leer el
Ulises de Joyce. Aún me queda algo más de un tercio del libro, pero le voy a dedicar un mensaje hoy.
¿Por qué no esperar a acabarlo? Pues porque hoy es un día muy significado; se celebra, principalmente en Dublín, el
Bloomsday. La novela, simplificando muchísimo, se centra en el recorrido del principal personaje, Leopold Bloom, durante un día por Dublín. Dicho día es, evidentemente, el 16 de junio. Para conmemorarlo, todos los años en esta fecha se reúnen fanáticos de la obra de Joyce en la capital irlandesa vestidos según la época y rememoran los hechos narrados en el libro (comenzando con unos riñones para desayunar).
Pero este año es especial: los hechos narrados ocurren el 16 de junio de 1.904; es decir, hoy se cumplen exactamente 100 años. El Ayuntamiento de Dublín ha organizado multitud de eventos conmemorativos (
http://www.rejoycedublin2004.com) y en los medios se pueden encontrar multitud de artículos y reportajes sobre la novela.
Supongo que yo tendría ahora que ponerme a hacer algún comentario (aunque sólo sea parcial, debido a la imcompletitud de mi lectura) de la novela. Pero me temo que es algo que excede mis capacidades; no me voy a privar, sin embargo, de narrar mi experiencia de lector.
Me enfrenté al
Ulises sin saber realmente lo que me iba a encontrar, simplemente sabía de su lugar preeminente en la literatura del siglo pasado, y su naturaleza innovadora. Ignoraba el esfuerzo titánico que Joyce plantea a sus lectores, las infinitas referencias (
La Odisea,
Hamlet, la Biblia, literatura inglesa, historia irlandesa, etc...) que soportan la estructura del libro, la capacidad de memoria que exige tener en mente durante muchos cientos de páginas detalles mínimos que luego tendrán su importancia, los cambios constantes y completos de estilo y, sobre todo, ese forzar al máximo el lenguaje, saltándose todos los cánones existentes.
El comienzo de la lectura fue bastante desesperanzador; tuve que releer capítulos completos tras no haberme enterado de nada y estuve tentado de dejarlo para mejor ocasión. Sin embargo, perseveré y he llegado a cogerle un
"poquito" el punto (porque, no nos engañemos, soy consciente de que se me escapa gran parte de la novela) y a empezar a disfrutarla.
Leyendo estos días algún artículo (por ejemplo,
este), para satisfacción propia al salvar medianamente el honor, uno se da cuenta que las dificultades de leer el
Ulises son más o menos universales, y no se deben sólo a que uno sea más burro o inculto de la cuenta (que no digo que no lo sea) sino, sobre todo, a la complejidad de la obra.
Y las dificultades, no acaban ahí, en la lectura: sino que se encuentran también en la traducción. Yo estoy leyendo la de José María Valverde, por la que ganó el Premio Nacional de Traducción. Aún así, tanto en
Babelia como en
El cultural he leído críticas a esta versión. Incluso se plantea la duda de si no es una obra que
"sólo" se puede leer en el original inglés: ¡con las dificultades y esfuerzo que me está suponiendo la lectura en castellano, para leérmelo en inglés!
[Ilustración:
James Joyce de Barrie Maguire]
Cerrando la ventana
Es ya el tercer
post que escribo sobre
Ventanas de Manhattan de Muñoz Molina; en el
primero, hace unos meses, cuando ni lo había comprado, ponía en relación las palabras del autor con las sensaciones que me produjo el visionado de
Lost in translation; en el
segundo, hace unos días, en pleno proceso de lectura, no me pude resistir a la tentación de copiar un fragmento que me había gustado especialmente, sin añadir nada más, pues no hacía falta.
El tercero, y creo que último, lo escribo una vez pasadas unas horas de leída su última página. Última página de un libro que me ha producido un gozo inmenso, como hacía tiempo que no me generaba un libro de Muñoz Molina. Pequeñas pinceladas de sus fragmentos de vida pasados en Nueva York, libreta en mano, sensaciones de felicidad, descubrimiento, asombro y, por qué no, tristeza que tan hábilmente consigue transmitir.
Hasta ahora, probablemente, mi libro preferido de Muñoz Molina era
Ardor guerrero, en que describía su Servicio Militar. Mi primera lectura de este libro la hice en mi última semana de
mili, cuando ya dicho periodo comenzaba a evaporarse de mi vida, y lo he releído dos veces más posteriormente. Y, aunque su
mili fue mucho más dura que la mía, sus descripciones (la rugosidad del petate y las mantas, los olores de la cocina, el lenguaje cuartelario, la cuenta atrás continua, ...) parecían que eran idénticas a mis propios recuerdos y sensaciones. Y, de nuevo, en un libro más o menos biográfico (aunque si no recuerdo mal, en ninguna línea aparece su nombre, ni de el de su mujer, ni ningún título de su obra,...), en primera persona, he vuelto a encontrar experiencias y vivencias propias, distintas pero iguales, escritas en un papel y salidas de la mano de Muñoz Molina.
Y, mientras lo leía, me asaltó varias veces el pensamiento de que, por la estructura (pequeños textos de 3 ó 4 pags.) y el tono (intimista, en primera persona), el libro muy bien podría ser una bitácora; en el fondo no deja de ser un diario, pero en papel, no en el
web. Y, claro, esto en cierta forma me producía una cierta desazón, viendo la calidad de la prosa del libro y mis penosos intentos que perpetro varias veces por semana. En fin...

Y, al igual que hice en el primer
post que escribí sobre el libro, lo ilustro de un cuadro de Hopper,
Room in New York. Un cuadro con ventana en Nueva York, que tanto gustan a Muñoz Molina y que tanto me gustan a mí. Que a él le traen recuerdos y asociaciones, y a mí sensaciones y evocaciones.
Un fragmento
[...] Qué gusto, qué codicia de libros, rotundos como panes de corteza dorada, y yo paseando entre ellos, tentado por casi todos, feliz de su cercanía, no agobiado por la proliferación. Cada libro es una excitante invitación y también un principio anticipado de remordimiento, una promesa de sensaciones, palabras, saberes y mundos, y una advertencia de que no se pueden leer todos los libros que uno quisiera. Siempre faltará tiempo, y el que se dedique a uno se le estará negando a otro, y uno no podrá dar nunca por satisfecha esta apetencia de lectura, este vicio impune, según Valery Larbaud. Por azar encuentro un libro que venía buscando sin éxito hace tiempo, que me ilusiona como cuando encontraba una novela aún no leída de Julio Verne en la papelería de mi ciudad natal [...] Si hubiera más luz en la calle empezaría a leerlo ahora mismo, sonámbulo por la ciudad con mi libro en las manos.
Ventanas de Manhattan, Antonio Muñoz Molina
A new kind of science

Anoche me terminé
"A new kind of science" de
Stephan Wolfram, y casi puedo decir que terminé con la pesadilla, porque este libro, no es que me haya decepcionado, es que me ha parecido extremadamente malo.
Más adelante matizaré y fundamentaré este simplista comentario, pero antes creo que es necesario establecer unos antecedentes previos para ponerte en situación, lector:
En primer lugar, para quien no lo sepa, Stephan Wolfram es un científico famoso, sobre todo, por ser el creador del extendido software Mathematica (se puede leer su biografía aquí). Con la tranquilidad económica que le ha proporcionado esto, se ha podido permitir el dedicar 10 años de su vida a la titánica tarea de desarrollar las teorías que expone en este voluminoso libro.
Es decir, que el autor debe de ser indudablemente muy inteligente; es por esto que me entran dudas acerca de mi valoración sobre el libro (¿no seré yo el equivocado?) aunque, como veremos, mi opinión es compartida por mucha gente.
En segundo lugar, nunca había visto un libro con tan mala valoración por parte de los lectores en Amazon. Aunque hay comentarios positivos, con 4 ó 5 estrellas (sobre 5), la mayoría son negativos, con 1 ó 2 estrellas (y con unas valoraciones que, una vez leído el libro, comparto en gran parte).
Es decir, como mínimo, parece que no soy el único que tiene opinión negativa del libro.
Aún así, por lo visto, se vende bastante bien dentro de su categoría (a pesar de su precio) y ha creado bastante polémica (Nota: se puede leer on-line en la dirección puesta arriba).
Por último, a pesar de las críticas que le precedían, me decidí finalmente a leerlo una vez que lo ojeé, pues visualmente es muy atractivo gracias a sus más de 1000 imágenes.
Una vez expuestas estas premisas que detallan las circunstancias en las que me acerqué al libro, ya puedo pasar al comentario del mismo.
¿De qué va
A new kind of science? Pues su titulo dice exactamente lo que nos encontramos dentro (bueno, realmente, "querría decir" porque no creo que lo consiga). Su autor pretende desterrar, al menos en parte, todo el paradigma científico que actualmente se utiliza, fuertemente apoyado en el uso intensivo de las matemáticas, fórmulas y expresiones aritméticas.
¿Por qué, según el autor, no es válido dicho paradigma? Pues porque, en su opinión, sólo es válido para sistemas muy sencillos, no pudiendo dar respuesta a escenarios complejos.
Pero, como el título del libro incluye la palabra
"new", el grueso del volumen se dedica a exponer la nueva
"ciencia" que dice haber
"desarrollado" S. Wolfram y a intentar convencernos de sus bondades al tiempo que a intentar establecer todo nuestro modo de ver del universo (desde la física a la metafísica, pasando por la biología, las matemáticas o la computación; todo tendrá respuesta gracias a sus
"descubrimientos"). [Comillas y cursivas, evidentemente mías].
Y, ¿en qué se basa dicho paradigma científico? Pues, una vez eliminadas las matemáticas, la ciencia se sustenta en la utilización de programas informáticos; los cálculos aritméticos se ven sustituidos por computaciones. Y, en particular, gran parte de dichos programas son autómatas celulares, cuya salida gráfica ilustra abundantemente el libro.
A partir de aquí la tesis del autor se centra en varios puntos:
Programas muy simples pueden generar comportamientos muy complejos.
Dichos comportamientos complejos de los programas explican múltiples situaciones de la naturaleza que la ciencia actual no ha sido capaz de explicar/modelizar.
Al final, todo lo que existe en la naturaleza (incluyendo el ser humano) no deja de ser equivalente a uno de estos programas (y todos de una complejidad equivalente).
Y, por último, mis comentarios que establecen mi valoración:
Primero, es evidente que fueran como fueran las teorías expuestas, fuera como fuera el estilo del libro, unos objetivos tan ambiciosos y una ruptura tan radical con la ciencia actual iba a ser muy discutible, generando una fuerte polémica.
Segundo, como hechos positivos, no cabe duda que el libro tiene algunas ideas interesantes y que dan que pensar (en especial, la idea de irreductibilidad) aunque luego no se esté de acuerdo en su desarrollo y/o alcance. Otro aspecto positivo, es que a pesar de lo voluminoso (unas 1.200 páginas, de las cuales 850 son el texto en sí y 350 notas) el libro se deja leer fácilmente e incluso con soltura (las abundantes ilustraciones y la repitición machacona de ideas ayudan).
El primer aspecto crítico tal vez sea el más discutible, pues depende en cierta manera de creencias y opiniones. No estoy de acuerdo en esa visión del mundo tan atomista y determinista; o tal vez, detallando un poco más, no estoy de acuerdo en la radicalidad con que extiende sus consecuencias.
En cuanto al estilo, es muy repetitivo. La frase "como hemos demostrado en este libro, leyes simples pueden generar comportamientos complejos" (o alguna equivalente) se dice centenares de veces a lo largo del volumen (y no exagero, rara es la página en la que no aparece). El autor intenta convencernos de sus ideas a base de repetirlas una y otra vez, formuladas de forma equivalente. Además, peca de un egocentrismo poco adecuado para un libro científico: "yo, mi libro, he demostrado, he desarrollado, he descubierto,..." son expresiones que se repiten ad infinitum.
Y, las dos críticas en mi opinión mas graves. La primera es el carácter poco científico del libro. Infinidad de veces se hace referencia a cuestiones que se han demostrado a lo largo del libro, que en mi opinión, no lo han sido en absoluto (y no me refiero a una prueba formal, en sentido matemático, sino a un sentido más amplio de la palabra). Multitud de ocasiones, dada una característica de un sistema, lo que se hace es buscar un autómata/programa que muestre un comportamiento simplemente parecido y se dice que su teoría resuelve dicha problemática. A veces, creo que no queda clara la diferencia entre simulación y modelización.
Y la otra crítica importante se refiere a la novedad de lo presentado. Muchos de los "importantes y trascendentales hechos descubiertos y demostrados en el libro" no son tan nuevos, y el autor parece obviar todo lo que hay por detrás. Resultados clásicos de la ciencia/matemática/informática teórica son a veces ignorados completamente y a veces escondidos en las notas finales sin darle la importancia debida (fractales, tesis de Church-Turing, tesis de que P es distinto de NP en teoría de la complejidad, puerta NAND como regla sencilla que permite construir cualquier computador). Es decir, en gran parte, estamos ante un refrito de resultados anteriores a los que, eso sí, se les ha dado una interpretación mucho más radical.
Nota: como compensación y desquite, leyendo en
Babelía el pasado sábado una reseña de J.M. Sánchez Ron he encontrado el que posiblemente sea mi próximo libro de divulgación científica, y que me devolverá a la ciencia basada en las matemáticas:
Fórmulas elegantes. Grandes ecuaciones de la ciencia (VVAA., dirigido por Graham Farmelo, Tusquets).
Alejandro, el psicomago

Durante sus dos últimas emisiones el programa literario de
La 2,
Negro sobre blanco, ha estado ocupado por una extensa entrevista al chileno
Alejandro Jodorowsky, aprovechando el lanzamiento en España de su libro
Psicomagia (Ediciones Siruela).
De Jodorowsky sólo he leído hasta el momento un libro,
La danza de la realidad, pero multitud de
comics. Después de leerlo en ambos medios, verlo y oirlo en TV, creo que el personaje es más interesante en su lado más místico, de psicomago, que como guionista de tebeos, en los que no deja de repetir recurrentemente las ideas centrales de su pensamiento, semi-ocultas por alguna capa de fantasía y/o ficción científica (ojo, no quiero decir que sus comics sean malos, hay de todo, buenos y malos, habiendo colaborado con inmensos dibujantes).
Sin embargo, el verlo hablar es distinto, suelta las amarras, pone una sonrisa en la boca y comienza su disertación desordenada, plagada de experiencias personales y citas, del torrente de ideas que conforman su universo. A mí, una persona altamente racional y de mente cuadriculada, sorprendentemente me atrae el oir hablar a Jodorowsky, a pesar de que su narración se mueva en un ámbito espiritual y místico.
No cabe duda que la idolatración que le profesa Dragó puede aumentar el poder empático en las entrevistas comentadas, pero también es indudable que es una persona altamente inteligente, que ha decidido no restringir su vida a unos cauces habituales. De esta forma, lo que de otra forma para mí no dejaría de ser un charlatán se convierte en una persona muy interesante.
Arrancad las semillas, fusilad a los niños
Arrancad las semillas, fusilad a los niños de
Kenzaburo Oé es el último libro que he leído.
Libro duro, muy duro, cuya lectura te deja con mal cuerpo.
Continuas exclusiones salpican esta novela, donde los excluidos, además del propio estigma de serlo, son vejados, golpeados, abandonados a su suerte: los campesinos frente a los niños, los japoneses frente a los coreanos, los libres de culpa frente a los condenados, los que huyen frente a los que quedan, los habitantes frente a los extraños, los que sucumben frente a los que resisten, los leales frente a los desertores, los perseguidos frente a los perseguidores, los sanos frente a los enfermos y, finalmente, los vivos frente a los muertos.
Triste, muy triste todo, y lo peor la sensación de verosimilitud: todo lo que ocurre no sería extraño que ocurriera; y menos en tiempos de guerra, donde un pueblo, el japonés, espera la ya inevitable derrota. Pero siempre quedarán víctimas, un escalón por debajo, en los que descargar la rabia contenida.
Pese a todo, su dureza y tristeza, buena novela que merece la pena leer.
Día del libro (y III)

Y la forma lógica de cerrar el
Día del libro es con una visita a la librería y una posterior sesión de lectura.
Hace ya tiempo que tenía pensado qué iba a comprar hoy, pero normalmente en la librería suelo variar mi opinión una vez paso unos minutos observando y ojeando. Sin embargo, hoy no he cambiado mi idea y he adquirido lo planeado: dos
"grandes" clásicos y una curiosidad.
Y digo
"grandes" tanto por su importancia como por su tamaño:
Guerra y paz de Tolstói y
Ulises de Joyce. Me parecía adecuado, siendo el día que es hoy (y tambien, por qué no decirlo, aprovechando los descuentos especiales) comprar estas obras, aunque el reto que supone su lectura supongo que tendrá que esperar a un periodo vacacional.
La
versión del
Ulises, aún siendo en bolsillo, parte con el aval de haber recibido el premio Nacional de Traducción en 1.976 (José María Valverde).
La edición de
Guerra y paz, traducida por Lydia Kúper y realizada por
El taller de Mario Muchnik, tiene su historia detrás.
Ya escribí hace unos meses un
mensaje tras haber oído a Mario Muchnik en una entrevista radiofónica hablando de la experiencia que había supuesto la realización de esta edición de
Guerra y paz. Emocionaba oir a alguien hablar con tanto cariño de una obra, de su nueva traducción y de su cuidada edición.
Algunas semanas después volví a topar con una nueva entrevista (ambas ocasiones en
RNE: ¡al final la emisora estatal será realmente un servicio público!) y nuevamente conseguía transmitir sus sentimientos: como esa obra le había acompañado durante su vida a través de las distintas lecturas realizadas en distintos idiomas.
Fue entonces cuando decidí que inevitablemente tenía que comprarlo, e indudablemente en dicha nueva traducción.
Pero no sólo eso, sino que Muchnik escribió y publicó un volumen pequeñísimo (su lectura completa se realiza en apenas unos minutos) describiendo el proceso de edición del clásico ruso. Este es el tercer libro que he comprado hoy, y al que he etiquetado un poco más arriba como
"una curiosidad".
No deja, sin embargo, de ser una delicia (no he podido esperar y ya lo he leído) continuando la manifestación de amor por un oficio, el de editor, ya expresada en las entrevistas comentadas.
Incluyo el texto de contraportada:
La edición de "Guerra y paz" publicada estos días por este Taller, fruto de cuatro años y medio de trabajo pero también de toda una vida marcada por la que, según muchos, es la mejor novela jamás escrita, ha sido una sucesión de coincidencias, percances y sorpresas dignas de un sainete, obstáculos a duras penas superados, problemas con soluciones felices y, sobre todo, momentos de gracia probablemente suscitados por el mismo texto de Tolstói.
Rodeado de amigos que han vivido esta aventura muy de cerca, influenciado y alentado por ellos, he decidio narrar los hechos para beneficio de generaciones futuras de jóvenes editores.
Si las hay.
[
Ilustración: portada de la edición de
"Guerra y paz" del taller de Mario Muchnik, por Eduardo Arroyo]
Día del libro (II)
Es tradición en una lista de correo en la que estoy suscrito el que los miembros aprovechen la celebración del día del libro para hacer una recomendación.
Me he saltado ligeramente las normas no escritas y he propuesto dos. Los títulos no deben ser sorpresa para ninguno de los que sigan habitualmente esta bitácora, pues ya he hablado de ellos y los he recomendado aquí:
En ficción he recomendado Moby Dick de Herman Melville (ver mensajes de 20 de febrero y de 10 de marzo de 2.004).
En no ficción he recomendado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción de Vicente Verdú (ver mensaje de 13 de agosto de 2.003).
Pero como no todo va a ser mirar hacia el pasado, hacia lo ya leído, hacia lo ya reseñado y recomendado, me quedaré en el presente y en el futuro. Y en esta categoría quedan los dos libros con los que estoy actualmente y, aunque pienso reseñarlos con detalle en el futuro, sus respectivas recomendaciones (tómese con precaución, pues no he finalizado su lectura, pero está lo suficientemente avanzada para arriesgarme a decir algo):
Con relación al primero, Ébano de Ryszard Kapuscinski, mi veredicto es claro: recomendación. Tenía ganas de leer algo del último Premio Principe de Asturias de Comunicación y Humanidades y lo que llevo leído del libro me ha sorprendido aún más gratamente de lo esperado: honradamente observado y fantásticamente escrito.
El segundo, A new kind of science de Stephan Wolfram no lo abandono a medias porque no me gusta hacerlo en general y menos, como en este caso, cuando ya llevo más de medio millar de páginas (aunque me queda casi otro medio millar). Muchas reseñas negativas había leído... y ahora entiendo por qué. Mi recomendación es utilizar el tiempo en otro libro.
Nota. Aunque no tenga nada que ver con el tema del
post y tampoco tenga un interés especial, este es el mensaje 200 de esta bitácora: número redondo y poco significado más.
Día del libro (I)

Siguiendo las tradiciones que son dignas de ser seguidas, comenzaremos el día del libro con un fragmento del
Quijote:
Así como don Quijote entró por aquellas montañas, se le alegró el corazón, pareciéndole aquellos lugares acomodados para las aventuras que buscaba. Reducíansele a la memoria los maravillosos acaecimientos que en semejantes soledades y asperezas habían sucedido a caballeros andantes. Iba pensando en estas cosas, tan embebecido y trasportado en ellas, que de ninguna otra se acordaba. Ni Sancho llevaba otro cuidado, después que le pareció que caminaba por parte segura, sino de satisfacer su estómago con los relieves que del despojo clerical habían quedado, y, así, iba tras su amo, sentado a la mujeriega sobre su jumento, sacando de un costal y embaulando en su panza; y no se le diera por hallar otra aventura, entre tanto que iba de aquella manera, un ardite.
En esto, alzó los ojos y vio que su amo estaba parado, procurando con la punta del lanzón alzar no sé qué bulto que estaba caído en el suelo, por lo cual se dio priesa a llegar a ayudarle si fuese menester, y cuando llegó fue a tiempo que alzaba con la punta del lanzón un cojín y una maleta asida a él, medio podridos, o podridos del todo, y deshechos; mas pesaba tanto, que fue necesario que Sancho se apease a tomarlos, y mandóle su amo que viese lo que en la maleta venía.
Meme 23/5
Encuentro en
pjorge.com una divertida propuesta literaria-bitacoril. Es muy simple:
1. Se pilla el libro más cercano
2. Se abre por la páigna 23
3. Se busca la quinta frase
4. Y se pone en tu bitácora junto con estas instrucciones.
La frase que me ha correspondido es:
Una de sus grandes historias clásicas, contada y recontada mil veces mientras yo crecía, fue la historia de cómo llegó a Estados Unidos.
Os animo a que sigais la cadena.
Veinte años y un día y un premio
Ya se rumoreaba desde hace varios días, y hoy se ha confirmado:
Semprún, Premio José Manuel Lara por 'Veinte años y un día'.
No deja de ser un premio, que ni da ni quita calidad a la novela (aunque en este caso, al ser un
galardón concedido a novelas ya públicadas y sin restricción de editoriales, tiene más credibilidad que otros más famosos), pero me sirve para volver a recomedar este libro o cualquier otro del, al menos para mí, absolutamente imprescindible Semprún (ver otros
posts anteriores sobre el tema:
aquí,
aquí y
aquí).
El tamaño no importa
El viernes estuve en la que pasa por ser la librería más grande de Europa, la
Waterstone's de Picadilly (Londres): 6 plantas dedicadas a esto de vender libros.
[Inciso: la verdad es que no sé si el termino librería es el más adecuado para estos gigantes comerciales, o deberíamos llamarlos grandes almacenes o supermercados de libros.]
Fuí allí con la intención de comprar
A new kind of science de
Stephen Wolfram. Llevaba varios meses con este libro en mente, pero su altísimo precio y las no muy favorables reseñas de los lectores en amazon.com, lo habían desplazado un poco en mi lista de prioridades.
Pero después de ojear un ejemplar que casualmente tenía un conocido, decidí compralo sin duda. Y como iba a pasar el puente del 19 de marzo en la capital británica me esperé y no lo pedí por
internet.
Pero una vez en
Waterstone's, acostumbrado al precio fijo por ley en España, la sorpresa fue mayúscula: el
mismo libro que la
misma empresa vende por menos de 25 libras de forma
on-line, cuesta 40 en sus tiendas; una diferencia que, al cambio, asciende a la disparatada cantidad de aproximadamente 22 euros.
Evidentemente, lo dejé donde mismo lo encontré, y lo compararé
on-line. Todo esta historia que estoy contando sirve para lanzar la reflexión acerca de la feroz competencia que supone en los paises con el sector editorial liberalizado la venta por
internet, de forma que ni las grandes cadenas comerciales pueden llegar a los descuentos que ellos mismos ofrecen usando la red.
Y esto, en un producto como el libro en el que todos los ejemplares de un mismo volumen son idénticos, hace que el factor precio se convierta en decisivo a la hora de determinar el lugar de compra (dando por supuesto que el servicio de un amazon o similar es de muy alta calidad).
¿Qué hacer: proteger a los distintos escalones del mercado, autores, editores y libreros (en especial, a los más pequeños) con la vista puesta en proteger algo tan abstracto y escurridizo como la "cultura" o dejarlo todo bajo el libre mercado con la esperanza de que la competencia lleve a mejores servicios/productos por menores precios? Difícil cuestión... (aunque yo me decanto por la primera opción).
Últimas lecturas
Hace ya varias semanas que no ponía aquí las reseñas de los libros leídos, por lo que tengo acumulados varios: una pequeña decepción, una novelita deliciosa y un clásico impresionante.
Beatus ille de
Muñoz Molina, ha sido la decepción. En mi tarea de recuperar sus primeros libros, y tras el magnífico sabor de boca de
El jinete polaco, he vuelto a viajar literariamente a Mágina mediante la segunda novela del autor de Úbeda.
Pero no ha terminado de gustarme, o al menos no tanto como esperaba; no se si debido a que la leí en condiciones poco favorables (distribuida en varios viajes en tren, cuando yo necesito mucha concentración para leer) o a que su prosa no estaba aún lo suficientemente pulida, siendo enrevesada de más sin motivo aparente, pero el caso es que no llegué a conectar. No por ello deja de tener sus cosas buenas: el original plateamiento por el cual desde la primera página el lector se está preguntando quién es el narrador y un final más que interesante y, al menos en mi caso, inesperado que te hacen cerrar la novela con una buena sensación.
La novelita deliciosa, según la clasificación del principio de este mensaje, es
El hombre que fue jueves de
G. K. Chesterton.
Comprada por casualidad (acompañaba a
El País en una de sus promociones; la quiosquera me la ofreció y pese a decir que no en un primer momento, luego lo repensé y me dije que por 1 euro siempre merecería la pena; y ha estado esperando varios meses hasta que le ha tocado su turno), es un relato de muy rápida lectura y que se disfruta con enorme intensidad desde el principio al final.
Una alocada historia de conspiraciones anarquistas, poetas y policías ambientada en el Londres de principios de siglo XX, que lo mismo te hace reir a mandíbula batiente, que te hace reflexionar acerca de la identidad, realidad y apariencia, bien y mal, religión y moral, pero siempre con la sonrisa en la boca.
Por cierto, la novela se encuentra disponible integramente para lectura
on-line, en inglés,
aquí.
Y el clásico es
Moby Dick de
Herman Melville. De nuevo aquí debo entonar un
mea culpa, pues hasta ahora había dejado pasar esta imprescindible obra, tal vez bajo el prejuicio de novela de aventuras, como género menor, juvenil, de evasión y tal vez bajo una imagen equivocada de un libro un tanto antiguo y rancio.
Sin embargo, una vez leída, no puedo por menos que darme cuenta de mi error y calificarla como una de las mejores novelas que han pasado por mis manos, de lectura inexcusable.
Una fantástica narración, plena de ritmo, amena de la primera a la última página (y son muchas), fantásticamente escrita y mejor esctructurada, alternando capítulos descriptivos, reflexivos y de acción. Y siempre, de fondo, la presencia intuida, amenzante e inquietante de la gigantesca ballena blanca (que no aparecerá hasta las últimas páginas), el alma torturada de Ahab y la certeza de que el destino los llevará a encontrarse, de forma trágica pero ineludible.
Ventanas perdidas en la traducción de Manhattan
Hace unos pocos minutos llegaba a casa después de ver
Lost in translation. No voy a cometer la osadía de comentar la película; ahora que casi he abandonado el comentario de libros y
comics en esta bitácora, no voy a empezar con el cine, del que apenas soy un aficionado muy intermitente.
Pero,
Lost in translation es una película que creo que facilita mucho el divagar a partir de ella. Y a eso me pongo.
Mi pensamiento en gran parte de la película se centraba, más que en la relación entre los protagonistas, en la sensación de estar en una ciudad extraña, en una cultura extraña, en que pierdes todos tus referentes habituales, tus costumbres, tus puntos de apoyo en el día a día aprendidos y aprehendidos durante años, en la que no conoces a nadie, en la que eres tú y tu consciencia.
Y este pensamiento no dejaba de llevarme a la palabras de Muñoz Molina, del que estos días he leído/visto varias entrevistas debido al lanzamiento de su nuevo libro,
Ventanas en Manhattan (libro que tengo en la lista de pendientes por comprar; pero esa lista y la de comprados pero pendientes por leer son ya demasiado largas para poder saber cuando le llegará su turno).
En esta obra, Muñoz Molina, vierte sus pensamientos recogidos de sus paseos, libreta en mano, por Nueva York, donde ha vivido en distintos periodos de su vida. Y comenta el escritor la sensación extraña que te invade y que te hace en cierta forma encontrarte contigo mismo; el problema, en la película, es que ese
"uno mismo" es más vacio de lo que parecía, o al menos no se puede ocultar una vez quitadas las capas de cebolla de la costumbre.
Y después de enlazar una película con un libro, y siguiendo con la divagación anunciada al principio, termino conectando el libro, vía las palabras de su autor, con un cuadro.
[...] el hilo conductor del libro eran las ventanas, tanto aquellas hacia las que uno mira, como esas otras por las que uno se asoma, las grandes ventanas de América, las de las películas de Alfred Hitchcock, las de los cuadros de Edward Hopper o Alex Katz [...]
[Cuadro: Room in Brooklyn de Edward Hopper]
Moby Dick, de Herman Melville
Una vez que Stubb se hubo marchado, Ahab permaneció un rato en la amurada, y luego, como solía hacerlo últimamente, llamó a un marinero de guardia y le envió abajo en busca de su taburete de marfil y de su pipa. Encendió ésta en el farol de la bitácora, y poniendo el taburete a barlovento se sentó a fumar.
Cuenta la tradición que en la época de los vikingos, los tronos de los reyes daneses, tan amantes del mar, eran construidos con colmillos de narval. ¿Cómo, pues, mirar a Ahab sentado sobre aquel trípode de hueso sin tomar conciencia de la realeza que simbolizaba? Pues Ahab era el gran Kan del maderamem, un rey del mar, y el Gran Señor de los leviatanes.
[
Moby Dick de Herman Melville / Traducción de Juan Gómez Casas / Ilustración de Bill Sienkiewicz]
Nada nuevo bajo el sol
Leído ya
Últimas páginas de Vicente Verdú (ver post de
10 de febrero) me he encontrado con muchos artículos y fragmentos que me han parecido fantásticos, ya sea por su acertada prosa o su agudo análisis de la sociedad.
Han sido dos, sin embargo, los que me han llevado a escribir este nuevo mensaje. No porque me hayan parecido los mejores, que no me lo han parecido, hay bastante mejores, sino porque pese a estar escritos y publicados hace tiempo ilustran a la perfección hechos de estos últimos días. Conclusión: correctos análisis por parte del autor y nada nuevo bajo el sol, seguimos cíclicamente comportándonos igual, para lo bueno y lo malo.
El primero de los artículos,
El mal de ser rico, fue publicado originalmente el 14 de diciembre de 2001:
[...] Los problemas de las estrellas del deporte son bien conocidos. Saben que su carrera profesional es corta y a menudo no aciertan a encontar el momento para dejarla. Luego llega la depresión y la soledad, el desconcierto y las inversiones mal gestionadas en negocios que esperan ver triunfar con una imposible facilidad, semejante a sus éxitos. El síndrome doloroso puede recaer especialmente en esa época del retiro, pero hay también jugadores, como en el caso de Garricha, de Maradona o de Anelka, que en el cenit de su fama se ven apartados de sus familiares y amigos, de sus queridos lugares y costumbres, acosados por los medios, sometidos a viajes y obligaciones públicas que no tienen nada que ver con sus deseos. Para eso cobran, decimos. Y cobran mucho. Pero no son necesariamente felices ni tienen los nervios en paz [...]
Cada caso es distinto, evidentemente, pero el anterior párrafo leído por mí anoche servía de perfecta ilustración a la noticia deportiva de la jornada.
El segundo de los que quiero destacar,
Engatusar un coche, fue publicado originalmente el 14 de junio de 2.002 y creo que ejemplifica adecuadamente mi
post del
viernes sobre la campaña de Volvo:
[...] A la gente le interesa cada vez más la publicidad como un medio de entretenimiento pero la rechaza como un instrumento de convencimiento. Un altísimo porcentaje de telespectadores, por ejemplo, creen que quien fuera persuadido para adquirir ese producto del spot padece una insuficiencia crítica. Ellos, los que conocen, saben sobre todo que la publicidad es mentira y nunca se habrían de prestar fácilmente a sus engaños.
[...] El anuncio debe discurrir hoy ante el espectador como haciendo su vida y, de paso, al mostrarla descuidadamente, encantar con ella. [...] Se exhiben sin mostrar que nos desean, se exponen sin tomar iniciativas. Existen porque sí, son seductores o interesantes pero no nos hacen saber que nos necesitan. Ahora llegamos al objeto por la conjunción de su diferencia y de su indeferencia, a la vez. Por la diferencia de su forma o sus encantaciones y por la indiferencia que debe mostrar hacia nosotros.
Últimas páginas
Siempre me han gustado especialmente los libros que recopilan artículos de prensa.
Puede que sea porque son libros que uno sólo se compra cuando ya ha leído mucho al autor en los artículos originales, y le gusta, con lo que conlleva poco riesgo, es una apuesta a caballo ganador; o puede que sea porque son artículos destinados a causar un efecto inmediato, y que se ve multiplicado por la acumulación; o puede que sea porque permiten una lectura muy dinámica, cinco minutos aquí y cinco minutos allá, una columna antes de cada comida como si de pildoras se trataran; o puede que sea porque siempre "hace gracia" sentirse un poco Dios y ver la secuencia de artículos con la perspectiva que da el tiempo, que no tenía el autor en el momento que los escribió, y cuando los hechos sobre los que tratan ya han sido sobrepasados en el rápido y efímero discurrir de las noticias en esta sociendad que necesita generar y destruir continuamente información.
"[...] El artículo es una confusión de géneros. O un género confuso. O un género de fusión, como el flamenco-jazz o el rastafari-afrogitano (Cfr. Aserejé). En todo caso, estas con-fusiones sólo se dan en las fronteras (infectadas de traficantes ilegales de ideas) porque nadie ha oido hablar de opera-fusión o de nouvellevague del oeste.
El artículo es un cruce de caminos entre la poesía, el cuento, el ensayo, el periodismo... De este encuentro imprevisto en tierra de nadie nace un monstruo de muchos ojos y mirada perdida, de muchas manos y poco tacto, de múltiples lenguas pero parco en palabras, que arremete contra todo con la candidez de una becerra a la que 'resién' le salen los cuernos y sueña con ser un morlaco de miura en la corrida de la prensa [...]"
Los dos anteriores párrafos, los que aparecen en cursiva, están escritos por Javier Marín Ceballos y pertenecen al prólogo del libro con el que estoy ahora mismo, y que me ha llevado a este
post,
Últimas páginas de Verdú (otros
posts sobre el autor:
13/08/2003,
07/12/2003 y
08/01/2004), que recopila las columnas publicadas en la contraportada del
El País en los años 2.001 y 2.002.
Libro que me encontré hace unos meses en una librería (que no era mi habitual) y decidí dejar para otro día. Sin embargo, no volví a verlo en ningún otro sitio, ni leer una reseña suya, ni encontrarlo en las librería virtuales. Ni siquiera recordaba el nombre, apenas que era un libro de artículos y que estaba muy bellamente editado.
Tras identificarlo y pedir que me lo trajeran (pues no lo tenían en mi librería habitual), tardé más de un mes en recibirlo, y para mi sorpresa lo primero que veo es el escudo de la CARM (Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, en la que yo resido) en la contraportada: está editado como premio de un concurso de artículos organizado por la, hasta ahora desconocida para mí,
Fundación Cultural Mastia.
Vaya, esto explica en parte la limitada difusión del libro; pero, por otra parte, si es difícil conseguirlo en Murcia, supongo que mucho peor será en otros sitios... Pero no voy a quejarme, cuando por una vez podemos presumir de algo.
En cuanto al contenido (aunque no lo he acabado, ya son muchos artículos de Verdú leídos, en este libro y fuera de él), como siempre magnífico. Un lucidísimo análisis de la sociedad actual y las tendencias, muchas veces en forma de bellas metáforas. De recomendable a imprescindible.
Robert Doisneau (... y dedicatoria)

Hace unos días me compré mi primer libro de fotografía,
Robert Doisneau de Jean-Claude Gautrand (
Taschen).
La fotografía es uno de esos medios que cada vez me atraen más como forma de expresión artística, pero hasta ahora no había dado ningún paso salvo la mera observación de lo que veía por ahí (revistas, blogs y fotologs, sobre todo). Mi primer libro sobre el tema ha sido sobre uno de los autores más famosos (
aquí se puede ver una selección de su obra), Robert Doisneau, y que me atraía especialmente desde que ví este libro en el catálogo de Taschen (os recomiendo que entreis en el
web de la editorial alemana y soliciteis que os envién el catálogo; al igual que sus libros es muy bonito: eso sí, cumple su función, e invita compulsivamente a comprar).
Como recién llegado al tema, no puedo decir mucho, y me limitaré a incluir unos fragmentos del libro:
El legado de Doisneau son unos cuantos minutos de eternidad congelados en papel fotográfico: unos cuantos minutos de maravillas y emociones a través de los cuales narra, imagen a imagen, hitorias llenas de poesía y humor. Doisneau encandila gracias a su capacidad para comunicar la relación de complicidad, fugaz mas intensa, que se establece entre el fotógrafo y la mujer o el hombre retratados: <<Uno sólo debería fotografiar cuando se siente lleno de amor por el prójimo>>.
[...] El mundo que pretendió retratar es, en última instancia, <<un mundo en el que las personas serían agradables, un mundo en el que encontraría la ternura que desearía sentir. Mis fotografías son una especie de prueba de que ese mundo puede existir... Al final no hay nada más subjetivo que la lente, no mostramos el mundo tal como es>>.
Y, como indica el título del
post, este mensaje está dedicado. Precisamente hoy, que iba a escribir sobre Doisneau, me he enterado de una
magnífica noticia a nivel personal. Y creo, que nada mejor que este mensaje lleno de buenos sentimientos sirva de felicitación a los interesados; y de postre, como regalo virtual, la imagen que acompaña (pulsar para ampliar),
El beso del Hôtel de Ville, una de las fotografías más famosas del mundo: va para vosotros.
Un cuarto propio
El último libro leído ha sido
Un cuarto propio de Virginia Woolf. Estructurado como una conferencia (ignoro si fue realmente una conferencia, o es únicamente un recurso estilítico para organizar su discurso) versa sobre la relación entre las mujeres y la literatura.
Independientemente del tema tratado, como siempre, es un gozo enfrentarse a la prosa de la autora británica; y más, como en este caso, si la traducción corre a cargo de Jorges Luis Borges.
Se podría decir que el razonamiento expuesto está dividido en dos partes: la primera, la más negativa, se centra en la casi total ausencia de las mujeres en el ámbito de la literatura hasta poco tiempo antes de la escritura del ensayo (1928). Para esto, V. Woolf, realiza un estudio de la posición social y económica de la mujer a lo largo la historia, que evidentemente no puede más negativo. La conclusión, y que da título al volumen, es que
"para escribir novelas, una mujer debe tener dinero y un cuarto propio".
[...] El mundo no pide a las personas que escriban poemas y novelas e historias; no los precisa. No le importa que Flaubert encuentre la palabra justa o que Carlyle verifique escrupulosamente los hechos. [...] Si a pesar de todo, algo resulta, es un milagro, y probablemente ningún libro nace íntegro y válido como fue concebido.
Pero para las mujeres, pensé, mirando los anaqueles vacíos, esas dificultades han sido infinitamente más formidables. En primer lugar tener un cuarto propio (de un cuarto quieto o de un cuarto a prueba de ruido ni hablemos) era de todo punto imposible, salvo que sus padres fueran excepcionalmente ricos o nobilísimos, hasta principios del siglo XIX. [...] Las dificultades materiales eran enormes; y las inmateriales aún peores. [...] ¿Escribir? ¿Para qué escribir?
La segunda de las ideas, una vez que con el paso del tiempo ya han aparecido diversas mujeres que han empezado a escribir, es analizar lo escrito por estas y compararlo con el caso de los hombres (a los que corresponden, respectivamente, los dos siguientes párrafos).
[...] Además era indudable que, como novelista, gozaba de ciertas naturales ventajas de primer orden. Su sensibilidad era vastísima, ávida y libre. Respondía a un casi imperceptible toque. Se deleitaba como una planta recién puesta en el aire con cada vista o sonido que la atravesaba. Merodeaba, además, muy sutil y curiosamente, entre cosas casi desconocidas o no identificadas; se posaba sobre cosas pequeñas y mostraba que tal vez no eran tan pequeñas. Sacaba a la luz cosas enterradas y hacía que uno se maravillara de que hubieran sido enterradas.
[...] En verdad, era delicioso volver a leer lo escrito por un hombre. Era tan directo, tan de frente, después de lo escrito por las mujeres. Indicaba tal independencia de espíritu, tanta libertad de persona, tal confianza en sí mismo. Se sentía un bienestar casi físico ante esa mente libre, bien alimentada, bien educada, que nunca había sido torcida o contrariada, que había gozado de plena libertad desde que nació para estirarse como quisiera. [... Pero] Parecía que en la mente del señor A. hubiera algún obstaculo, alguna traba que cegara el manantial de la energía creadora y lo redujera a límites estrechos.
Finalmente, la conclusión de Virgina W. era que las mujeres no debían imitar el estilo de escribir "masculino", pero que tampoco se tenía que ir a dos escrituras distintas, según el sexo, sino que el ideal sería el producto de un pensamiento andrógino, como Shakaspeare, Sterne o Proust.
En resumen, como cualquier obra de V. Woolf, muy recomendable (por no decir imprescindible). Un librito de rápida lectura, pero con un análisis lúcido de la literatura y las mujeres (eso sí, desde el punto de vista de principios del siglo XX) y con una exquisita prosa.
Granta en español

Acaba de aparecer en las librerías el primer número de la versión castellana de la revista literaria
Granta.
En este primer número, con el título genérico de
El silencio en boca de todos, se incluyen artículos y relatos de una serie de autores de relumbrón; entre otros, Javier Marías, Arthur Miller, Susan Sontag, Cabrera Infante, Belen Gopegui o Bernardo Atxaga.
Poco más tengo que decir con esas firmas, salvo recomendarla.
Mente y materia

Mi última lectura ha sido un libro de
Erwin Schrödinger, titulado
Mente y materia que recopila una serie de conferencias ofrecidas por el Premio Nobel de Física en Cambrigde (Octubre de 1956).
Son poco más de 100 páginas, pero muy densas, que abordan algunas de las cuestiones clásicas de la filosofía (sin evitar aspectos religiosos y morales). Esto supuso una sorpresa para mí, que esperaba otro tipo de acercamiento de un libro escrito por un físico y que acaba conviritiéndose en una exposición sobre el subjetivismo, la mente, su eternidad y unicidad, la posibilidad del conocimiento del mundo que nos rodea, y todo ello desde un punto de vista completamente anti-materialista.
No estoy de acuerdo en casi nada de lo que dice Schrödinger (lo que sí me ha parecido muy interesante son sus reflexiones sobre la evolución y como, de cierta manera, acerca las teorías de Lamarck y Darwin); pero, lo que en otras circustancias me hubiera parecido una sucesión de ideas sin sentido, está bastante bien razonado (aunque la lectura se me ha hecho bastante dura; supongo que será por mi culpa) y confirma lo que aparece en la contraportada del libro:
[...] el mayor mérito de este libro es el de obligar a pensar. Es difícil que quien lo lea permanezca indiferente e, indefectiblemente, algo se pondrá en movimiento en sus criterios preconcebidos.
Como muy bien dijo de este librito el crítico del Scientific American, J.R. Newman: "Lo lees en unas horas; lo recuerdas durante toda la vida..."
París no se acaba nunca

Mi última lectura literaria ha sido la última novela de Enrique Vila-Matas (ya avisé hace unos días de que iban a caer más obras suyas proximamente). Libro más o menos autobiográfico (digo más o menos, porque se mezclan vivencias personales, con hechos inventados, algunos incluso un tanto disparatados), que toma la forma de una conferencia que da el narrador sobre el tema de la ironía, para lo cual nos relata los dos años que vivió en París (en una buhardilla alquilada a Margarite Duras) mientras escribía su primera novela.
E irónico resulta ser el ver como el narrador no tiene ningún problema en hacer un relato un tanto ridiculizante (pero increiblemente divertido) de su época de apredizaje vital y literario. Como es habitual en Vila-Matas, todo salpicado de múltiples referencias a otros libros, autores, películas, y todo tipo de personajes (el principal Hemingway, presente a lo largo de todo el libro, como
alter-ego del autor); y como siempre, una delicia.
Hijos sin hijos

Uno de los descubrimientos literarios del último año (y el autor del primer libro finalizado este 2.004) ha sido
Enrique Vila-Matas. Supongo que mi caso no será único, pues últimamente ha aparecido bastante en los medios debido a la acumulación de premios.
Esta mañana he pasado la última página de
Hijos sin hijos, y al igual que con los otros dos que había leido anteriormente del autor barcelonés (
Bartleby y Compañía e
Historia Abreviada de la Literatura Portátil) he disfrutado mucho con él.
Esa extraña mezcla de géneros, mitad ficción, mitad realidad y el sentido del humor que recorren las 3 obras citadas las hacen más que recomendables. Además, acostumbrado como estoy a leerme grandes tochos ultimamente (ahora, por cuestiones profesionales estoy con las más de 600 páginas en inglés de
Organizing Business Knowledge) es una gozada enfrentarse a una novelita corta, y de rápida lectura por su estructuración en capítulos (¿literatura portatil?)
Supongo que proximamente aparecerán más comentarios por aquí de Vila-Matas porque me he quedado con ganas...
GEB, un EGB

Sólo una veintena de días me ha llevado la lectura de
Gödel, Escher, Bach. Un Eterno y Grácil Bucle de Douglas R. Hofstadter. Puede no parecer poco, pero sí lo es teniendo en cuenta la cantidad de tiempo que le dedico a la lectura, la extensión del volumen (cerca de un millar de páginas) y la complejidad de los temas tratados en el mismo.
Sería un atrevimiento intentar resumir en pocas líneas de qué trata, pero daré unas ideas: en el centro del volumen se encuentra el teorema de Gödel (para quien no lo conozca es probablemente el resultado matemático más importante del siglo pasado y supone enfrentar a las matemáticas frente a sus propias limitaciones inherentes y quién sabe si al ser humano frente a los topes de su capacidad de razonamiento) y sus dos acompañantes en el título, Escher y Bach, facilitan la ilustración de múltiples conceptos en base a las coincidencias de los objetos lógico-matemáticos y sus respectivas obras (yo he aprecidado mucho más el primero, del que soy admirador, que el segundo, dada mi casi total incultura musical). La idea principal del libro es la autorreferencia y los bucles (extraños) que esta crea (el ejemplo clásico es la frase
"esta frase es falsa"); a partir de aquí las ramificaciones son múltiples: la lógica formal (que nos lleva a Gödel), el lenguaje, el ADN, la mente humana y la inteligencia artificial.
Mi valoración la realizo a dos niveles. A un nivel meramente literario, el libro me ha parecido muy bueno (supongo que gran parte de su consideración de clásico proviene de aquí). Creo que consigue de forma muy acertada el exponer ideas de muy difícil captura por la mente (su naturaleza autorreferencial las convierte en escurridizas) de forma que sean comprensivas pero sin caer en una excesiva simplificación. Además la original estructura del texto, donde se alternan los capítulos propiamente dichos con fragmentos dialogados de personajes sacados de las paradojas de Zenon y las obras de Carrol, y la constante ejemplificación basada en las obras de Escher y Bach consigue una obra de muy amena lectura.
Pero al tratarse de un texto científico, mi valoración se debe extender también al contenido. Mi conclusión a este nivel no es tan positiva, habiendome desilusionado un poco el libro. Y ojo, hablo de desilusión, no de que el texto no sea bueno. Me explico; en primer lugar creo que el libro me ha llegado un poco tarde, no porque en los 25 años transcurridos desde su escritura su contenido se ha demostrado equivocado (aunque algunas cosas sí que han cambiado; por ejemplo se ha demostrado el Teorema de Fermat y el nivel del ajedrez por computadora ha alcanzado a los grandes maestros) sino porque me temo que yo ya he leído y reflexionado lo suficiente sobre gran parte de los conceptos expuestos para que no me produjeran el nivel de sorpresa e
iluminación que, posiblemente de forma equivocada, esperaba. Y, en segundo lugar, porque tras una primera parte que sí he disfrutado muchísimo, la más matemática, la segunda parte se interna en aspectos más espinosos como son la mente humana y la inteligencia artificial; y claro, aquí el autor tiene que formular sus propias teorias, con las que en general yo comulgo poco (digamos, que para mí, inteligencia y aritifical son practicamente terminos opuestos).
Resumiendo (he escrito un comentario proporcional al volumen del volumen), un libro interesante y recomendable (siempre que tengas un mínimo interés por el tema y la voluntad de enfrentarte a su extensión) pero, al menos desde mi punto de vista, no tan
clásico e imprescindible como esperaba.
Y este
post no tendría sentido si no incluyo el enlace a este artículo:
GEB, un EGB. Es más, el comentario no tendría sentido si no pinchas en el enlace.
Al faro

Uno de mis descubrimientos del último año ha sido Virginia Woolf. A raíz de la película
Las horas, decidí leerme
La señora Dalloway, que me deslumbró; poco después me leí
Orlando y, por último, sus diarios entre 1.925 y 1.930.
Unos meses después he vuelto a sumergirme en otra de sus obras,
Al faro, y la experiencia ha sido inmejorable, uno de esos libros como los que uno va a leer pocos en su vida. Con una belleza estética casi insuperable, al tiempo que un profundo nivel reflexivo se convierte en uno de mis novelas preferidas de todos los tiempos.
Había visto reseñas en que lo calificaban como el mejor libro de la autora británica y lo ponían a la altura del Ulises de Joyce; a mí siempre me asusta ser tan categórico en los juicios y prefiero quedarme con la impresión personal, que no puede ser más positiva tal y como comentaba un poco más arriba.
¿De qué trata? Se podría decir que narra la estancia veraniega de la familia Ramsey y los invitados que estos tienen, siendo el personaje central la Señora Ramsey. Pero todo esto no es sino la anéctoda necesaria para poner cuerpo a las distintas voces que reflexionan sobre la vida, los sentimientos y el paso del tiempo.
La profesión de editor

Gran emoción y alegría me produjo ayer oir la entrevista que le hicieron desde el programa
El ojo crítico de
Radio Nacional a Mario Muchnik en relación a la próxima publicación de una nueva edición en castellano de
Guerra y paz de Tolstói. Alegría, no por el hecho de la publicación de esta nueva edición (con nueva traducción desde el ruso), sino por el gusto de oir hablar a un EDITOR (sí, con mayúsculas) sobre la tarea de edición de un libro.
En un momento en que la cultura se encuentra en manos de grandes conglomerados industriales, es una delicia ver que todavía quedan reductos dónde la cultura no se ha rendido al mercado, y el sacar un libro se convierte en un acto de amor por parte de las personas implicadas.
A partir de haber oido esta entrevista, y con objeto de escribir este comentario, he encontrado el siguiente
artículo firmado por el propio Muchnik para
El cultural, y titulado
Por qué una nueva traducción de Guerra y paz, del que extraigo el siguiente fragmento:
Desde hace más de cuatro años la gente me lo viene preguntando, al enterarse de que ando metido en proyecto tan desmesurado. La respuesta se divide en dos partes. Primero, porque así como ciertos editores colman sus aspiraciones profesionales editando la Biblia, editar Guerra y paz, una novela que leí a mis catorce años, que releí cinco veces más a lo largo de mi vida y que considero la mejor novela jamás escrita, colma mis propias aspiraciones de editor[...]
Adicionalmente a la publicación de esta nueva versión, el editor ha escrito un libro describiendo el proceso de la edición de
Guerra y paz.
En busca del relato perdido

Pocos comentarios de libros leídos he hecho en las últimas semanas.
Esto es así porque estaba inmerso en la heróica, pero siempre apasionante tarea de leer un nuevo tomo de
A la busca del tipo perdido de Proust, en este caso el tercero,
La parte de Guermantes (utilizando la edición de Mauro Armiño para
Valdemar).
No voy a comentar aquí la gigantesca novela de
Proust; tal vez, dentro de algunos años (si sigo escribiendo este
blog) cuando llegue al final del séptimo volumen. De momento, utilizaré esa excusa; aunque la verdadera razón es que no me veo capacitado para ello, siendo superado por la obra (y sus más de 3.000 páginas, y sus más de
400 personajes, y sus parrafos que se extienden durante páginas y páginas describiendo el recuerdo de la famosa magdalena mojada en infusión,...).
Así, que una vez terminado el tercer volumen, he decidio dar un pequeño descanso a mis neuronas, y me leido dos novelas cortas (aunque no por ello, menores), que apenas si llegan al centenar de páginas:
Bartleby el escribiente de Herman Melville.
Esta, más que una novela corta, aunque publicada en un volumen para ella sóla (al menos en la edición que yo compré, de Alianza) es un relato largo (y tampoco muy largo). De hecho, se puede encontrar íntegro on-line: aquí en el original inglés, y aquí en la traducción al castellano de Borges.
Independientemente de la longitud, es una verdadera joya. Un relato, que lo mismo te saca una sonrisa que tu hunde en una extraña turbación. Narra la historia del escribiente que da título a la obra, que ante cualquier petición que se le hace responde con la, ya clásica, frase "Preferiría no hacerlo".
El ojo de Vladimir Nabokov.
Es una de la novelas en ruso de Nabokov, escrita cuando este era un inmigrante en Berlín, siéndolo también los personajes de la misma. Extraña historia de personajes extraños, que hasta el final no descubren el juego que el autor (que, como indica en el prólogo, obtuvo un gran placer de su escritura) traza a su alrededor (¿o a nuestro alrededor?).
Una novela recomendable y que, creo, se disfrutará más en una segunda lectura.
Alejandro Jodorowsky

En el momento de escribir este
post, está teniendo lugar una charla digital del escritor, guionista de comics, director de cine y teatro, actor, tarólogo, terapeuta y mil cosas más,
Alejandro Jodorowsky.
La dirección de la charla es:
http://www.elmundo.es/encuentros/invitados/2003/11/877/index.html
Si llegais a tiempo, podeis lanzarle alguna pregunta. Si no, siempre se puede leer el encuentro.
Homenaje a Cataluña
Homenaje a Cataluña es el libro en que George Orwell narra sus andanzas como miliciano del POUM en la Guerra Civil Española, repartidas entre el frente de Aragón y los enfrentamientos ocurridos en Barcelona entre los distintos partidos de izquierda (socialistas, comunistas, trotskistas y anarquistas).
Escrito con tono periodístico (de hecho, Orwell llegó a España en calidad de periodista, aunque terminó en el frente), narra la apuesta de una persona que decide jugarse la vida por la defensa de unos ideales, pero que va perdiendo la ilusión al ver que las luchas internas del bando propio ponen en peligro la lucha con el enemigo real.
El tono de
reportaje, demasiado puntilloso y frio, no me gustó demasiado al principio, pero según fui avanzando con el libro, este terminó por encantarme.
Nota 1: Este año se cumplen 100 del nacimiento del autor, por lo que se están publicando y re-editando muchas de sus obras (tanto novelas como ensayos y artículos periodísticos) y otras que tratan sobre su persona. Es un buen momento para acercarse a su obra; yo recomiendo,
Rebelión en la granja (
Animal farm, en el orginial), uno de mis libros preferidos de siempre.
Nota 2: He encontrado una magnífica
web dedicada al autor británico en
http://www.k-1.com/Orwell/. Merece la pena echarle un vistazo.
La cara oculta de la prosperidad

El último libro que me he leido ha sido
La cara oculta de la prosperidad. Economía para todos de Joaquín Estefanía (Taurus, 2003).
La verdad es que no se puede decir que me haya gustado mucho, por varias razones:
En primer lugar, creo que en el prólogo y primer capítulo se plantean unos objetivos demasiado ambiciosos para el libro, que luego se ven incumplidos.
Además, a veces, parece demasiado un panfleto. Evidentemente el autor puede (y debe) tener sus ideas (Estafanía es muy keynesiano), y está en su derecho (y casi diría obligación) de intentar convencernos que son las más adecuadas, pero creo que se nota un sesgo demasiado parcial en todos sus razonamientos. Esas interminables listas de datos y hechos para avalar sus teorías, ... ¿es qué todo está a su favor? ¿no hay datos o razonamientos cabales en su contra?
Por último, a veces da la impresión de que el libro es un poco copio y pego: se cojen varios artículos mios, se reescriben en forma de capítulos y ya tengo un libro.
Como no todo es negativo, también hay cosas (o mejor dicho, capítulos) que me han gustado:
El primer capítulo, Economía y poder, me ha parecido bastante interesante (el problema, es que luego, como ya comentaba, no se desarrollan lo suficiente los puntos aquí expuestos). Las ideas de relación entre la economía y el resto de cuestiones y el juego de beneficiados/perjudicados creo que son muy adecuadas.
Muy correcto el análisis del capítulo dedicado a La Nueva Economía: bastante bien desarrollado y estructurado.
Stefan Zweig

Me acabo de leer el libro que entregaba el domingo
El Pais,
Carta a una desconocida/Leporella de Stefan Zweig.
Los dos relatos largos (o novelas cortas, como se prefiera) siguen una línea común, al retratar a un personaje femenino que tiene sentimientos hacia un personaje masculino, de forma no correspondida, entre otras cosas por desconocimiento de los mismos.
Como el resto de las obras que he leido del autor austriaco (todas de ficción, no he probado sus ensayos), son historias de lectura ágil y que nos presentan los dilemas del protagonista, más o menos atormentando, y la dificultad de encontrar la forma de actuar idónea de acuerdo a la sociedad y personas que le rodean.
Como siempre, entretenido.
La magia de M. C. Escher

Acaba de aparecer en España, publicado por Taschen,
La magia de M. C. Escher.
Es uno de esos libros a los que la editorial alemana nos tiene acostumbrados: de gran formato, visualmente impactantes y a un precio muy ajustado. En este caso, nos encontramos con unas 200 páginas reproduciendo las sugerentes imágenes de Escher (muchas de ellas ocupando varias páginas desplegables).
Incluyo el texto de la solapa del libro, que creo que hace una descripción bastante fiel del mismo:
Jamás ningún artista trabajó con tanto ahínco como M. C. Escher para reproducir las visiones de su imaginación. Estas visiones fueron en sí mismas bastante singulares: para Escher, la corteza del mundo visible no era otra cosa sino un trozo de tela que se podía cortar, plegar, configurar y reacomodar en formas maravillosas. Soberbio delineante, se impuso el reto de representar esas transformaciones sobrenaturales del espacio dentro de los límites familiares establecidos por una hoja de papel. Las imágenes resultantes se han convertido en los materiales gráficos preferidos por decenas de miles de espectadores en todo el mundo.
Este artista profundamente original se merecía desde hace tiempo un libro que hiciese justicia a su inventiva visual y aquí lo tenemos por fin. En él, las obras de Escher, desde los grandes grabados maestros hasta los numerosos dibujos previos inéditos, acompañados por sus palabras elocuentes, se han dispuesto de forma brillante, conformando así una expedición cinemática hacia el descubrimiento. Su destino será el mundo mágico de la imaginación del artista, un país inexplorado rebosante de concepciones e invenciones exóticas...
Tan hermoso y riguroso como la propia obra de Escher, La magia de M. C. Escher está destinado a convertirse en un estudio clásico de este gran artista.
Harán de mí un criminal

La semana que viene estará en las librerías
Harán de mí un criminal de Javier Marías (Ed. Alfaguara).
Se trata de una nueva recopilación de los artículos escritos por JM en suplementos dominicales: hasta hace poco en
El Semanal, y actualmente en
El País Semanal.
Fue precisamente un artículo sobre la Iglesia titulado
Creed en nosotros a cambio (incluido en la presente recopilación) y que no se permitió que fuera publicado en el primero de los dos dominicales citados, lo que propició su marcha al suplemento de El País.
Se puede decir que estoy de suerte, en apenas un mes, me he encontrado con novedades de Javier Marias y Jorge Semprún.
Además, actualmente estoy metido de lleno en la lectura de
La parte de Guermantes, el tercer tomo de
A la busca del tiempo perdido de Proust, que me lleva mucho tiempo. Me vendrá bien compaginarlo con la lectura de los artículos de JM.
J. M. Coetzee

Hoy se ha fallado el Premio Nobel del Literatura, habiendo sido concedido a J. M. Coetzee.
Copio la reseña biográfica que aparece en
Desgracia (Ed. DeBolsillo):
Profesor de literatura en la Universidad de Ciudad del Cabo, traductor, lingüista, crítico literario y uno de los escritores más importentes que ha dado estas últimas décadas Sudáfrica, J. M. Coetzee nació en Ciudad del Cabo en 1949. Su segunda novela, publicada en 1977, In the Heart of the Country, fue galardonada con el premio literario más importante de las letras sudafricanas. Esperando a los bárbaros, también premiada con dicho premio, le consagró como novelista. A estas obras siguieron, entre otras, Vida y época de Michael K., que le reportó su primer prermio Booker y el Prix Étranger Femina, El maestro de Petersburgo, Infancia, Desgracia, por la cual fue de nuevo galardonado con el Precio Booker, y Las vidas de los animales.
Esta vez el premiado es un autor bastante conocido en España y, al menos por mi impresión al ver su presencia en las mesas de novedades de las librerías, con aceptación popular.
Yo sólo he leido una novela suya, la ya citada
Desgracia. La verdad es que no recuerdo muy bien el argumento de la misma, apenas que era una historia durísima, de autodestrucción y carga de culpa. No me desagradó, pero tampoco me gustó especialmente.
Recomendación obligatoria
En días anteriores (
4 y
7 de septiembre) ya comenté el inminente lanzamiento de
Veinte años y un día de Jorge Semprún.
Pues ya lo he comprado y leido. No voy a volver a comentarlo, pues creo que con los
post anteriores y las reseñas que están apareciendo estos días en diversos medios, es suficiente.
En la cerca de cincuentena de mensajes escritos hasta hoy he reseñado unos cuantos libros y comics. Y varios de estos se han llevado mi recomendación.
Este no voy a recomendarlo. Tengo dos opciones, obligaros (es un decir) a leerlo o rogaros encarecidamente que lo hagais.
Imprescindible (y con el significado real de la palabra). Al menos desde mi punto de vista.
Pálido fuego

Cierro mi semana y media
lectoril dedicada a Nabokov con
Pálido Fuego (el comentado el otro día,
La verdadera vida de Sebastian Knight ocupó un viaje Murcia-Barcelona en tren, y el que hoy comento, la vuelta).
Y de nuevo nos encontramos con una novela que pretende ser otro libro.
En este caso es la edición comentada del poema que escribió John Shade los días previos a su muerte. El poema ocupa sólo una ínfima parte del libro, constituyendo la mayor parte de su extensión el comentario del mismo por el profesor Charles Kinbote, (presunto) amigo del poeta.
Según avanza la lectura de sus comentarios, nos vamos dando cuenta de la extraña personalidad (y tal vez dudosa salud mental) de Kinbote y de lo poco apreciado que era.
Pues, en efecto, en vez de comentar el poema en sí, lo que se nos cuenta son las vivencias de Kinbote, la historia de Zembla (su reino natal, ¿real, imaginado?) y de su último rey, depuesto tras un levantamiento revolucionario.
Según Kinbote todo el poema es un canto a Zembla (pero de forma oculta, por oscuras maquinaciones de la esposa del poeta y otras negativas influencias), aunque aparentemente nada parece indicarlo salvo para el autor de los comentarios.
Esta original estructura viene acompañada por una obra muy divertida (pero en ningún caso menor, sino todo lo contrario, una de las cumbres de Nabokov) que constituye una nueva gozada.
Muy, pero que muy, recomendable.
La verdadera vida de Sebastian Knight
Siempre es una gozada enfrentarse a una novela de Nabokov, y este libro no es una excepción.
¿De qué trata? Sebastian Knight es un escritor que acaba de morir a causa de problemas cardiacos. Su hermanastro decide escribir su biografía, contando con el inconveniente de que en los últimos años el contacto entre ambos ha sido casi inexistente.
Así, la novela es la biografía escrita por el hermanastro, del que no conocemos el nombre (ni siquiera el apellido, pues Knight es el de la madre, no común), en la que narra básicamente el proceso de investigación y de búsqueda de hechos biográficos del escritor desaparecido.
Durante dicho proceso, se descubre que el editor de Sebastian también ha escrito una biografía del mismo, cuyo hermano considera que está llena de falsedades e inexactitudes, con lo que su obra también se convierte en un intento por contar
la verdadera vida de Sebastian Knight.
La falta de hechos biográficos contrastados convierte al libro en una narración más del proceso de búsqueda que en una biografía al uso. Las suposiciones de lo ocurrido y las motivaciones de las acciones son descritas siempre con un punto de vista de cariño por parte del hermanastro basándose, en parte, en la suposición de unos caracteres comunes.
Desde otro punto de vista, nos encontramos ante una estructura de muñecas rusas, pues Nabokov escribe una novela que se converte en la biografía escrita por el hermanastro de Sebastian y que además incluye abundantes fragmentos de libros de este.
Pero todo lo anterior es accesorio, lo importante es gozar de la prosa de Nabokov, en la que cada palabra parece encontrar su lugar perfecto al ser leida.
Nota 1: volviendo al tema del
post del día
11 de septiembre, la lectura de autores clásicos permite el lujo de poder acercarse a la librería y, cuando nos apetezca, pillarse un libro no leido del genial autor ruso, sin estar sujeto a la periodicidad de un autor contemporaneo.
Nota 2: sobre el tema del mensaje del día
7 de septiembre relativo a los idioma en las obras literarias, Nabokov es un ejemplo paradigmático. Un autor cuya lengua natal es el ruso que, por circunstancias, se convierte en uno de los mejores novelistas en lengua inglesa. Sobre este y otros temas, resulta muy interesante el libro
Opiniones contundentes que recopila varias de las entrevistas que le fueron realizadas durante su carrera.
Lenguas y traducciones
Siguiendo con el tema de Semprún y las lenguas de los libros, un par de fragmentos de textos.
El primero es de Rafael Conte, y corresponde al fragmento final de la crítica de
Veinte años y un día, publicada ayer en
Babelia:
[...] Para tratar el tema del bilingüismo de Jorge Semprún -que nunca lo es, no existe el bilingüismo perfecto, ni existió jamás, véanse los grandes casos de Conrad, Beckett o Nabokov- contaré la respuesta que él mismo me dio cuando yo traduje al español (con mi mujer) su primera y premiada novela, El largo viaje (1964, en francés; 1977, en español), y le pregunté que por qué no lo hacía él, dado su perfecto conocimiento del castellano: "Porque no puedo. Este libro lo viví en francés y así me salió. En español tendría que escribir otro libro". Pues bien, frente a todo purismo lingüístico y sus imperfecciones apenas relevantes, Veinte años y un día es una verdadera novela escrita en lenguaje español [...]
El segundo es un fragmento de
Adiós, luz de veranos... del propio Semprún. En esta obra autobiográfica (escrita en francés como
Adieu, vive clarté...), narra sus años de juventud, como un exhiliado español en París. Hay un capítulo titulado
Leo Paludes... en el que describe su encuentro con la lengua francesa y la importancia capital que dicho libro tuvo en el proceso:
[...]Las novelas que acabo de evocar, la mayoría de las cuales podría asimismo evocar, fueron escritas en francés, desde luego, y en esa lengua se encarna el contenido formal y conceptual que constituye la obra, por supuesto. Pero la esencia de Le sang noir o de La condición humana no se desvanecería si estas novelas se leyesen en otra lengua. [...] Porque la esencia de esa novela -aunque se nutra de lengua originaria y original, que se enriquecen a su vez-, no estriba en el lenguaje.
La esencia de Paludes, en cambio, estriba en su lengua. No cabe concebir Paludes en otra lengua que en francés.
[...] hasta qué punto es extraordinaria esa prosa. Hasta qué punto es imposible alcanzar, semejante equilibro entre los elementos de una frase, lo preciso y lo precioso, el rigor y la fantasía.
¿Qué opinais? ¿hay obras que sólo se pueden disfrutar en su lengua original?
Jorge Semprún
Hace ya varios días que quería hablar de Jorge Semprún aquí: primero, porque tenía pendiente el comentario de una de mis lecturas veraniegas,
Federico Sánchez se despide de ustedes (bueno, mas bien relectura, lo leí por primera vez hace ya varios años, pero me lo compre este verano en un proceso de recuperación de obras de Semprún leidas mediante préstamos y bibliotecas); segundo, porque ha escrito varios artículos a lo largo de este agosto en
El pais; tercero, porque está a punto de salir su último libro y el domigo se publicó un avance en dicho periódico.
Pues bien, aprovechando que hoy aparece una entrevista (realizada por José Andrés Rojo) en
El pais, es hoy cuando me pongo manos a la obra.
(Inciso: Antes de empezar, y para que no quede ninguna duda de qué pie cojeo, Semprún está junto a Marías en la cúspide de mi olimpo particular de escritores.)
La novela que dentro de unos días publicará
Tusquets,
Veinte años y un día, es (aunque pueda parecerlo raro en un escritor español octogenario) su primera
novela escrita en castellano:
Empecé El largo viaje en España y la escribí en francés porque en esa lengua había vivido los hechos que allí narraba. ¿Por qué seguí escribiendo en francés? Por la censura. Lo que cuento ahora lo viví en español, así que decidí afrontar el riesgo de contarlo en esa lengua.
No es sin embargo, su primer libro en castellano. Semprún sí ha escrito en dicha lengua alguno de sus libros autobiográficos como
Autobiografía de Federico Sánchez y
Federico Sánchez se despide de ustedes, en que narra su expulsión del Partido Comunista y su época como Ministro de Cultura, respectivamente. Es en este último donde dice:
La ventaja de una vida novelesca, llena del ruido y la furia del siglo, es que le regala a uno -gracia y desgracia, dicha y desdicha- una memoria inagotable. Siempre habrá, efectivamente, algo que contar más allá de todo lo que se haya contado. Algo que redescubrir o reinventar más allá de todo invento o descubrimiento de la realidad vivida.
Su nueva novela, es eso, una novela, pero está cruzada con multitud de elementos autobiográficos. Parte de un historia contada por Domingo Dominguín y Hemingway, que se convierten en personajes del libro, en el que también aparecen Javier Pradera, Enrique Múgica, Rafal Sánchez Ferlosio y Juan Benet.
Cola estoy haciendo ya frente a la librería.
Dos mujeres en Praga

Mi última lectura ha sido la última novela de Juan José Millás.
Debo decir que lo he cogido sin grandes pretensiones, para rellenar un hueco de un par de días; me interesa más el Millás articulista que el Millás novelista, aunque las similitudes de estilo en uno y otro caso son más que evidentes. Sin embargo, al final me ha resultado bastante divertida.
Difícilmente podría exponer el argumento del libro y que lo que yo dijera se pareciera en algo al libro. Se trata de un juego continuo entre realidad y ficción, hechos y deseos, lado derecho y lado izquierdo, periodismo y novela.
Según avanza la novela los distintos personajes e historias se van trenzando y mezclando, al mismo tiempo que lo hace la ficción con la realidad, atrapando la atención del lector.
En resumen, recomendable.
Curiosidad: con toda seguridad el libro que más veces he leido en mi vida es uno de Millás,
Papel mojado, publicado en la colección juvenil
Tus libros. En su momento (hace entre 15 y 20 años), en el que no tenía ni idea quien era el autor, me lo leí no menos de cinco o seis veces.
Y, casualidad de las casualidades, el viernes pasado me encontré en la
FNAC de Madrid un versión en edición de bolsillo.
Divulgación científica
Hoy me toca comentar varios libros de divulgación científica, dos leidos en los últimos días y uno leido hace algo de más tiempo.
Empezaré por el recien terminado, El enigma de Fermat de Simon Singh.
Por si hay algún despistado por ahí, el último de teorema de Fermat dice que no existen x,y,z,n enteros tal que xn+yn=zn para n>2 (para n=2, es el teorema de Pitagoras, que tiene infinitas soluciones enteras).
Sin embargo, esta conjetura con más de tres siglos no había sido demostrada (de hecho, no se podía asegurar, aunque se suponía, que fuera cierta).
El libro relata el proceso de construcción de una demostración que hace unos años llevó a cabo el matemático Adrew Wiles. Para ello hace un recorrido por toda la historía de las matemáticas, desde el comienzo del desarrollo de la teoría de números por Pitágoras, el enunciado del teorma por Fermat, los múltiples intentos fallidos y finalmente el éxito de Wiles.
Para mi punto de vista, adolece de ser demasiado divulgativo (en el sentido de que intenta evitar a toda costa las matemáticas, sólo hay unas pocas demostraciones y ocultas en un apéndice). Pero esto es lógico, porque según se avanza hacia la demóstración del teorema las matemáticas necesarias sólo son accesibles para unas pocas personas (la propia demostración tiene más de 100 páginas).
A pesar de todos los peros que le pueda poner, el libro es apasionante, pues narra una búsqueda también apasionante, culminada además con éxito. Supone una revisión del avance de las matemáticas a lo largo de los siglos, mostrando toda su belleza, y el empeño de una persona por realizar una tarea nunca conseguida por nadie antes.
La narración de los años de trabajo de Wiles en busca de la fama, me ha traido a la cabeza otro libro leído hace ya algo de tiempo: La doble hélice de James Watson. Este no es exactamente un libro de divulgación científica. Es la historia del descubrimiento de la estructura del ADN y su funcionamiento como portador del material genético, escrito por el más joven de la pareja Watson/Crick.
El interés del libro reside en mostrar, desde primerísima persona, como la construcción del edificio científico (al menos hoy en día) no es tan bello como puediera parecer desde fuera. La competencia entre equipos de investigadores, las jerarquías en las universidades, las ambiciones, etc... quedan a la vista, junto al trabajo continuo y a la chispa que dan lugar a los grandes descubrimientos.
En resumen, un libro no muy interesante por sí mismo, pero sí por lo que nos cuenta.
Y para terminar, El quark y el jaguar de Murray Gell-Mann que, después de anteriores intentos fallidos, he conseguido leerme durante este verano. Este libro es un clásico dentro del ámbito de divulgación científica y de entre los tres reseñados en este post es el mejor (aunque yo, por interés personal, prefiero el del teorema de Fermat).
La premisa del libro es relacionar de alguna forma lo simple con lo complejo, o según el ejemplo que constituye el título del volumen, el quark (como componentes de la materia) con el jaguar (como símbolo de complejidad).
Para ello nos encontramos con sendos desarrollos bastante bien llevados de los sistemas complejos adaptativos y física cuantíca. El problema (común en otros libros de divulgación que plantean objetivos tan ambiciosos) es que a pesar de la calidad excelente de la obra, la sensación final es que demasiada base y estudio previo para las conclusiones logradas.
El estilo del mundo

Sólo puedo decir cosas positivas del último ensayo de Vicente Verdú (iba a decir el último libro, pero ayer me encontre en la librería un libro excelentemente editado, recópilando sus columnas de la última página de
El pais).
Muy en la línea de
El planeta Americano (que ya de paso, aprovecho y también recomiendo fervientemente), en
El estilo del mundo Verdú se encarga de diseccionar la sociedad occidental actual. Y, tal y como indica el subtitulo,
La vida en el capitalismo de ficción, centrándose en un capitalismo cuyo objetivo último no es tanto vender como convencer, creando una realidad virtual en la que seremos felices (piénse por ejemplo en los anuncios de coches [
¿te gusta conducir?] o en los restaurantes temáticos que inundan centros comerciales).
Sus distintos capítulos profundizan en diversos aspectos de la sociedad pivotando sobre la idea del
capitalismo de ficción, consiguiendo una lectura muy entretenida al tiempo que mueve a la reflexión.
Nota 1: En relación al capítulo dedicado a la basura, ¿qué está haciendo Verdú sino reciclar sus artículos
Tendencias de
El pais Domingo?
Nota 2: En otro
post tal vez comente los puntos de coincidencia de la idea central con
Paludes, otra de mis lecturas vacacionales (aunque este caso un clásico francés con 1 siglo de existencia).
El libro de las ilusiones
Muy buenas críticas había leido de la última novela de Paul Auster, pero no ha terminado de gustarme. ¿Por qué?, pues supongo que por varias razones, algunas de las cuales pueden calificarse de objetivas y otras de subjetivas:
Primero, porque hay una clara sensación de déja vù, de algo ya leido. Es la misma historia, contada una y otra vez por Auster: por un lado, el personaje perdedor arrastrado en un proceso de autodestrucción y, por otro lado, una extraña historia cargada de casualidades y elementos bizarros.
La narrativa me ha parecido demasiado ligera, demasiado directa. Pero esto supongo que ha sido culpa mia, los efectos de pasar sin solución de continuidad de Proust a Auster.
Tercero, (y esto es una broma, ¿supongo?), el día antes de empezar a leerla, veo en el periódico que es la primera lectura veraniega de nuestro queridísimo Presiendente del Gobierno; claro, y esto ya predispone negativamente.
Entre que no me ha gustado mucho y el mal sabor de boca dejado por intentar explotar el filón Auster (léase
Experimentos con la verdad y
Creía que mi padre era Dios), creo que lo voy a tener que destronar de mi triunvirato particular.
En fin, siempre quedarán
La trilogía de Nueva York y
El Palacio de la Luna.
Sana envidia

Estaba navegando por
amazon UK buscando algún libro para completar un pedido en el que el principal objetivo era
El Triunfo de la Voluntad de Lenni Riefenstahl, cuando las recomendaciones me llevaron a uno con una pinta fantástica:
Gödel, Escher, Bach: An Eternal Golden Braid de Douglas R. Hofstadter. Ya lo tenía, había encontrado aquello que desconocía pero iba buscando.
A continuación se me ocurrió buscar a ver si por casualidad el libro estaba publicado en castellano (estaba seguro que no lo estaría, pero por probar que no quedara). Pues sí, está publicado por Tusquets:
Gödel, Escher, Bach. Un Eterno y Grácil Bucle.
Más contento que unas castañuelas porque el tomo tiene cerca de 1000 páginas y mejor leerlo en castellano que en inglés (para aventuras, ya tengo bastante con
A la busca del tiempo perdido). Pero como dice el dicho, más dura será la caida: en inglés, 11.19 £, en castellano más de 40 euros.
Jarlll.. mi gozo en un pozo. De ahí el título del
post. No sólo tienen un catálogo mucho más amplio que nosotros, sino que encima en precio nos tumban. En fin.
PD.: He visto que lo tienen en la Biblioteca Regional. Supongo que empezaré a leerlo prestado y si me gusta me lo compro.
Las compras de libros para las vacaciones

Tenía preparada una lista interminable de libros para comprarme (y supongo que leerme) estas vacaciones. Al final he sido un poco más modesto y me he limitado a esto:
El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción de Vicente Verdú.
El libro de las ilusiones de Paul Auster.
A la busca del tiempo perdido (II) de Marcel Proust (es el segundo volumen en la edición de Valdemar, que incluye los tomos 3 y 4: La parte de Guermantes y Sodoma y Gomorra).
Paludes de André Gide.
En bosillo me he pillado para mi viaje a Salamanca:
Federico Sánchez se despide de ustedes de Jorge Semprún.
El enigma de Fermat de Simon Singh.
Y por último, he recuperado un libro que tengo hace varios años pero aún no he leido, con la esperanza de hacerlo este verano:
El quark y el jaguar de Murray Gell-Mann.
Ya iré comentando según vaya leyendo.